Desde Jerez
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| Felipe Morenes y de Giles |
Última actualización 01/10/2004@00:00:00 GMT+1
Dice un antiguo fandango: “La garrocha es mi manía, el fandango mi ilusión . . .” . Es la garrocha por definición una pieza de madera de aproximadamente tres metros de longitud. Su forma es ligeramente tronco cónica. La parte posterior, se llama regatón y la frontal, puya.
La madera de la cual tradicionalmente se han construido estos instrumentos ha sido la majagua, que procedía de Cuba y otros países Sudamericanos. Tenía la propiedad de que cuando se partía se ‘tronchaba’ y no lo hacía sesgadamente como otras. La rotura al sesgo tiene el inconveniente de convertirse en un peligroso cuchillo capaz de producir graves accidentes tanto al jinete como a la caballería.
Las garrochas de majagua procedían de un rol, instrumento usado en las salinas para recoger la sal de los esteros secos. A resultas de su contacto con el medio salino y su exposición al sol, estaban perfectamente ‘curadas’ para cumplir con este segundo uso que se les encomendaba.
Actualmente cada vez más se usan de fibra de carbono, que difícilmente se quiebran y ofrecen un óptimo resultado. Mas pierden el romanticismo.
La garrocha se usa para varias funciones, fundamentalmente, para la faena campera más bella: el Acoso y Derribo; pero también para picar toros bravos en las plazas y tentaderos. Antiguamente, existía un juego conocido como salto de la garrocha que consistía en correr en la misma dirección de la acometida de la res brava y al encuentro clavarla en suelo, elevándose por el aire y saltar sobre ella.
Se llama soltar, al momento en que se coloca el caballo en suerte, esto es, un poco a la derecha del becerro y a una distancia de unos 20 metros; la garrocha se apoya sobre el brazo izquierdo cogida con la mano derecha, dejando un sobrante de una vara o menos de la mano al regatón; de ahí se pasa la garrocha por encima de la cabeza del caballo y con la mano muy firme y pegada al pecho, se arrea al caballo sobre el becerro y apuntando bien a la palomilla derecha y muy reunido con el caballo, se hace la echada, o sea, se tira al becerro.
Un mítico personaje, Álvaro Domecq Díez, lo describe así: Acosar es correr detrás de él, para arrearlo en otra dirección de la que quiere ir y hacerle coger la que el vaquero necesite dirigirlo. Así en las tientas de machos a campo abierto, prueba eficiente para medir la bravura de la camada y para elegir los becerros de la retienta, la collera de garrochistas acosa, corre tras el eral separado del rodeo y lo lleva acosado hasta donde está el picador; allí lo derriba con su garrocha para que al ser derribado sienta el ímpetu de su bravura, que con picador se mide a puyazos.