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Última actualización 01/09/2004@00:00:00 GMT+1
El asno Zamorano-Leonés continúa trabajando en las labores agrícolas en la escasa zona geográfica que habita. Comenzamos con él un ‘paseo en burro’ por las diferentes razas de pollinos que caminan hacia la extinción
Pequeño pero corpulento, de abundante pelaje, de capa mal teñida, con una voluminosa cabeza y unas grandes orejas. Así es él. Hablamos del asno Zamorano-Leonés, una de las pocas razas de pollinos que pueblan la geografía española y que, desafortunadamente, se encuentra en el umbral de la extinción. Trofeo Caballo va a realizar un ‘paseo en burro’ por cada una de las razas de estos singulares animales que encierran una gran tozudez y una gran nobleza.

Originado a partir del equus asinus europeus, tronco común a otros asnos europeos, el burro Zamorano-Leonés abundaba antiguamente en la zona geográfica delimitada por la Cordillera Cantábrica y Picos de Europa y los ríos Cea y Órbigo. Posteriormente, estos ejemplares se fueron exportando hasta poblar y extenderse por las dos castillas, aunque hoy días sólo quedan ejemplares en las provincias de Zamora y norte de Salamanca y en la Yeguada Militar de Écija, donde se encuentra la mayor reserva genética asnal de España.

Tozudo, rústico y poco amigo de la cuadra, el burro castellano es un animal bien conformado y corpulento, lo que le otorga un aspecto de gran solidez. Su pelo es oscuro, una capa negra que parece estar mal teñida e incluso sucio. Su cabeza es bien grande y tiene un abundante pelaje entre los ojos y en el cuerpo, lo que hace ser especialmente singular. Sus ojos, el contorno de las orejas y la parte inferior del vientre son de gran tamaño y su perfil es recto, así como las cuencas de los ojos, que están muy marcadas.

Identidad propia
Utilizado durante la antigüedad en las faenas agrícolas y responsable en gran medida de la aparición de varias razas de asnos extranjeras, como los Poitou o el Americano, no sería hasta el año 1940 cuando la raza castellana recibe el espaldarazo definitivo para su conservación, pues la Dirección General de Ganadería implantó en esta fecha el Libro Genealógico en las provincias de Zamora y León. Sin embargo, el proyecto pasa a ser papel mojado durante los años sesenta. En 1980, el Estado, a través del Ministerio de Agricultura y Pesca, cataloga a esta raza de ‘protección especial’, pasando finalmente en 1997 a formar parte de la lista negra de animales en peligro de extinción.

Ya para entonces, en 1982 concretamente, los Servicios de Cría Caballar y Remonta, comenzaron en la Yeguada Militar de Écija los trabajos necesarios para recuperar ésta y el resto de razas de pollinos existentes en España, siempre de la mano de las diferentes asociaciones de burros. El primer paso a seguir fue delimitar el patrón racial del burro Zamorano-Leonés, que es el siguiente.

El patrón racial
La cabeza del burro castellano es grande y alargada, más pequeña en el caso de las hembras y con una amplia nuca. Las orejas son grandes y anchas, su hocico tiene el chaflán característico y cuenta con una potente mandíbula inferior de canal amplio.

El burro de Castilla tiene un cuello corto, recto y musculoso, aunque una vez más es más fino en las hembras. Su tronco es moderadamente corto, con una cruz poco destacada y una grupa elevada, oblicua o almendrada, mientras que el pecho es alto, ancho y profundo.

Sus patas son gruesas y están pobladas de abundante pelo, con unos cascos anchos y bien desarrollados.

La capa predominante es la negra degradada hasta convertirse en plateada en las cercanías de la nariz, alrededor de los ojos, axilas, parte inferior del pecho y cara de las nalgas, bragadas y bajo vientre. Tiene un gran desarrollo capilar-lanar que le otorga una particular fisonomía.

El desarrollo del burro Zamorano-Leonés está actualmente controlado por su propio Libro Genealógico, que gestiona la Junta de Castilla y León desde hace seis años. Esto, sin duda, ha supuesto un gran impulso para el sector y para la raza, que camina desgraciadamente hacia la extinción. Jesús de Gabriel, presidente de la Asociación de Criadores de Burros Zamorano-Leonés (ASZAL), no puede ser más tajante: “Esta raza corre peligro actualmente y por esto está correctamente declarado animal en peligro de extinción”.

En peligro de extinción
ASZAL tiene censados 1.300 ejemplares, que no parece una cifra pobre. Lo que ocurre es que muy pocos procrean por diferentes motivos que pasa a explicar el presidente del colectivo. “En primer lugar, porque muchos de estos animales son viejos. Por otro lado, los ganaderos son muy reacios a la cría porque utilizan a las burras como herramienta de trabajo y la gestación implica trastornos en el trabajo. Este es nuestro principal problema, al que hay que añadir los propios problemas reproductivos de estos animales”.

El objetivo que persigue en estos momentos la asociación del burro castellano es dibujar un nuevo futuro y ubicación social a estos simpáticos animales. Es cierto que la mayor parte de este ganado continúa realizando labores agrícolas, como antaño, pero desde ASZAL se es consciente que hay que potenciar más su utilidad. Una nueva vía adecuada de comercialización del burro castellano parece ser el turismo rural, aunque de momento el tránsito de estos animales por estos carriles no es demasiado fluido.

Con todo, Jesús de Gabriel ha definido el perfil del comprador actual del burro Zamorano, que asiste a las principales ferias y certámenes morfológicos, en los que se celebran subastas, en busca de estos ejemplares. “El principal público de nuestros garañones es el propietario de una pequeña parcela de terreno que en vez de meter vacas prefiere meter a estos animales, por su particular pelaje y porque son muy sociables. Compran lotes de hembras y machos con la única intención de disfrutarlos”, asegura De Gabriel.

La labor de Cría Caballar
La asociación quiso en su día atajar el principal problema con el que se encuentra la raza: fomentar la cría. De los 1.300 ejemplares censados, sólo 35 de ellos son machos aptos para reproducir, de los que la mayoría son propiedad de Cría Caballar, que los tiene estabulados entre la Yeguada Militar de Écija y el Depósito de Sementales de Ávila. Para animar a los ganaderos a contribuir a la cría del burro se multiplicó el precio de salida de estos animales al mercado, aunque no se puede afirmar que con esto se esté notando un crecimiento en la cabaña. En estos momentos, el precio de los burros castellanos oscila entre los 102.000 y los 180.000 euros, en el caso de los buches (burros jóvenes), y los 600 euros en el caso de los adultos.

El comandante Juan Manuel López es una de las personas que mejor conoce a estos animales, pues está al cargo de la cabaña de pollinos de la Yeguada Militar de Écija. Reconoce que esta especie equina no pasa por su mejor momento pero invita a empresarios y aficionados a buscarle al burro un hueco entre el hombre. “El sentido del burro en la actualidad está orientado hacia tres ámbitos: la ruta ecuestre, el trabajo en la sierra (donde la máquina no llega), como animal de compañía, que cada vez está más extendido, y como equinoterapia. Se está comprobando que están dando unos resultados muy positivos con personas con algún tipo de discapacidad”.

De las tres razas que actualmente se crían en la Yeguada Militar de Écija, Andaluza, Catalana y Zamorana, son estas dos últimas las más demandadas por el público, “porque tradicionalmente sus machos han sido los mejor seleccionados”, asegura el comandante López.

De buche a garañón
El nombre que adopta el burro nada más nacer puede ser buche o rucho, lo que en el caso de los caballos responde a potros. Existe una segunda etapa, entre el asno joven y el adulto, en la que el animal adopta el nombre de pollino, una nomenclatura que es exactamente igual para todas las razas asnales. Una vez adultos, a los sementales también se les conoce como garañones, que son los que Cría Caballar pone a disposición del ganadero en las paradas públicas.

Todos los ejemplares asnales se controlan y se doman desde que nacen en la Yeguada Militar de Écija. Aunque es cierto que esta especie equina es más amiga de la libertad que del box, lo cierto es que desde que son buches a todos los individuos se les familiariza con los establos, pues a la edad de tres años comienza la fase de adiestramiento. “Lo primero que les hacemos nada más nacer es pesarlos y medirlos todos los meses para controlar el crecimiento y la producción láctea de la madre. Si se comprueba que la leche no es buena, se separa de ésta para que el desarrollo no se paralice”, explica el comandante López. El asno, a diferencia del caballo, tiene una alimentación bien distinta, pues su metabolismo es diferente. “El burro es un animal rústico que precisa una alimentación rica en cereales”. La mayor parte del año (desde septiembre a junio) estos pollinos del Estado retozan a sus anchas en las 32 hectáreas de terreno de la finca militar Las Turquillas. Es en este hábitat donde más y mejor protegido está el burro, pues no hay que olvidar que es un animal que necesita ayuda si queremos alejarlo del umbral de la extinción.
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