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Última actualización 01/09/2004@00:00:00 GMT+1
Cientos de peregrinos a caballo han inundado la plaza del Obradoiro durante este año Xacobeo. Aquí ofrecemos una ruta ideal para llegar hasta los pies del Apóstol Santiago
Las rutas a caballo son una de las opciones de la equitación que más satisfacciones pueden aportar al aficionado; el contacto con la naturaleza, los paisajes pintorescos o el itinerario elegido son algunos de los ingredientes que hacen de esta actividad ecuestre una de las más atractivas. Si a esto se le agrega un enfoque religioso-cultural y nos convertimos en peregrinos vamos a tener una experiencia difícil de olvidar, y todo ello con la bendición del Apóstol Santiago.

El Camino de Santiago o Ruta de las Estrellas, es uno de los itinerarios más transitados de la Europa Occidental; no sólo en la era cristiana sino desde más atrás en la Historia. Los pueblos ancestrales guiados por sus sacerdotes o druidas vinieron siguiendo el rastro de la Vía Láctea hasta el Finisterre. Ya en la era cristiana este tránsito seguía activo, aunque no sería hasta la Edad Media cuando más auge tuvo, viniendo peregrinos de toda Europa a rendir honores al Apóstol Santiago.

De los itinerarios hacia Santiago, en La Guía del Peregrino Medieval (‘Codex Calixtinus’) del Papa Calixto II, en el siglo XII, ya se dice: “Cuatro son los itinerarios que conducen a Santiago y que en Puente de la Reina, en tierras españolas, confluyen en uno solo”. El primero pasa por Saint-Gilles, Montpellier, Tolosa y Somport; el segundo por Santa María del Puy, Santa Fe de Conques y San Pedro de Moissac; el tercero por Santa María Magdalena de Vézelay, San Leonardo de Limoges y la ciudad de Périgueux; y el cuarto, por San Martín de Tours, San Hilario de Poitiers, San Juan de Angély, San Eutropio de Saintes y la ciudad de Burdeos. La ruta de Santa Fe, la de San Leonardo de Limoges y la de San Martín de Tours se juntan en Ostabat, y pasado el Port de Cize se unen en Puente la Reina a la ruta que pasa por Somport, formando desde allí un solo camino hasta Santiago.

Un peregrino para cada día
Se puede ser peregrino de tres formas distintas: haciendo el camino a pie, a caballo o en bicicleta. Y así está estipulado por los albergues que acogen a los viajeros del Apóstol.

Muchísimo se podría escribir sobre el Camino de Santiago y su historia pero en este caso nos vamos a centrar en lo referente a hacer el Camino a caballo.

El planteamiento del viaje lo podemos hacer de dos formas: haciendo un planning de las distintas etapas con sus puntos de avituallamiento y descanso, a la vez que llevamos un vehículo de asistencia con todo lo necesario para los caballos y jinetes, o simplemente salir e ir haciendo las distintas etapas aprovechando los recursos del propio camino a la hora de pensar en la alimentación y el descanso de caballo y jinete. Quizás la primera sea una forma más racional y posiblemente más segura, pero la que va a condensar todo el espíritu de un buen peregrino va a ser la segunda opción, en la que prescindimos de todo tipo de asistencia que no sea la del propio Camino y la Divina providencia.

Debemos tener en cuenta que los albergues de peregrinos están pensados actualmente para personas y en todo el itinerario compostelano difícilmente vamos a encontrar poco más de dos o tres sitios especializados donde estabular los caballos. Pero esto no quiere decir que no podamos alojar los caballos al final de las etapas, pues siempre vamos a disponer de alguna cuadra o algún prado que facilitarán los vecinos de los pueblos, acostumbrados al tránsito de los peregrinos.

Qué llevar
Para los preparativos del viaje, inevitablemente debemos pensar en todo lo necesario para la alimentación y cuidados de nuestro caballo. Una montura cómoda y con capacidad para poner bultos donde llevar el pienso, impermeables, mantas, y quizás una pequeña tienda de campaña. La montura tiene que ser cómoda para el jinete y no menos para el caballo. Puede ser de ruta o de cola de pato con argollas donde sujetar el equipaje, pero siempre cuidando que no provoque ningún tipo de rozadura ni en la cruz del caballo ni en ningún otro sitio. El pecho petral y la baticola van a ser fundamentales para evitar movimientos, y el mismo criterio de comodidad debemos aplicar para la cabezada, la cincha y demás componentes.

Otro punto fundamental del caballo que debemos cuidar con mucho mimo es la parte locomotora. Los cascos deben estar bien cuidados y bien herrados, ya sea con un herraje convencional o con alguno especial (vidias, teflón o fibra). El herraje con vidia posiblemente es el más duradero, aunque tiene detractores por el efecto que provocan los clavos de vidia sobre el asfalto en las articulaciones del caballo, pero si se va a combinar asfalto con caminos de tierra y no se va a abusar de transitar por asfalto, posiblemente sea el más duradero. También en nuestro equipaje llevaremos alguna herradura o algo tan práctico como es el zapato (un artilugio de material plástico que se acomoda con unos corchetes), por si acaso se suelta o se pierde alguna herradura.

El caballo antes de iniciar la marcha tiene que estar perfecto, libre de toda cojera o lesión y si esta entrenado para este tipo de marcha mejor que mejor. Nunca debemos abordar una empresa de este tipo con un animal que no esté en condiciones.

Por lo demás y ya sobre la marcha se podrá observar que al tercer día de viaje los caballos suelen sufrir un bajón que les dura un par de días, pero del cual rápidamente se recuperan. De los jinetes no vamos a hablar… Eso nos lo contarán ustedes si hay oportunidad.

Alerta en el asfalto
Hay que tener mucho cuidado con todo tipo de vehículos motorizados en los tramos del camino en los que confluye con carreteras o están cerca de ellas y, sobre todo, con los camiones que llevan toldos o lonas, que con el viento pueden asustar a nuestra montura. En los cruces hay que mirar muy bien antes de pasar, y no olvidemos que la cultura del caballo hay gente que la desconoce hoy día, y no se da cuenta que un caballo es un ser vivo y no una máquina.

Este año puede ser un momento interesante para peregrinar, pues es el año Xacobeo, aunque se puede hacer el Camino en cualquier momento, claro está. No obstante, las mejores épocas del año son la primavera y el otoño.

Se trata de un buen pretexto para viajar como lo hacían nuestros ancestros y una experiencia que recordarán siempre.

No podemos concluir este reportaje sin agradecer la colaboración de Giorgio, un peregrino italiano que viaja a Santiago junto a Erica, su esposa, sus correspondientes monturas y sus dos perros, rompiendo las barreras del tiempo, y a la empresa especializada en este tipo de marchas: Viva el Deporte, de León, con la que pueden contactar en el numero de teléfono 987 26 30 13.
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