Hemeroteca :: 01/03/2005
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Ganaderías

Técnica sueca en Mallorca

Última actualización 01/03/2005@00:00:00 GMT+1
La ganadera sueca Ingalil Martensson nos abre las puertas de su yeguada de caballos árabes en Palma de Mallorca. Llegó a España en 1963 y veinte años después decidió contribuir a mantener viva esta bella raza equina
Durante años he tenido frente a la mesa de mi despacho un calendario de caballos árabes que me animaba a llegar a la oficina cada lunes. De los estupendos caballos que en él aparecen, siempre me ha llamado la atención uno de los ejemplares: ‘Shafeek’, un semental de líneas egipcias, nacido en Suecia y propiedad de Ingalil Martensson. Un campo de amapolas rojas y un galope robusto, con el carácter de un buen caballo, así son las criaturas de los Martensson. Un capricho con forma de yeguada que se encuentra en Palma de Mallorca, lo cual puede ser una excusa más para conocerla.
¿Quién no se ha sentido alguna vez fascinado por la belleza de un caballo árabe? Los manuales lo dejan muy claro. Su cabeza es exquisita, corta y fina, de cara cóncava, grandes ollares y elegante hocico, ojos grandes y oscuros, orejas puntiagudas, cuello arqueado y hombros consistentes. El cuerpo es compacto y musculoso y los cuartos traseros fuertes. Las patas son a la vez delicadas y resistentes. Los movimientos son directos, sueltos y airosos. El efecto general es de gracia y simetría, orgullo y plenitud de vida. Esta definición, que puede resultar un tanto idealizada, se torna completamente real al ver los ejemplares que se crían en Martensson’s Arabian Farm, la casa ganadera que nos ocupa estas páginas.

Cuando Siria conquistó Suecia
Detrás de todo el proyecto está la genial ganadera sueca Ingalil Martensson, toda una institución en el mundo de los caballos árabes y que desde su refugio en Palma de Mallorca ha relanzado de un modo espectacular esta noble raza, tanto en la isla como fuera de ella. Gracias a su buen hacer y criterio, ha conseguido convertirse en una criadora de fama mundial, y una de las jueces más reconocidas en el difícil mundo de la morfología equina.

En 1963 Ingalil vino a Palma de Mallorca desde Goteborg (Suecia) por motivos de trabajo. Pero allí se enamoró de la isla y poco después de su marido Bengt, convirtiéndose así en una mallorquina de adopción. Desde 1982 se dedican a la cría, con lo cual llevan más de veinte años inmersos en una actividad que en nuestro país no es nada fácil de llevar adelante sin un cierto toque de romanticismo. Ellos lo han conseguido.

La saga Martensson
La llegada a su casa no deja de deparar sorpresas. Resulta extraño como detrás de una curva, casi como no queriendo llamar la atención, aparece esta yeguada, que puede sentirse muy orgullosa de la dinamización de los caballos árabes en Palma de Mallorca. Sus instalaciones, sencillas pero muy funcionales, han servido para crear una ganadería que destaca simplemente por sus perfiles, por sus cuellos y por una elegancia natural. La pequeña y coqueta finca de Santa Maria del Cami se complementa con otra en Benisalem.

En la primera están los sementales y los productos de dos años en adelante, además de la residencia de la familia Martensson, con una casa cargada de recuerdos, premios y demás elementos que hacen alusión al amor que sienten todos por los caballos, que son aquí los auténticos reyes de la casa. Su sala es un gran almacén de recuerdos, de vivencias y de emociones. Aquí todos están vinculados al mundo del caballo árabe: madre, padre e hijas. La finca de Benisalem está reservada para las yeguas de vientre y los potros, que se
crían en libertad durante sus primeros años de vida.

El clima mediterráneo
El clima mediterráneo de la isla es ideal para los caballos, como bien nos explicó Ingalil, porque las horas de sol favorecen la producción de vitamina D, tan importante para el buen desarrollo de los huesos. Sin embargo, la situación geográfica de la yeguada no es la mejor para acudir a los campeonatos, ya que suponen largos viajes, que encarecen aún más los costes de cualquier concurso. Pero eso no es un obstáculo para Ingalil, para quien viajar con sus caballos es algo casi cotidiano.

Un camión, mucha paciencia y algo de buen humor ayudan a sobrellevar el presupuesto.

‘Elart’, la estrella
Colecciona premios nacionales e internacionales igual que el hijo del vecino puede coleccionar sellos. Si no concursa con sus ejemplares juzga los de otros criadores, ya que además es juez de la European Conference of Arab Horse Organizations. Uno de sus caballos más premiados es el precioso semental tordo ‘Elart’ (‘Palas’ – ‘Elena’), campeón de sementales en Noruega, Alemania y Francia, campeón de Europa en 1997 y World Elite en 1992, 1998 y 2000.

Tampoco se queda atrás una de sus hijas, ‘Kastilia M.A.F.’ (‘Elart’ – ‘Katun’, por ‘Crusader’), campeona de Europa en 2002, estando entre los top five del mundo ese mismo año. Se puede decir que es algo habitual que tengan algún caballo o yegua participando en la final del Campeonato del Mundo. Además es muy frecuente su participación en el prestigioso Salón del Caballo de Paris.

Los caballos árabes, a diferencia de los demás, no tienen que pasar ningún examen para que sean dados de alta como reproductores. La razón de ello no es por capricho, sino porque han sido criados selectivamente durante más de mil años, tiempo superior a cualquier otra raza, no faltando quien afirma que han corrido en estado salvaje durante milenios.

Se puede decir que es la raza más bonita e individual del mundo. De esta manera, teniendo en cuenta que todos son aptos como reproductores desde su nacimiento, suben su cotización dependiendo de los premios que logren en los campeonatos, y esto es algo que para nada escasea en Martensson’s Arabian Farm. A parte de partir de unas líneas de cría polacas y egipcias, no se deja de enriquecerlas con cubriciones de fuera, como puede ser la del semental ‘Marwan Al Shaquid’, propiedad del jeque Hamad bin Ali de Qatar, o las nuevas adquisiciones de la cuadra de ‘Gucci’, que demuestra como a veces la cría tiene también apostolado.

El precio del éxito
Cuanto más y mejores premios obtiene un caballo, más sube su valor material y el de sus descendientes. Potros buenos pueden llegar a costar 50.000 euros y ejemplares adultos muy destacados, sementales premiados llegan a los 250.000 euros o más. Aún así, Martensson’s ha reducido el número de cabezas, criando una media de tres potros por año, porque como bien dice Ingalil, “se trata más de una afición bonita que de un negocio”. Sin embargo, desde esta casa se sabe que hay que abrir el mercado, crear nuevos aficionados para aumentar los posibles clientes.

Se selecciona más pensando en la morfología que en la capa que van a tener, predominando la capa torda sobre las demás. Lo más característico de los caballos de Martensson’s Arabian Farm y lo que les distingue de los demás es la perfección de sus cuellos, algo que impresiona a cualquier visitante sin necesidad de ser un experto.

Después de conocer a Ingalil y ver su trabajo, tan sólo lamento una cosa: no poder tener en estos momentos frente a la mesa de mi despacho uno de sus caballos, para alegrarme no sólo los lunes sino todos los días de la semana.

MARTENSSON´S ARAB FARM.

Santa Maria del Cami.

Palma de Mallorca.

Tlf. (+34) 971 620 526
www.martenssonsarabians.com
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