Hemeroteca :: 01/03/2005
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Opinión/Firmas

Pie a tierra

Fernando ESCRIBANO
Última actualización 01/03/2005@00:00:00 GMT+1
Todos los años por estas fechas se celebra el día de San Antón y en muchas localidades se realizan actos para bendecir los animales. Actos tan solemnes como festivos, en los que el caballo tiene un singular protagonismo.

Pero en este año, en el que estrenamos mandato federativo, se me ocurre que podíamos escenificar una ceremonia similar a la que se vive cada mañana en los Sanfermines. En la semana grande pamplonica existe un ritual que se repite año tras año: un grupo de mozos se reúne ante la imagen del santo blandiendo un ejemplar del Diario de Navarra, aún con la tinta fresca, enrollado en sus manos, que luego les servirá de muleta en la carrera ante los toros.

De igual forma, los aficionados a los caballos deberíamos reunirnos frente a la imagen de San Antón, patrón de los animales, con un ejemplar de Trofeo Caballo en nuestras manos que nos sirva de guía durante los doce meses del año, y a coro repetir una letanía parecida a la que cantan los mozos ante San Fermín: “A San Antón venimos pidiendo su protección” y rogándole que bendiga nuestra afición y nos premie con unos presidentes, territoriales y nacional, que nos lleven por buen camino.

Al Santo le suplicamos que ilumine todas sus decisiones en el ejercicio de su cargo. Que la carrera sea limpia y que al final de su legislatura hayamos completado felizmente un recorrido lleno de dificultades. Son cuatro años corriendo delante de unos morlacos de cuidado: seis disciplinas, seis, (al menos las más significativas): Salto, Doma Clásica, Concurso Completo, Enganches, Raid y Doma Vaquera, cada una “de su padre y de su madre”, con sus luces y sus sombras.

Seis toros oscuros como las tardes de invierno, con el éxito o el fracaso en un giro de la suerte, pues el destino decide la gloria del deporte. Pendientes de un segundo en el cronómetro, una pirueta en la arena, un tranco de piaffe, una barra que se cae, o una puerta que no se cruza.

Sólo por Deporte se puede afrontar una aventura como esta. Pero debe ser muy fuerte la atracción, la erótica del poder (otra vez Eros y Tánatos), para que alguien ponga todo su empeño en dirigir la Hípica nacional, sabiendo que a medio camino, la curva de la Estafeta se llama Juegos Ecuestres Mundiales en Aachen y que el final del recorrido está nada menos que en China, en los JJ.OO. de Pekín. Habrá que reservar muchas fuerzas y dinero para llegar y poder contarlo.

Creo que, de lo contrario, algunos le podrán echar la culpa al empedrado.
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