Última actualización 01/08/2004@00:00:00 GMT+1
El Rancho Longonot, en el corazón de la sabana africana, ofrece a los amantes de los caballos una oportunidad única para disfrutar de la naturaleza más salvaje del planeta
En el corazón de Kenya, los amantes de los caballos tienen una oportunidad única para disfrutar de estos animales en unos parajes impresionantes. No es un rancho cualquiera, ya que nada más llegar uno tiene la sensación de estar en un sitio único. La magia del lugar ha llamado a muchos. Tal vez por eso lo eligió el escritor Ernest Hemingway como su lugar de retiro en Kenya y algunas de las escenas de la película ‘Memoria de África’ fueron rodadas en sus inmediaciones.
Un hogar en la sabana
El estilo colonial preside toda la construcción. El porche que nos introduce en la casa nos adentra en un mundo sensacional, donde las seis suites nos garantizan el descanso rodeados por la madera, los detalles africanos y un estricto toque colonial. Pero lo más sobresaliente de esta propiedad son las 8.000 hectáreas que tiene, garantía absoluta de independencia y de disfrute de la naturaleza africana. Una tierra sin vallados, con límites que van más allá de la mirada.
El rancho se levanta a la sombra del monte Longonot y tiene unas impresionantes vistas al lago Naivasha. Con esto podría ser suficiente para vivir todo el esplendor de Kenya, pero aún hay más: el valle del Gran Rift, el parque nacional del lago Nakuru y las cuevas del monte Suswa nos aseguran disfrutar a caballo de los alrededores del monte Longonot. Y, por supuesto, el Masai Mara, una reserva mítica...
Una salvaje compañía
Gacelas, jirafas, cebras, elefantes, hienas, chacales, zorros, búfalos, leopardos y multitud de aves están dispuestas a acompañar el viaje a caballo por estas tierras africanas. El punto de partida es Longonot Ranch House, pero por delante existe diseñado un fabuloso safari a caballo por Kenya. Seguimos las huellas dejadas por Tony Church, el pionero de los safaris de larga distancia en este país africano a comienzos de la década de los setenta.
Cuando sale el sol los caballos ya están preparados. El desayuno ha estado a la altura de las circunstancias. Buen café humeante, pan de verdad con mantequilla casera y una mermelada que recuerda a las compotas inglesas de Essex. La huella colonial no ha desaparecido del todo.
Los caballos, árabes cruzados, están ya preparados para salir a cabalgar. Su fortaleza nos garantiza las mejores condiciones para una montura que ningún día será inferior a las siete horas. Los compañeros de ‘expedición’ nos miramos unos a otros, como si todavía no nos creyéramos que estamos en un sitio tan impresionante.
África nos llama
Dejamos atrás los volcanes del monte Longonot y de las colinas Chyulu. Llegamos a la falda del monte Kilimanjaro, un gigante que inspiró ‘Las nieves del Kilimanjaro’, la sensacional novela de Ernest Hemingway. Rodeado por extensas planicies, la visión de este gigante es impresionante. La vegetación, el entorno, la quietud y la magia del continente africano en estado puro. No hay ruidos de camiones, nuestro coche de apoyo sólo aparece para suministrarnos refrescos y esa bendita agua que anima a seguir. Tampoco falta un traguito de gin-tonic, que para algunos “es la mejor aportación de los británicos al mundo de la medicina”.
Y a la hora de dormir, todo es tan sencillo y confortable como descansar en la tienda de campaña después de una cena con deliciosos sabores africanos. Cae la noche en Kenya, la cima del Kilimanjaro nos protege y descansamos de un duro día de montura.
Sin embargo, aún queda por delante lo más destacado. El Kilimanjaro nos sirve de puerta de entrada al Masai Mara. “Mister, mister! Six o’clock, six o’clock!”... Una cremallera se abre y una bandeja con café humeante entra dentro de la tienda de campaña. En quince minutos todos estarán preparados... Aunque hemos dormido pocas horas, la cama es buena y el cuerpo está descansado.
Iniciamos nuestro ‘riding’ hacia uno de los santuarios naturales de África, el Masai Mara, muy cerca de la frontera de Kenya y Tanzania. Es el corazón del antiguo reino de los guerreros masais. Además, siempre que se habla de safaris, se debe hablar del Masai Mara, una forma de vivir las famosas ‘Memorias de África’ con ritmo moderno. Es un placer revivir aquellas escenas montando a caballo y persiguiendo a las cebras, tal y como hacían ellos mismos en la película.
Su Majestad el león
En esta ‘meca’ de los safaris, se encuentran los llamados ‘cinco grandes’ de la fauna africana: el león, el elefante, el rinoceronte, el leopardo y el búfalo. Todos conviviendo con la justa armonía que permite su supervivencia y dándole al paisaje el toque que todos los extranjeros están buscando para sus fotografías.
En la Reserva de Masai Mara es un lujo despertarse cada mañana. En el exterior de nuestro campamento, los animales nocturnos van apagando su particular sinfonía, para dar paso a un día nuevo y al ritual cotidiano de la sabana africana. Una rápida ducha con agua caliente, un sorbo más de café y un bocado de bizcocho sirven para poner el pie en el estribo.
Aunque la mayoría de la gente podría pensar que todavía es muy pronto, el amanecer es la hora perfecta para contemplar a los animales en el Masai Mara. En las zonas más húmedas, los elefantes se dan un tremendo festín matinal. A no muchos metros, los impalas y los topis comparten el desayuno. Quienes no están tan tranquilos son un gran rebaño de ‘tommys’, nombre coloquial de la gacelas Thomson, y es que una pareja de guepardos acechan al grupo.
Tras unos segundos, la tensa tranquilidad se transforma en un espectáculo de muerte. Quiebro a la derecha, quiebro a la izquierda, un salto más del ‘cheetah’ y la pieza está capturada. Con el respeto propio de un gran conocedor de la naturaleza, el guía de nuestra expedición nos aconseja que mantengamos los caballos a una prudente distancia, alrededor de unos cincuenta metros de donde “las fieras” despachan a su captura. La belleza de la escena queda muy por encima de su descripción. Y aunque en la naturaleza la caza no está asegurada, a los madrugadores siempre se les guarda algún espectáculo de esta calidad.
Así es ahora este safari moderno. Atrás quedan las incomodidades de un mundo no carente de riesgos. Con todas las innovaciones de las actividades outdoor, los campamentos en el Masai Mara han ganado en comodidad. En la mayoría de los casos, la base del campamento es una amplia construcción que sirve de comedor para todos los residentes, junto al cual un gran fuego preside las animadas noches en donde los grupos se reúnen para tomar una última copa. A veces, la cerveza no está tan fría como sería de desear, pero las pequeñas incomodidades se suplen con creces ante los regalos de la naturaleza.
El sueño cumplido
Y es que nuestra estancia en el Masai Mara es uno de esos viajes que todos los ‘amantes de la acción’ estamos deseando hacer, más aún a lomos de un caballo. Armados con una buena cámara fotográfica y el chalequillo de mil bolsillos tendremos suficiente para crearnos la aureola de exploradores intrépidos en medio del magnífico paisaje africano. Y por si no tuviéramos suficiente, siempre está el placer de cabalgar sobre un caballo. No hace falta más.