Un crisol de razas
Última actualización 01/11/2004@00:00:00 GMT+1
Esta fusión de hierros se encarga actualmente de mantener vivo al versátil caballo cruzado, que convive en paz con el pre y el cde
La ganadería caballar de José Benítez-Cubero Pallarés abarca varias razas equinas que comprende caballos de Pura Raza Española, hispano-árabes y Caballos de Deporte Español. La cabaña equina de este hierro se ubica en la finca sevillana de Ojuelos, situada en Marchena, una finca amplia con abundantes pastos donde los caballos comparten el terreno con los toros y la agricultura.
Este hecho convierte a estos caballos en herramienta fundamental para el manejo del ganado bravo, lo que les ha llevado a desarrollar una funcionalidad natural. Esta característica hace que los caballos trabajen diariamente con los toros, lo que obliga a los équidos a recorrer diariamente largas distancias y a ser sometidos a los esfuerzos que marca el toro. Los caballos de Benítez-Cubero Pallarés, que gozan de un gran paso y galope, son aptos para cualquier disciplina hípica, motivo por el que son muy solicitados para modalidades como el Acoso y Derribo, por su velocidad y predisposición para realizar esfuerzos.
Otra de las actividades ecuestres para la que estos caballos están especialmente capacitados es el Rejoneo, pues han sido muchos los rejoneadores que han destacado con caballos de esta ganadería.
El origen de los hierros
La ganadería actual Benítez-Cubero Pallarés proviene de las yeguas de Pura Raza Española de Francisco Pallarés, abuelo del actual ganadero, José Benítez-Cubero Pallarés. “Mi abuelo compró diez yeguas a Roberto Osborne y el caballo ‘Zurito II’, de la misma procedencia, y se convirtió así en el primer ganadero en comprarle ganado a Roberto Osborne”, recuerda el criador. Roberto Osborne, prosigue este ganadero, acababa de comprar la ganadería siete meses antes al criador jerezano Juan Pedro Domecq. “Posteriormente, mi abuelo adquirió otras yeguas de Diego López, que eran más antiguas que las yeguas de bocado. Esta ganadería era de Santiago de Calatrava, de Jaén, de 1830. Al llegar la Guerra quedó la finca en tierra de nadie. La ganadería quedó diezmada y quedaron sólo diez yeguas y un caballo de nombre curioso: ‘Hitler’. Este ganado tenía un origen magnífico pero su documentación se perdió en la contienda nacional”, explica. Con estas yeguas y las anteriores formó Pallarés su ganadería.
Por otra parte, las yeguas españolas del abuelo del ganadero eran a su vez originarias de su abuelo Francisco Pallarés, quien empezó a introducir caballos árabes y a cruzar sus ejemplares. Además introdujo sangre inglesa y un buen número de ejemplares se vendieron a Laurentino Carrascosa. “Nos quedamos sin yeguas cruzadas y pocos años después de que mi madre heredara en 1960 se le echó a las yeguas un anglo-árabe francés del Depósito de Sementales, ‘Hiarikal’, con la idea de volver a sacar caballos cruzados”.
Sin embargo, para las yeguas españolas se eligió caballos españoles, a pesar de que a las cruzadas se les echaba sangre árabe, “para dar más elegancia y mejores físicos”. Posteriormente, sigue explicando Benítez-Cubero, “quitamos la sangre árabe y empezamos a echar PSI y Aa, que es lo que hay actualmente”.
La ganadería de Hispano-árabes se ha creado dejando a las yeguas que menos gustaban para el caballo español, a las que se cruzó con árabe. Estos fueron ‘El Yafar’ y ‘Fajin’, este último nieto de ‘Congo’.
Mantenimiento e instalaciones
El régimen de alimentación es el más sencillo, pues están sueltas en el campo cuando hay comida y los meses de escasez se les ayuda con pienso o alfalfa. Con todo, las yeguas siempre estan sueltas en el campo, e incluso a la hora de dar a luz, ya que paren mejor y sin correr riesgos. Los potros se crían en mejores condiciones en cerrados de 100 hectáreas, donde corren y retozan, y “cuando llegan a la edad de tres años se amarran y se les da una doma de cuadra”, explica el ganadero. Su alimentación en ese período es básicamente de avena y heno, que para este criador es “el más adecuado, a parte de verlo toda la vida en mi casa, está demostrado que no produce cólicos. Si los caballos reciben mayor carga de trabajo se les aumenta la ración alimenticia”.
La base de la funcionalidad es que aunque se doman los caballos como en todos los sitios, al ser una finca tan grande con ganado bravo, los potros cuando salen del picadero empiezan a salir al campo y a ejercer labores propias del ganado bravo, como repasar las vacas, apartar las corridas de toros e ir iniciándose en el tentadero de machos.
“Los caballos en esta ganadería nunca se venden de potros, pues a mi me gusta tener caballos en la cuadra, probarlos, verles el carácter... Hasta que no pasan estas pruebas, por decirlo de alguna manera, es muy raro que me desprenda de ellos. Observar ese carácter me orienta para saber si los sementales están dando buenos resultados o tengo que retirarlos de la cubrición. Además el precio no varía. Si un caballo está echado para adelante, el cliente prefiere llevarse un caballo ya iniciado”, concluye Benítez-Cubero.
Sementales de la ganadería
El actual propietario de esta ganadería reveló su actual sistema de selección. Resume que “las yeguas españolas las estamos cruzando con caballos de mi casa”, entre ellos un caballo que se llama ‘Jumbo’, que aunque tiene el hierro de Rojas Palatín, es un caballo hijo de una yegua de nuestra casa. Iba preñada de ‘Receloso IV’ cuando la vendimos. El caballo lo recogí con 17 años y llevo echándolo varios años”, explica. Además, de un tiempo a esta parte, Benítez-Cubero ha comenzado a probar suerte con un potro nuevo que se llama ‘Péndulo’ y otro caballo que se llama ‘Empalagoso’.
Para las yeguas CDE cuentan con otro ejemplar: ‘Ramito’, que es un nieto de ‘Jaquetón’. Para las yeguas hispano árabes está reservado otro semental: ‘Infante’. Su padre viene de ‘Fajín’ y la madre de la yegua ‘Infanta’, que viene a su vez de ‘Bienvenido III’, de Pura Raza Española. En la ganadería hay otros caballos, como ‘Titanic’ (PSI), y un anglo-árabe francés del que el ganadero está a la espera de ver los resultados de sus primeros productos.
En una primera fase, explica Benítez-Cubero, los sementales se cruzan con las yeguas de diferentes tipos, alzada y carácter, y hasta que sus productos no se doman no se vuelven a echar a las yeguas. “Para mí en la ganadería el factor tiempo no es lo principal. Para que la misma vaya adquiriendo personalidad propia tienen que pasar unos años para que se vayan fijando los caracteres”.
Panorama actual del caballo
Para Benitez-Cubero, los caballos ante todo tienen que ser caballos. El apellido, dice, se lo pone cada uno: árabe, inglés, hispano árabe, anglo árabe... “En los caballos españoles hemos realizado una mala selección, de la cual estamos pagando las consecuencias con caballos que no son muy funcionales, salvando las excepciones. En otras razas, los caballos sirven para cualquier disciplina con óptimos resultados, esto no es óbice para que yo crea que los caballos españoles no hay que refrescarlos con otras razas como nuestro pariente cercano, el caballo lusitano. Creo que lo que hay que buscar son caballos que sirvan y que estos sean los que padreen. El patrimonio de pureza hay que defenderlo. Para mí la manera de presentar los caballos en los concursos no es racional. Un hombre con 40 años con botos, que no es la indumentaria más apropiada para ver la funcionalidad de los mismos... Otra de las cosas en las que no estoy de acuerdo es que cualquiera pueda entrar en la Asociación de Criadores Ancce. Creo que habría que tener un mínimo número de animales y unas instalaciones adecuadas para la cría. Sólo así, endureciendo los parámetros de exigencia en la crianza, conseguiremos que a largo plazo mejoremos nuestra raza”.
En cuanto a los Tribunales de Reproductores Calificadores, el ganadero se muestra optimista: “Creo que todo lo que sea mejorar es bueno. Yo a los concursos no suelo acudir, pues suelen ir otros caballos de mi hierro con óptimos resultados”.
En la bonita finca de Ojuelos, El Roble y Las Rozas se crían unos caballos con una identidad propia, tanto en los caballos PRE como los CDE y los Hispano árabes. Caballos que son seleccionados con una estricta crianza, cuidado y manejo, dando resultados muy positivos en el Rejoneo, como fueron ‘Jaquetón II’, ‘Perdiguero’, ‘Girasol’, ‘Japonés’, y siendo también muy valorados por los garrochistas. Con un caballo de este hierro el sevillano José Luis Cañaveral ganó dos campeonatos de España de la disciplina de manera consecutiva.