Hemeroteca :: 01/04/2005
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Maxie Scully, jinete irlandés

Última actualización 01/04/2005@00:00:00 GMT+1
Conocemos la apasionante biografía del reconocido jinete irlandés Maxie Scully, que hace frente a sus serios problemas de salud gracias a la fuerza que le aportan los caballos
Tiene un caballo que no tiene precio. Se niega desde hace años a bajarse de él y mucho más a venderlo o deshacerse de él. Dice que si lo hace podría perecer y a esto último se ha negado desde hace años, cuando comenzaron a aparecer sus serios problemas de salud. El caballo de Maxie Scully, un reconocido jinete irlandés que fue miembro del equipo nacional de Salto, es la propia vida, de la que no piensa bajarse mientras estos animales le den la fuerza necesaria.

Maxie Scully nació en Gort, al oeste de Irlanda, el 25 de septiembre de hace cincuenta años y ha querido compartir con los lectores de esta revista su particular galopada por la vida. Comenzó a coquetar con la equitación con tan sólo cuatro años. El hecho de que su padre fuera el veterinario del pueblo en el que vivía ayudó a que despertara en él su amor por los animales, concretamente por los caballos. Además, su hermana mayor ya había descubierto el secreto de la equitación y animaba a Maxie a ‘engancharse’ a ella. Así que le hizo caso y se hizo amigo de un poni. Llegó incluso a estar presente en numerosas ocasiones en el prestigioso y famoso Horse Show de Dublín y con ‘Pacience’ y ‘Marry Legs’, dos pequeños caballos, consiguió numerosos logros deportivos que no hicieron otra cosa que alimentar su afición por este deporte.

Cuando Maxie Scully estaba a punto de alcanzar la mayoría de edad decidió que su vida tenía que estar orientada en la misma dirección que la de los caballos, y pensó que el mejor modo de vivir cerca de ellos es alistándose como cadete en el Ejército. Tenía un objetivo: montar para el equipo nacional de Irlanda y los galones parecían el mejor camino para llegar hasta allí. Sus días estaban pues pendientes de aquella llamada que le comunicara que había sido admitido. Mientras no llegaba aquella noticia se colocó en varios hoteles de su país. Una noche tuvo que apresurarse para recoger unas llaves. Era un encargo de la dirección del hotel. Corrió tanto que empezó a toser de una forma tan violenta que llegó a escupir sangre. Al principio se asustó pero luego pensó que había sido el resultado de un sobre esfuerzo y no le di más importancia.

La noticia llegó meses más tarde, cuando le comunicaron que había sido elegido para empezar su formación militar en el cuartel de Curragh, afamado por sus carreras de caballos. Aquellos movimientos convulsivos persistían y la alarma saltó cuando perdió el conocimiento al regresar de una fiesta. Fue ingresado en el Hospital de Galway, estaba cada vez más debilitado. El equipo médico que lo trató no le dio más de tres días de vida, pero Maxie pareció reírse de aquella noticia. Logró vencer aquel primer asalto y salió del centro sanitario por la puerta principal y por su propio pie con dos bombonas de oxígenos que se convirtieron en sus escoltas. Diagnóstico: dos riñones gravemente enfermos.

Semanas más tarde llegó la diálisis: seis horas diarias durante tres días a la semana atado a una máquina. Y por fin llegó el transplante. “Al principio aquello fue muy duro porque estaba muy débil, pero al final logré superarlo”, recuerda Maxie Scully.

A pesar de que los médicos le ordenaron que se alejara de los caballos si quería seguir viviendo, este jinete desafió los consejos de los facultativos y volvió a subir a un caballo. Aquel ejemplar parecía haber encontrado a un gran aliado y a alguien que le iba a entender a la perfección. ‘Half a Look’ sólo tenía un ojo pero lo más importante es que “aumentó mi autoestima y mi fuerza física”. Tanto que los triunfos no cesaban.

Sin embargo, aquel riñón que habían instalado en su cuerpo comenzó a dar problemas. Maxie Scully volvía a enfrentarse a un nuevo asalto con la vida. Una llamada del Hospital ofrecía una nueva oportunidad a Scully. Había un segundo riñón. Sin embargo, él se negó. Había conseguido recuperar la autoestima e ingresar de nuevo en el centro hospitalario sería asegurarse una larga estancia enchufado a una máquina. Médicos y familiares le convencieron para que no despreciara aquel regalo y fue trasladado al Hospital de Galway “rebasando los límites de velocidad”.

Llegó la hora de abandonar el hospital después de muchos meses. Una vez más, le exigieron que se olvidara de los caballos y de cualquier esfuerzo físico. Su primer empeño, aún en la puerta del centro de salud, era conducir su propio coche hasta casa, como así fue. “Cuando llegué a casa empecé a mejorar y me propuse que quería ser alguien”.

Un día llegó una nueva oferta. “Me propusieron participar en los Juegos Mundiales de Transplantados”. Aquello resultó más que brillante. Consiguió medallas en deportes que nunca antes se había planteado practicar y sin embargo la hípica seguía en su mente y en su corazón. Llegó a ser campeón del Mundo en varios deportes en la categoría de Transplantados y después de muchas recaídas con este segundo riñón comenzó a llevar una vida normal. “Estaba harto de estar enfermo”, recuerda.

Aún no se había producido el acontecimiento más excitante de su vida. Un día, cuando trabajaba para una empresa de aluminios en el Horse Show de Dublín La empresa tenía allí un palco privado y pudo ver como testigo de excepción una prueba de potencia que se corría a pelo. “Allí mismo y después de ver aquello decidí que tenía que conseguir un record mundial de esa disciplina”.

Maxie Scully aún tenía aquel caballo que tantos logros le había dado pero un buen día se rompió y pensó que su sueño se desvanecía. Un buen día, juzgando un concurso de saltos, apreció un buen ejemplar de un jinete irlandés. “Dije: ese caballo tiene que ser mío”. Horas después se cerró el acuerdo de participación y comenzó a entrenar, saltándose además las severas normas de los médicos. “Todos pensaban que estaba loco. Era mi sueño y estaba decidido a hacerlo realidad. Fui hacía el obstáculo y elevé un ruego a mi hermana, que estaba en el cielo. Le dije: estoy en tus manos. Recuerdo que se podía caer un alfiler en la arena”. Nada más franquear el obstáculo Maxie podía oír perfectamente cómo los palos caían inevitablemente al suelo. Sin embargo, cuando miró hacia atrás vio que la barra más alta se mantenía milagrosamente en pie. Había logrado superar la marca mundial. Era 1981 y quedó totalmente abrumado por el éxito. Tres años después, el reputado jinete Michael Whitaker registró una nueva marca.

Años después, aparecieron más problemas de salud. Varios ataques al corazón y un bypass hicieron sonar nuevamente las alarmas. En 2001 se despidió de su familia antes de partir hacia Inglaterra, donde le iban a practicar un transplante de corazón. Superó nuevamente el asalto que le puso la vida por delante. Regresó a Galway. !Allí estaba mi familia, mis caballos y mi vida”.

Actualmente, Maxie Scully es agente inmobiliario y dedica su tiempo a entrenar jinetes y diversas fundaciones que promueven la autoestima en personas enfermas. Visita cada tres meses el Hospital para realizar severos chequeos. “Es el precio que tengo que pagar para vivir”, señala. Continúa montando a caballo y ha regresado recientemente de una nueva edición de los Juegos Mundiales de Transplantados. Señoras y señores, he aquí todo un ejemplo de superación. Un hombre lleno de vida.
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