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Desde Jerez

Felipe Morenes y de Giles
Última actualización 01/08/2004@00:00:00 GMT+1
Durante toda la semana de El Rocío han ido peregrinando desde los más recónditos lugares de España, desde las lejanas provincias isleñas españolas, multitud de Hermandades portando sus Sinpecados; han cruzado veredas, cañadas, caminos, ríos, lagunas y carreteras para postrarse ante el altar de la Blanca Paloma, rendirle su anual tributo y alcanzar su bendición.

Este caminar y todo este gozo no sería posible sin la importantísima colaboración de caballos, bueyes y mulos a los cuales le toca la peor parte de esta odisea. Mi afición, pasión casi diría, me lleva a observar escrupulosamente y con ojo crítico cuanto acontece en referencia al comportamiento de los jinetes hacia sus cabalgaduras, a la calidad de éstas, a su cuido y a su estado de adiestramiento (doma).

En primer lugar, observo que la calidad de los caballos, procedentes de los mas diversos orígenes, ha subido de la una forma notoria. Predominan los caballos con mucha cruza en español, más frecuentemente castrados; supongo que será por las cualidades que proporciona esta raza: la nobleza, la resistencia y la adaptación al medio. Suelo verlos con un bastante aceptable grado de gordura, brillantes y aseados. Sus crines por lo general entresacadas entre cuatro y seis dedos; no cortadas, sino como he dicho entresacadas: “pulled mane”, que dicen en la lengua de Shakespeare y que es una forma muy gráfica de describirlo. Abundan también bastante los colinos, es decir con el maslo cortado, práctica que está prohibida en otros países por la sociedad protectora de animales. Después de esta “raza” de cabalgaduras, pueden verse algunas buenas jacas cruzadas, en P. S. I., árabe o con las tres sangres. A forma de ver, son las mejores, pero exigen un mayor grado de capacitación en el jinete. Por último, como de todo tiene que haber en la viña del señor, hay también un porcentaje de caballos de nota deficiente y otro de nota baja.

En cuanto a los atalajes, también afirmaría que se ha aprendido mucho. La guarnicionería se ha popularizado y presentación aceptable. Los concursos de doma vaquera y las publicaciones especializadas, han educado notablemente a los aficionados. Sí haría una crítica al estado de limpieza y engrase de los cueros; también a la limpieza y pavonado de los bocados y espuelas. Es difícil mantener un cierto grado de higiene, dada la hostilidad del medio: caminos polvorientos, calor etc.. Pero existe un término medio que hay que lograr. Fundamentalmente lo digo pensando en el caballo: este debe de sentirse cómodo con los atalajes si queremos que se comporte agradablemente y esto no es posible sin lo primero.
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