Última actualización 01/06/2004@00:00:00 GMT+1
Nuestro último reportaje dejaba a la yegua en su recién iniciada faceta de madre. Queremos ahora orientarles para que la aventura del destete llegue a buen fin y podamos convertirnos en los sufridos propietarios de un futuro campeón
Tras el parto, si todo ha marchado bien, debemos dejar que madre e hijo disfruten de su mutua presencia, se huelan, laman y creen los vínculos naturales correspondientes. Aproximadamente una hora después podremos acercarnos a la yegua, inspeccionar la placenta y “presentarnos” al potro, vigilando la actitud de la madre y tranquilizándola si se mostrara inquieta o agresiva (cosa que puede ocurrir por mucho que nos conozca).
La primera reacción del potro ante la figura extraña de un depredador (nosotros) será huir y refugiarse en su madre por lo que nuestra primera asignatura será ganarnos su confianza. Nos interesa aprovechar la debilidad del potro en sus primeras horas para tocarle por todo el cuerpo y dejar que nos huela: esto es el imprinting. Deben realizarse movimientos cortos y lentos, a semejanza de los lametazos de la madre, y hablar con voz suave. Cuando el potro nos reconozca y siga habremos logrado nuestro objetivo. Será suficiente limpiar el ombligo y aplicar alguna sustancia desinfectante.
Durante las primeras horas debemos asegurarnos de que el potro mama con regularidad y sin que la madre “ponga ninguna pega” (en caso contrario habrá que hacer todo lo posible por que la madre acepte amamantar el potro y evitar por tanto tener que intentar una adopción o su crianza artificial). Es de vital importancia para la vida futura del potro que mame la mayor cantidad de calostro posible. Si estuviera débil y no pudiera levantarse le ayudaremos nosotros mismos, levantándolo cada media hora y acercándolo a las mamas para que coma. Habrá que vigilar además que expulse el meconio (de no ser así podría mostrarse incómodo e incluso llegar a tener cólico).
Pensión completa
La alimentación y el alojamiento de la yegua y el potro dependerán en gran medida de la época del año en que se produjo el parto y de las circunstancias de éste. Si alguno de los dos hubiese sufrido algún daño o requiriese atención especial por un motivo u otro será el veterinario el que indique la mejor forma de enfrentarse al problema.
Por otra parte, cuando todo ha transcurrido con normalidad lo ideal es que la crianza del potro se realice de la manera más natural posible. Si el tiempo lo permite dejaremos a los animales en libertad en cercados adecuados (sin alambres ni otros elementos que puedan dañar a los potros en su afán aventurero), en los que dispongan de hierba abundante y agua a todas horas. Un refugio amplio y bien orientado, que evite los vientos fuertes y dé sombra en las horas de más calor, será la “casa de los sueños” de cualquier familia equina. Se debe evitar a toda costa criar un potro metido en un box.
Es aconsejable “ayudar” a la madre en su alimentación, tanto por aportar mayor cantidad de comida como mayor calidad y variedad. No hay que olvidar que un potro crece a pasos agigantados y tiene unas necesidades nutricionales específicas. Deberemos vigilar que el potro mame a menudo (un potro sano vaciará las ubres de la yegua; unas ubres goteando leche nos indicarán que por alguna razón el potro no está comiendo) y que la madre tenga leche suficiente (en caso contrario el potro cambiará de mama continuamente y dará golpes a su madre con el hocico). Una vez más, será el veterinario el más indicado para fijar la dieta de madre e hijo teniendo en cuenta el tipo y cantidad de pasto del que disponen. Hacia el mes de edad un potro empieza a interesarse por la hierba y el pienso, por lo que es recomendable colocar un pesebre para potros (con unas barras estrechas que impiden que la madre se coma el pienso) junto al de la yegua.
Conducta
Las pautas de comportamiento del potro durante sus primeros días de vida son muy simples: dormir, mamar y jugar con su madre. En estos días la distancia entre madre e hijo es muy corta. Al principio la madre seguirá al potro allá donde vaya, pero pronto perderá interés y será el potro el que la seguirá para alimentarse y sentirse protegido. La madre permanecerá al lado del potro cuando éste duerma o descanse tumbado, e incluso le hará de sombrilla dándole sombra cuando se haya tumbado a pleno sol.
Entre el segundo y el tercer mes de vida el potro empezará una época de socialización que supondrá una progresiva separación de su madre y marcará las pautas de comportamiento respecto a otros animales, incluido el hombre. Podremos verle aseándose o colaborando en el aseo de otros potros de su edad (se rascan y mordisquean), mostrando actitudes de sumisión frente a otros adultos de la manada, curioseando por el prado y jugando.
Preparando el camino
Podemos asimismo empezar a levantarle al potro los cascos y, a partir del tercer mes, arreglárselos si hubiese necesidad. Es importante llevar a cabo todas estas actuaciones con suavidad pero con autoridad. Es el momento ideal de darle a entender al potro que somos sus amigos, que no queremos hacerle daño, pero que él tampoco debe hacérnoslo a nosotros. Ahora puede que nos haga gracia que se bote cuando le tocamos la grupa, que salte cuando le cogemos la mano o que nos mordisquee al ir a verle al prado. Cuando sea grande no nos hará ninguna gracia. Ahora es el momento de educarle.
El destete
Durante los próximos meses tendrán lugar en las yeguadas los destetes de los potros nacidos este año. Nuestro deseo, una vez más, es ayudarles a entender este periodo cruel pero necesario para el correcto desarrollo del potro.
Antes de mencionar las posibles maneras de destetar debemos dejar claro que este proceso repercute sobre dos aspectos bien diferenciados de la vida del potro: el nutricional y el emocional.
Transcurridos los tres primeros meses de vida la calidad nutritiva de la leche materna empieza a decrecer y el potro ya ha empezado a comer algo de hierba y grano. Llegado el sexto mes nos veremos en la obligación de aportar una alimentación adicional adecuada a la constitución del potro para que éste se desarrolle y crezca de la mejor forma posible.
Además aquellos dientecitos que salieron a los quince días ya son fuertes y molestan a la yegua cuando el potro mama, por lo que ésta comienza a mostrarse un poco “hostil” cuando su hijo se acerca para comer. En estado salvaje ésta, junto con una más que probable nueva preñez, sería una de las razones por las que la yegua deja de amamantar al potro.
Superado el asunto del cambio de alimentación, lo que más hace “sufrir” al potro en su destete es la separación de su madre (no olvidemos que lleva toda su corta vida pegado a ella). Sin embargo, el principal objetivo del destete es precisamente apartar a los potros de las atenciones y protección maternas para que aprendan a desenvolverse por sí mismos y no desarrollen una vida excesivamente subordinada.
Por lo tanto, a pesar de la ansiedad, el estrés y el temor del potro, entendemos que el destete es un proceso necesario, incluso para el buen funcionamiento de la yeguada (separación de la manada por edades y sexo, agrupamiento de las yeguas madres, acelerar la recuperación de reservas por parte de la yegua para afrontar con éxito una nueva gestación ...).
Momentos de tensión
El destete nunca es bien aceptado por ninguna de las dos partes por lo que debemos prepararlo bien con el fin de que el sufrimiento sea el menor posible y no se corra ningún riesgo innecesario (les sorprendería saber de lo que son capaces yeguas y potros para volver a reunirse). Podríamos dividir las formas de destete en dos grupos: un alejamiento drástico de madre y potro, manteniéndolos lo más separados posible para que no puedan tener contacto alguno; o una separación más escalonada, colocándolos en boxes contiguos que les permitan olerse, verse, tocarse y oirse (se mantendrán unidos y “charlarán” hasta que los lazos de unión se vayan aflojando y ambos se desacostumbren a la presencia del otro). Nuestra experiencia personal nos hace decantarnos por esta última opción pues, aunque es más lenta, resulta menos traumática.
La emancipación
A partir de este momento el potro pasa a ser un “personaje” individual cuyo correcto desarrollo hemos de vigilar para lograr tener un caballo sano tanto física como mentalmente.