Última actualización 01/02/2005@00:00:00 GMT+1
El caballo nos lleva hasta el lugar en el que se venera a la Virgen de Vilaformiu, un lugar mágico a más de mil metros sobre el nivel del mar
Berga, con un término municipal de 22,54 kilómetros cuadrados, es la capital de la comarca del Berguedà y está situada en su mismo centro. Representa su punto de confluencia económica, social y de comunicaciones y, con frecuencia, se la ha considerado como su síntesis. La ciudad se extiende al pie de la montaña de Queralt, encarada al valle del río Llobregat. Es evidente la situación privilegiada de la ciudad, que se convierte en un buen centro a partir del cual se pueden emprender visitas y excursiones a lugares y parajes de una inusitada belleza durante todo el año.
La leyenda
Como la historia de muchas de las Vírgenes aparecidas en nuestra geografía y en la cultura tradicional europea, también en nuestra ruta contamos con una leyenda: según una antiquísima tradición, los rebaños y las vacadas de Vilaformiu acostumbraban a pastar por las solanas de Campmaurí y vertientes de Queralt. Un buen día el pastor observó cómo uno de sus bueyes se encaramaba por la cuesta de una forma totalmente incomprensible. No lo atrapó hasta llegar a la mitad del risco del 'Castell Berguedà' (nombre con el que se conoce la cima más alta de la sierra). Al llegar vio sorprendido que el buey estaba arrodillado frente a una imagen de la Virgen medio escondida. La cogió, la envolvió con su capucha y recogiendo los rebaños se volvió a su casa. Cuando quiso enseñar la imagen, ésta había desaparecido. Al día siguiente la encontró en el mismo sitio. Nuevamente se la llevó y otra vez desapareció de su envoltorio. La gente de Vilaformiu decidió subir hasta aquel lugar y vieron la imagen escondida en un pliegue de la roca a la sombra de un cerezo que había florecido fuera de temporada. A partir de aquel momento entendieron que la imagen quería ser venerada en aquel mismo lugar.
La ruta
No por casualidad nuestra ruta empieza precisamente en el actual Centro Ecuestre Vilaformiu, que es una de las escuelas federadas de equitación de nuestra comunidad en la que, a parte de la enseñanza de la equitación, se puede disfrutar del mundo del caballo desde diferentes disciplinas. Entre ellas destacan la práctica del Raid y el turismo ecuestre, respaldado por una organización de Turismo Rural: deseo de todos que vivimos en las grandes ciudades y sus agobios para retomar el contacto con la naturaleza y el medio rural.
La ruta que nos han propuesto presenta múltiples variantes, transcurriendo por paisajes sorprendentes y emblemáticos de la Comarca del Berguedá, algunas de las cuales son poseedoras de curiosas historias, así: el Pla de l’Estany, el Santuario de Corbera, el mirador de la Figuerassa, Peguera, la Casanova de les Garrigues, Fumanya, Gòsol, el Camí dels Bons Homes … La duración, de una mañana, una dificultad media y una altimetría de 550 metros sobre el nivel del mar. El recorrido siguió la siguiente ruta: C.E. Vilaformiu (900 m), Coll de Merolla (860 m), Casanova de les Garrigues (1200 m), Pla de la Gaverna (1450 m), Pla de l’Estany, Coll de l’Oreller, La Figuerassa, Plana Rodona, Castell de Blancafort y regreso al Centro Ecuestre Vilaformiu, cuya altimetría es de 900 metros y coincide con el punto de partida de la Ruta dels Bons Homes.
Algunas de las historias de nuestro recorrido
El término cátaro viene del griego ‘khataros’ y significa puro. Estudios recientes apuntan, no obstante, que podría derivar de ‘ketter’, que era como se les conocía en Alemania y significaba hereje. Esta doctrina se conocía desde la antigüedad, y parece estar relacionada con ciertas ideas que practicaban algunos miembros de sectas búlgaras de nombre ‘Bogomils’. Igualmente, y por el hecho de que se dieron a conocer en un concilio que tuvo lugar cerca de Albi (1165), los conocieron también como ‘Albigueses’. Ellos se autodenominaban ‘cristianos o buenos hombres’. El catarismo fue una religión cristiana basada en una interpretación muy personal de las Escrituras: el dualismo, una idea sencilla que enfrenta los principios del bien y el mal. Esta fue la base.
Cerca del año mil nacía un gran movimiento herético que provenía de los Balcanes. Los mercaderes y aventureros que en aquellos tiempos iban y venían de Oriente se encargaron de hacerlo llegar hasta las tierras del Llenguadoc y más tarde a Cataluña. Era evidente que la clerecía de altura iba de la mano con el lujo y la riqueza y, en cambio, la de ‘rastrojo’ estaba mal preparada y poco presente en las zonas rurales. Estos hechos provocaron que la iglesia no diese las respuestas adecuadas a las dudas que sus fieles se planteaban. Por este motivo surgieron las doctrinas cátaras y mendicantes en aquellos días, dando respuesta a las dudas planteadas por el pueblo, que estaba muy sometido a la protección de sus Señores, en buena parte porque la mayoría era declaradamente pobre. Pero el catarismo fue un acontecimiento europeo y la religión dualista tuvo vocación de universalidad. En el año 1100 el catarismo aparece con más fuerza: Ambres, Louvain, Bruges, Utrech, Lieja, Tolosa y L'Albi, arrancaron con mucha fuerza durante este período. Más tarde atravesó los Pirineos y fue dispersándose por Cataluña y Aragón. Es evidente que, con estas perspectivas, la iglesia Romana se puso rápidamente en guardia para obstaculizar el desarrollo de una religión que al mismo tiempo se oponía al dogma oficial y amenazaba seriamente sus estructuras e instituciones. Así, en el año 1209, el Papa Innocent III puso en marcha una cruzada contra los Albigueses. Durante nueve años los barones y nobles del norte de Francia, capitaneados por Simón de Montfort, asediaron a sangre y fuego todo el país. Prefectos, fieles, creyentes y simpatizantes eran quemados y sus tierras incautadas.Tan sólo un príncipe católico, Pere II, Rey de Aragón y Conde de Barcelona, se puso al lado de los cátaros del Llenguadoc, pero murió en la batalla de Muret en el año 1213 y, nuevamente, Simó de Montfort fue proclamado por Roma Conde de Tolosa. Durante los años 1216 al 1224 los señores Occitanos comenzaron una guerra de liberación que permitió recuperar sus dominios. El catarismo ocupaba nuevamente el lugar que tenía. Pero en ese momento surgió el Rey Luís VIII -en el año 1226- y nuevamente organizó una cruzada que derrotó definitivamente a los señores Occitanos. La Inquisición tomó el relevo a los Señores del Norte y consiguieron quemar, uno por uno, a todos los creyentes cátaros. La represión duró un siglo entero durante el cual Dominicos y Franciscanos comenzaron una nueva acción espiritual que proponía a la sociedad un nuevo modelo de vida apostólica. Perseguidos y asediados, los cátaros se refugiaron en el castillo Occitano de Montsegur, fortaleza que parecía inexpugnable y en la cual se sentían seguros y protegidos. A pesar de ello, en la primavera de 1243, seis mil hombres capitaneados por Hughes des Arcis, Senescal de Carcasona y Pierre Amiel (Arzobispo de Narbona) se acercaron a los pies del castillo y efectuaron un asedio que duró todo el invierno. La traición de un guía y la habilidad de unos cuantos soldados, provocó la caída de Montsegur. Fue el 2 de marzo de 1244 cuando la fortaleza cayó en manos de los sitiadores. Los prefectos y creyentes cátaros fueron quemados en una gran hoguera que tuvo lugar en el famoso ‘Camp dels Cremats’ (Campo de los Quemados), a los pies de Montsegur. A pesar de todo, actualmente reconocemos con interés la importancia de aquella religión mártir.
La Ruta dels Bons Homes es un itinerario que sigue las rutas de migración de los cátaros en su exilio de Francia en los siglos XI al XIII, y nos permite reencontrar vestigios de la historia medieval y del catarismo en las comarcas del Berguedà, la Cerdanya y el Ariège. La ruta transcurría desde el Santuario de Queralt hasta el Castillo de Montsegur. Es un itinerario de montaña señalizado como Sendero de Gran Recorrido de carácter internacional.
Casanova de les Garrigues, situada a 1200 metros sobre el nivel del mar, pertenece al municipio de Cercs. El lugar era una antigua casa de labranza (masía), hoy en día transformada en Casa de Agroturismo, que está rodeada de prados y bosques en los que predomina el pino negro y está situada en plena ruta del Camí dels Bons Homes.
El Pla de L’Estany, situado a una altura de 1506 metros sobre el nivel del mar, es hoy en día una planicie impresionante que antaño fue un estanque natural que se desecó a finales del siglo XVIII para poder cultivar patatas, pero su inicial utilización agrícola se olvidó para convertirse en uno de los lugares más plácidos de la comarca. Desde el Coll de L’Oreller (1400 metros) puede observarse el santuario de Corbera, edificio del siglo XVIII que conserva una Virgen románica y está rodeado de impresionantes valles. La Fiquerassa (1486 metros) es un macizo montañoso situado al norte de Berga y que está considerado como uno de los balcones panorámicos desde donde divisar las comarcas del Bajo Berguedà y el Pla del Bages y, en los días claros, pueden divisarse las cordilleras de Montserrat y del Montseny. En Planarodona (1300 metros), inmersa en el bosque, es una planicie dotada de mesas y bancos de piedra donde el caminante puede detenerse a reponer fuerzas e incluso asar algo de carne gracias a las barbacoas instaladas bajo un porche. Así finalizamos nuestra ruta en el Castillo de Blancafort (1175 metros) o Castillo de las Damas, construido en el siglo XII, y que se encuentra documentado desde 1166. Consta que Pere de Berga consiguió del rey Alfonso el Casto los favores de obtener el castillo a cambio de jurarle fidelidad. En él vivió con su esposa Estefanía, hermosa doncella cortejada por el trovador Guillem de Berguedà, que al mismo tiempo dirigió ofensivos versos contra su marido. A Pere de Berga nos lo presenta como un traidor y un egoísta, como un marido bobo que no se merece la esposa que tiene a la que el trovador loa tal vez excesivamente para ridiculizar al marido: “A vos m’autrei, bona dompna de Berga: // Vos etz fins aurs, e vostres maritz merga,…” (A vos me entrego, buena dama de Berga: // vos que sois oro puro y vuestro marido burdo). Actualmente está inundado por las aguas de un pantano.