Hemeroteca :: 01/10/2004
12/26
Turismo ecuestre
Última actualización 01/10/2004@00:00:00 GMT+1
El impresionante desierto chileno, que empieza a nivel del mar y encuentra su fin a varios miles de metros de altitud, no habla, su silencio inunda la inmensidad, pero enseña lo más sorprendente y bello de la naturaleza
Chile es un país largo y estrecho donde la máxima anchura alcanza 400 kilómetros, un país donde todo es posible, desde los desiertos salados del norte hasta los glaciares del sur. Los volcanes, las playas, los géiseres y los bosques hacen de Chile un país de incomparable belleza, tan sorprendente como lejano. Al norte, el desierto de Atacama nos va a enseñar a disfrutar de la magia del silencio.

Todavía en varias zonas de Chile el caballo sigue siendo el principal medio de transporte en la vida rural. Eso facilita que los turistas puedan aprovechar para realizar excursiones y disfrutar del bello paisaje chileno. En San Pedro de Atacama, los amantes de los caballos y los viajeros ávidos de experiencias diferentes, alejadas del turismo más clásico, tienen la oportunidad de recorrer unos parajes diferentes, la magia de naturaleza especial. Uno de esos lugares que impresiona cada día porque siempre es distinto.

Entre volcanes
San Pedro de Atacama, un pequeño pueblecito ubicado en uno de los oasis de la Cordillera de la Sal, es el lugar ideal para una aventura a caballo a través del desierto. El aeropuerto más cercano es el de Calama. El trayecto hasta la población de San Pedro nos lleva por un camino reseco donde la falta de humedad y la transparencia del aire nos deja ver el Licancábur y el Parinacota, dos de los volcanes que salpican la zona, cerca de la frontera con Bolivia.

La Cordillera de la Sal es un espectáculo asombroso que deja sin palabras a quienes tienen la suerte de verla. Una vez en ella nos adentramos en el desierto más seco del mundo, donde las formaciones rocosas nos recuerdan animales prehistóricos y los brillos producidos por una luz mágica serían el decorado perfecto para cualquier película de John Ford.

Cuando llegamos a San Pedro de Atacama, un pueblo de apenas 2.500 habitantes al que se conoce como la capital arqueológica de Chile, se entienden mejor algunas lecturas previas. Antiguamente era una de las cunas de la cultura atacameña que se estableció hace 11.000 años y que ostenta con orgullo el privilegio de haber sido el primer pueblo sedentario del país. En el Museo Arqueológico Padre Le Paige se encuentra una estupenda colección sobre los antiguos habitantes atacameños.

Más cercano a nosotros puede resultar su vínculo con la cultura colonial, lo que otorga al pueblo el encanto de unas casas de adobe y de unas calles estrechas. La iglesia de San Pedro, que data de 1641, es un bello ejemplo de la huella española en Chile. Debido al impresionante paisaje que rodea la zona, San Pedro se ha convertido en el centro de partida de la actividad turística de la región, es el lugar elegido para lanzarse a conocer el desierto.

Excursiones personalizadas
Son muchas las excursiones que se pueden hacer a caballo partiendo desde el Hotel Explora y las hay para todos los gustos: para principiantes, para expertos, de una hora, de todo el día, acampando en el desierto... El estilo de la construcción no desentona con el paisaje desértico, sino todo lo contrario. Su edificio principal cuenta con tres patios y las habitaciones se alinean en uno de ellos. Más de cuarenta caballos, con mucha sangre criolla son la base de una cuadra funcional, pulcra y que dice mucho del amor de los chilenos a los caballos.

Después de una pequeña conversación, Armando, responsable de la zona ecuestre, prepara un plan para los próximos días. Para adaptarnos cada uno a su caballo preparamos una ruta corta por el Valle de Quitor, para principiantes, fácil y corto, pues “el cansancio es mal compañero del disfrute”. La excursión dura apenas 2 horas, en los que se hace un recorrido de unos 10 kilómetros y se visita el Pukará de Quitor, un fuerte construido por el pueblo atacameño para defenderse de otros pueblos. Esta increíble construcción de piedra fue rescatada de la ruina por los Incas, que la convirtieron en toda una fortaleza. El regreso se hace a través del mirador del Valle de la Muerte, siempre a una marcha suave, para que el viajero poco experto, no “sufra” demasiado.

Una ‘burbuja’ de lujo
Con la primera cena, el grupo parece una piña. Buen cebique, delicioso vino del país, y decenas de anécdotas de cada uno que preparan al grupo para el día siguiente. Para el segundo día de nuestra estancia, el recorrido elegido es el poblado de Tulor, de más de 3.000 años de antigüedad que se encontraba sepultado por la arena hasta que en 1982 se restauraron dos de las casas, permitiéndonos hacernos una idea de qué técnicas utilizaban en aquellos tiempos en la construcción. Entre unos caminos y senderos de los antiguos pastores pasamos todo el día fuera del hotel. El equipo de apoyo funciona y el picnic del medio día nos da una idea de cómo serán los días venideros. Una vez llegados al hotel, un masaje y un rato de tranquilidad nos prepara para los días fuera de nuestra burbuja de lujo.

El tercer día de nuestro viaje es el elegido para pasar la noche acampando. Cuando apretamos por última vez las cinchas, ajustamos los estribos y enfilamos la salida de los establos, algo en el ambiente dice que el día va a ser excelente.

Las expectativas se ven cumplidas. Durante el día, se visitan a caballo las Termas o Baños de Puritama, ubicadas en un cañón montañoso de gran belleza natural y compuestas por varias fuentes de agua que fluye a 33º C creando a su paso cascadas y pozas en las que es posible bañarse. La acampada está permitida, pero es difícil encontrar troncos para hacer fuego, lo que complica aún más soportar el extremo frío de la noche. El lugar es como un gran teatro. Un cielo puro y un silencio que sólo se rompe por la fractura de alguna piedra por las diferencias térmicas entre el día y la noche. Todavía quedan otros días con recorridos de unos cuarenta kilómetros. La aridez de la zona parece estimular la belleza. No se necesitan velocidades muy altas para aumentar el disfrute…
El recorrido de vuelta al hotel es el momento ideal para sacar estupendas fotos de los bellísimos paisajes del desierto de Atacama, fotos que por otro lado serán los testigos de nuestra osadía a caballo para los amigos que nos esperan a la vuelta.

Al día siguiente, ya descansados, nos encontramos plenamente dispuestos para visitar Taconao y el Salar de Atacama. El salar se encuentra salpicado de numerosas lagunas como la de Puilar, Chaxa y Barros Negros, en las que se producen una de las experiencias más fantásticas de nuestro viaje: el observar los flamencos andinos. Después de una parada para hacer fotos, el viaje continúa hasta Taconao, un pueblo colonial, pequeño y muy bonito, que se encuentra en un oasis donde crece todo tipo de fruta y se refrescan los caballos. El grupo funciona y eso se nota en el ambiente.

Antes de volver al hotel, un chapuzón en las pozas de la Quebrada de Jerez son el colofón ideal para esta excursión. Para nuestro último día en San Pedro, hemos dejado el recorrido por el Valle de la Luna, que se encuentra a 30 kilómetros del pueblo. Es la excursión más larga de todas, pero ya nuestro cuerpo se encuentra acostumbrado a montar durante horas. El final no podía ser mejor…
12/26
Comparte esta noticia  
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de TrofeoCaballo.com, web oficial de la revista Trofeo Caballo, todo sobre el mundo del caballo
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • Su dirección de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.