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Última actualización 01/01/2005@00:00:00 GMT+1
Beatriz Ferrer-Salat y ‘Beauvalais’ abren en exclusiva para TROFEO CABALLO las puertas de su casa dos días antes de comenzar la Copa del Mundo. Siete páginas
que recogen la particular equitación y la
filosofía de la subcampeona del Mundo

de Doma
Una llamada telefónica. Una simple transmisión de ondas. Algo abstracto. Intangible. Aquello lo cambió todo. Pero hay otra lectura. Más profunda. Más positiva. Más bella. El cable de cobre era el hilo de conductor de dos corazones que debían encontrarse para siempre. En Barcelona, una joven amazona. Esbelta, tozuda, rigurosa, disciplinada, estricta, sensible, muy sensible. Es Beatriz Ferrer-Salat, de 38 años. En Alemania, un joven caballo. Arisco, nervioso, miedoso, elegante, temperamental, noble. Es ‘Beauvalais’, de 17 años. Sus vidas se cruzaron en 1999 y ambos se robaron el corazón para siempre. “‘Beauvalais’ es el caballo de mi vida. Cuando lo compré nadie me apoyó. Era un caballo con muy mala reputación porque era dificil y muy complicado. Pero nos compenetramos muy pronto y su vida cambió. También la mía”, dice emocionada Beatriz Ferrer-Salat, quien abrió en exclusiva para TROFEO CABALLO las puertas de su nueva casa, una fabulosa masía de seis hectáreas en el corazón de un parque natural del Vallés, cerca de Barcelona, donde acaba de instalarse hace diez días. Otro sueño hecho realidad. “Siempre quise vivir junto a mis caballos y lo he conseguido. Llevaba 25 años detrás de este sueño y seis realizando el proyecto de mi nueva casa. Mi padre nunca me apoyó en esto, me decía que en ningún sitio se está mejor que en un club hípico”, dice hoy orgullosa la amazona catalana.

Fue un amigo muy allegado quien dio la voz de alarma. “Beatriz tienes que ver un caballo que está corriendo Gran Premio. Se vende en Alemania pero tiene un defecto: es algo pequeño”, le comentó. “No estoy buscando caballo”, respondió ella. “Pero tienes que verlo. Es ‘Beauvalais’, ¿te acuerdas? Aquel potro que conociste”, insistió. Esa última frase fue el detonante. A la joven amazona ya le había gustado el elegante caballo alemán cuando era potro en casa de su propietaria, Heiker Kemmer, quien lo había comprado en una subasta de hannoverianos y quien posteriormente lo vendió al brasileño Jorge de la Rocha. Ambas manos tomaron al caballo por loco. “Estaba nervioso, asustado. Temblaba cuando aparecía el entrenador en la pista”, le contaron a Beatriz Ferrer-Salat. En síntesis, mucha clase para tan poca sensibilidad.

Llegó el día del reencuentro. Beatriz no estaba especialmente obcecada en comprar un nuevo caballo. Podía presumir de una cuadra que brillaba (era la época en la que despuntaba ‘Brillante’), aunque es cierto que el éxito no terminaba de colarse en su vida. “Volví a Alemania después de siete años viviendo allí para verlo. Cuando lo encontré pensé: qué caballo más feo. Era poco atractivo y estaba amarrado con dos ronzales, uno por cada parte de la cara. Era algo pequeño... poca cosa. Pensé que me iba a servir de poco pero cuando lo monté.... (un largo silencio se adueña de la situación)... Era un ferrari”, sentencia. Con todo regresó a Colonia, donde estaba entrenando, sin caballo. Comentó sus impresiones a Jean Bemelmans, su entrenador y principal consejero. Después de madurar la idea fue a buscarlo. Con ese viaje comenzaba un sacrificado, costoso y merecido galope hacia el éxito.

Un mes después y con su cuadra de caballos en el Open Sport Club de Barcelona (incluido ‘Beauvalais’), el binomio se fue a correr a Saumur, pista donde tuvo que entrar de una forma poco ortodoxa, fruto de la terrible etapa anterior. “Recuerdo que se plantó en medio de la pista, antes de entrar. No sé qué vio, una sombra, flores... No sé, el caso es que no quería seguir y que entrar hacia atrás en la pista. Así me fui defendiendo poco a poco”, explica hoy la medallista. En ese mismo escenario galo en el que nos encontramos Beatriz coincidió con un juez internacional que, asombrado por la compra de la catalana (puede que lo considerara una locura), le informó que el caballo se había saltado la valla de la pista de competición en un concurso en Brasil, tirando al suelo a su propietario, Jorge de la Rocha, ante la mirada de un nutrido aforo. Estos comentarios en realidad nunca llegaron a cumplir sus objetivos, pues lejos de desmoralizarse, Beatriz alimentaba la confianza en su nueva adquisición. Una tozuda amazona que había visto en la mirada de ‘Beauvalais’ “un gran corazón”. Por eso “hoy hay mucha gente que se tiene que tragar sus palabras”, apunta.
‘Beauvalais’ ha catapultado a Beatriz a la cima del éxito. Medallista individual y por equipos en los Juegos Ecuestres de Jerez 2002, en los Juegos Olímpicos de Atenas, en el Campeonato de Europa... Beatriz, por su parte, ha cambiado la vida de ‘Beauvalais’. Es muy probable que animal esté ajeno al color de los metales y las continuas vueltas de honor, pero de lo que no cabe duda es de que este caballo ya no se siente un fracasado. Desde su nuevo establo, un cómodo box en el que casi se puede pasear, divisa un bello paisaje que le aporta la tranquilidad que le da la inspiración para luego expresarse en las pistas de competición. “Porque él es un atleta, un bailarín, a quien a dejarle que se exprese solo”, ha comentado en repetidas ocasiones su orgullosa propietaria.

Pues bien, la trayectoria de este binomio ha sido lo suficientemente necesaria para que este medio fuera a buscar a Beatriz a Barcelona, seguirla un día entero de trabajo. Cómo monta, cómo enseña, cómo se relaciona con el equipo humano que le rodea. Cómo se alimenta, qué hace en sus ratos libres, sus gustos, sus manías... Una aventura que aceptó gustosa dos días antes de partir hacía Alemania para clasificarse para la Copa del Mundo de Doma Clásica. Aquí os ofrecemos la particular y discreta vida de la segundamejor amazona del planeta.

06,30 horas. El ring ring del despertador rompe la paz de la masía. Es hora de levantarse. Por la ventana de la habitación ya se observa el movimiento en los establos. Salen las carretillas colmadas de estiércol de la veintena de équidos que conviven en el equipado módulo de boxes que ha construido. Mientras se limpian las camas y se da pienso, Beatriz desayuna. Es la primera comida del día y la más importante, según explica su preparador físico, Xavi Martos, uno de los más prestigiosos de la zona. Por esto, requiere un fuerte aporte de energía: “Esta comida del día nunca se la puede saltar. Debe ser alto en hidratos de carbono. Tostadas con mantequilla y mermelada o cereales. Esto no debe faltar en su desayuno”, explica el experto, quien matiza que es la cliente más disciplinada y con más voluntad que ha conocido jamás. “Se exige muchísimo a ella misma. Es comprensible por tanto que también lo haga a sus caballos o a mí, porque ella da ejemplo”.

08,00 horas. Nuestra protagonista llega a los establos. “Hello, Robert!”. Su mozo particular a esta hora ya tiene toda la cuadra preparada para una nueva jornada. “Buenos días, Nuria. Hola Teresa. Qué tal, Chloe”. Son sus tres alumnas, tres jóvenes que lo han dejado para dedicarse plenamente a la hípica. Las dos primeras trabajan para Beatriz hasta las dos de la tarde. La tercera, vive en el módulo de mozos de la masía. Pasa todo el día junto a los caballos de Beatriz. Es pues una de las personas de confianza de la medallista. En el tablón del guadarnés, situado en el centro del módulo y alrededor del cual se ubican los espaciosos boxes, está escrito el esquema de trabajo para las cuatro amazonas. Beatriz tiene asignados sus caballos, cuyas riendas no tocan otras manos que las suyas y las de Jean Bemelmans, eventualmente. “A veces viene y monta a ‘Beauvalais’”, señala. Hacia la pista ya se dirigen Teresa y Nuria con dos de los caballos que tienen asignados: ‘Impaciente II’, que es propiedad de la alumna, y ‘Zorro Z’, de Beatriz. Vienen de dar un paseo de diez minutos por la finca. Es el tiempo necesario para desentumecer los huesos, una práctica que se repite con todos y cada uno de los animales. En la pista ya está Beatriz esperando, a pie. “Intento no estar muy encima de ellas. Saben cuáles son mis directrices y lo que tienen que hacer es aplicarlas como si yo no estuviera presente. Entonces yo corrijo sobre esto. De esta forma, cuando yo no estoy saben cómo tienen que trabajar”. Un codificado esquema que convierte a las cuatro amazonas en un compenetrado y eficaz equipo de trabajo.

10,00 horas. En la cuadra ya está listo ‘Gran Gastby’, un caballo centroeuropeo al que le tiene reservado trabajo de mantenimiento. Apoyos, espaldas adentro, extensiones... Es la primera parte del trabajo de trote. Cuellos relajados, dorso estirados, espaldas flexibles... Es una constante en la cuadra de la medalla de Bronce de Atenas. Luego, en aire de galope, hay transiciones en los distintos tipos de galope, cambios de pie, extensiones... Algo llama la atención. No hay un solo caballo que se vaya a la ducha sofocado, agotado o embotado. Parece que disfrutan con un trabajo llevadero, aunque hay que resaltar que estamos frente a una cuadra de atletas.

11,00 horas. El relevo. Ya está listo ‘Beauvalais’, a quien va a pasear antes de que comience el trabajo. “Es increíble. No gasta una gota de energía en su paseo matinal. Toda su fuerza la reserva para el trabajo en la pista. Le tengo que ir dando para que ande cuando vamos de paseo”, explica Beatriz. Unos minutos más tarde comienza un cadenciado trote. Como siempre en él. Filete y bocado y hacia delante. Con la cara abajo el bailarín se mueve por el escenario como Nureyev. Trote medio a una mano y a otra, algún apoyo y de nuevo paso. Unas vueltas alrededor de la pista mientras conversa con Teresa. Además de profesora, la amazona es la confidente de sus pupilas. Es lógico, pues se pasan muchas horas juntas. De nuevo trote. Algún alargamiento y ejercicios de incurvación. En la pared de enfrente, donde se ha instalado un gigantesco espejo, se observan a dos ‘Beauvalais’ haciendo unos pocos pasos de passage. El deleite en esta ocasión se ha servido doble. De nuevo paso. En la siguiente pared, galope reunido. Cambios de pie a tres y al tranco en las paredes y en líneas centrales. Algún apoyo. De nuevo paso. El trabajo ha terminado para un caballo que lo ha demostrado ya todo. Antes de salir de la pista cubierta hay que limpiar los cascos. No hace falta pedir extremidades, pues las levantan sin ayuda de la voz. De nuevo, una práctica que se repite con cada caballo que termina el trabajo. Ningún caballo recibe en casa de Beatriz trato de favor. Tampoco ‘Beauvalais’, aunque es el primero que se ve nada más entrar en los establos.

12,00 horas. Le toca el turno a ‘Martel’, otro centroeuropeo de formidables movimientos. Es el último caballo del día. Al que más tiempo le ha dedicado. Quizá por esto lo ha reservado para el final. Una vez finalizada la jornada matinal, Beatriz nos explica sus directrices de trabajo. En primer lugar, las alumnas: “Lo más importante para mi es el asiento y la correcta posición del cuerpo sobre el caballo. Esto es fundamental para que el animal funcione y esté elástico. Después deben saber desenvolverse solas y, por último, deben ocuparse y preocuparse de si el caballo ha comido, ha estercolado, su salud, la higiene, la limpieza... Si no funciona esto, no funciona la competición”, sentencia. En segundo apartado, el caballo: “Mi equitación es siempre con el caballo, nunca contra él. El caballo debe divertirse con lo que hace, no debe ir sometido. Por esto, si observo que le pido algo que sé que pueden darme y no lo hacen, me detengo. Ante la duda siempre paro el trabajo. Inmediatamente llamo al osteópata, puede que algo le ocurra. La mayoría de las veces que he tenido delante esta situación ha habido un problema en alguna parte del cuerpo. Si el experto dice que no hay nada, entonces exijo. Así de sencillo”.

14,00 horas. Teresa y Nuria van despidiéndose de Beatriz. También ella está a punto de acabar. Se ocupa de que todo esté en orden en los establos y se marcha a comer.

14,30 horas. Es la segunda del día. Beatriz ha perdido muchas calorías, por esto Xavi Martos, su preparador físico, le ha planificado en su dieta proteínas, vegetales, legumbres, carne o pescado. “A media mañana puede tomar una pieza jugosa de fruta, pero no conviene que se salga mucho más de esta dieta”, argumenta el experto. Hay que tener en cuenta que la competición de élite requiere un cuerpo atlético, en forma. A esto, hay que sumarle que Beatriz se exige continuamente más. “Ella monta ahora cuatro o cinco caballos al día pero con su preparación física de por la tarde hay que conseguir que pueda montar siete, por ejemplo”. Un fuerte apetito se adueña de Beatriz Ferrer-Salat a esta hora del día. El equipo de TROFEO CABALLO desplazado a Barcelona comparte mesa con nuestra protagonista. No es sibarita, ni delicada ni especial a la hora de comer. Más bien se podría decir todo lo contrario: es glotona y no rechaza sugerencia. Para abrir boca ha elegido una tostada de pan de campo untada con ajo, aceite, tomate y sal. Muy de la tierra. De primero, carpaccio de ternera con queso parmesano regado con bebida refrescante. De segundo, un pescado a la brasa y guarnición. De postre, trufas con nata. Un menú para disfrutar, en resumen.

16,00 horas. De vuelta al trabajo. Va a aprovechar las dos horas siguientes para ocuparse de su oficina. “Siempre hay cosas que hacer: papeleo, llamadas, gestiones... Aquí no es todo montar a caballo y menos ahora que hay que terminar de acondicionar la nueva casa”, detalla.

18,00 horas. Beatriz se dirige a su gimnasio particular. Xavier Martos ya está esperándola con el trabajo del día. “No todos los días son iguales ni mucho menos. A esta hora hay que tratar de relajar, fortalecer y tonificar los músculos del cuerpo. Trabajamos con un único objetivo: estar muy en forma para que aguante el ritmo de entrenamiento diario con los caballos”. El experto explica que cada jornada es diferente y hay que estudiar la situación para aplicar el esquema adecuado. “Cuando Beatriz llega aquí necesito saber qué ha hecho. Siempre hay un caballo que tira más de un lado y puede que ese músculo esté rígido o más desarrollado que el otro... También se puede dar otra situación: una espalda cargada o un abductor más forzado de lo normal... En fin, situaciones que hay que curar rápidamente para que mañana esté bien de nuevo. Beatriz no puede frenar su ritmo de trabajo porque tenga la espalda contraída. Esto no nos lo podemos permitir. Mi trabajo consiste en evitar que Beatriz esté en dique seco”, detalla Martos. Es decir, de lo que se trata es de evitar cualquier lesión y excesos en los músculos, algo que se consigue con las dos horas diarias de aparatos cardiovasculares y de mantenimiento y con las dos sesiones semanales de masajes. La merienda es otra comida obligada del día. “Puede tomar otra pieza jugosa de fruta”, dice Xavi Martos. Todo el esquema alimenticio de Beatriz Ferrer-Salat ha sido cuidadosamente diseñado entre el preparador físico y el médico Daniel Brotons, de forma que cada tres meses se controlan los niveles proteicos de la sangre, los minerales, el hierro... “A Beatriz la tenemos muy muy controlada. Está en plena forma”.

20,00 horas. Termina el esfuerzo físico. Ahora llega el turno del disfrute mental. La lectura, la música o el cine ocuparía en condiciones normales esta franja horaria del reloj, pero lo cierto es que en estos momentos Beatriz está inmersa en los retoques de su nueva casa. Más tarde toca cenar: “Una dieta suave, para no hacer digestiones muy pesadas”, concluye el profesor.
Éste es el esquema que diariamente repite Beatriz Ferrer-Salat, subcampeona del Mundo de Doma Clásica. De lunes a viernes. “No. De lunes a domingo”, corrige la amazona. No hay días libres en su vida. No hay día para el descanso, para el ocio. Es su particular forma de entender la alta competición, una técnica que desde luego ha dado unos jugosos frutos pero que está reservada sólo para mentes muy preparadas.

Texto: R. BENJUMEDA
Fotos: Alberto NEVADO
Beatriz Ferrer-Salat nació hace 38 años en Barcelona. Hija de Carlos Ferrer-Salat, quien revolucionó el deporte en este país, la amazona catalana comienza a coquetear con los caballos a los nueve, aunque no es hasta los quince cuando se inicia en la equitación. “Me gustaron y le pedí a mi padre que me comparar un caballo. Se llamaba ‘Vendaval’, un anglo-hispano-árabe que me tiraba un día sí y otro no. Se me iba de caña. Un día me dijo un profesor del Real Club de Polo de Barcelona, donde mi padre me hizo socia: creo que necesitas unas clases”. Este hombre era Pepe Arnó y fue quien la condujo por la plástica y bella disciplina de Doma. “Todo el mundo saltaba en el Polo y me gusta hacer lo contrario a lo que hace el resto. Además, era lo que mejor se adaptaba a mi carácter”. Cuatro años después, con 19, pasó a formar parte del alumnado de Víctor Álvarez, con quien estuvo cuatro años. A los 24 se traslada a vivir a Alemania, país que marca su carácter, su personalidad y su manera de entender la equitación. Era 1990 y cconoce a Theodrorescu, en cuyos establos permanece cinco años. En aquella época habían elegido a Barcelona como la ciudad olímpica de 1992 y nuestra protagonista pensó que en el país germano podía adquirir los conocimientos necesarios para clasificarse para Barcelona, aunque no lo consiguió. En 1995 se compra a ‘Brillant’ y se traslada a los establos de Rhebein, con quien trabajo hasta la muerte del entrenador alemán, en 1997, cuando decide instalarse definitivamente en Barcelona. Elige el Open Sport Club de la Ciudad Condal, en El Prat de Llobregat, para entrenar sus caballos. En 1999 incorpora a ‘Beauvalais’ y mantiene una estrecha amistad con Jean Bemelmans, el entrenador y seleccionador nacional del equipo de Doma. En 2002 llega el primer gran éxito: la medalla por equipos en Jerez 2002 y la Plata individual del Campeonato del Mundo, un logro precedido por el Campeonato de Europa. En 2003, el equipo y la amazona, naturalmente, repite proeza en el Europeo y en agosto de 2004 llega la gloria: el Bronce individual en Atenas con el hannoveriano ‘Beauvalais’. Ahora se enfrenta a un nuevo reto: la Copa del Mundo. En estos momentos se encuentra en Alemania, donde va a comenzar su gira para clasificarse para la final de la Copa, que se celebra en abril en Las Vegas. “De Stugart me voy a Estocolmo y después a Londres y a Bélgica. Volveré el 24 de diciem
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