Hemeroteca :: 01/05/2007
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Última actualización 01/05/2007@00:00:00 GMT+1
Dice el refranero español que el hábito no hace al monje. De eso nada. Para el prestigioso sastre gaditano unas buenas hechuras en el traje de corto es lo que de verdad va a distinguir a un jinete de otro. Puede que ésta sea la razón por la que los mejores toreros y jinetes de Doma Vaquera acuden a su taller a que les vista. O puede que simplemente sea su arte, su arte de recuperar y mantener vivo el arte de la tradición
Tiene setenta años pero es joven de espíritu y está, por supuesto, sobradamente preparado. Hablamos del artista, maestro y sastre Pepe Berenguer, gaditano y vejeriego de adopción. Es una persona sencilla y muy trabajadora y por su taller, situado en la avenida de San Miguel en Vejer de la Frontera (Cádiz), han pasado toreros, ganaderos e incluso los artistas más afamados del panorama nacional. Pero, sobre todo, han pasado los mejores jinetes de Doma Vaquera, porque no todo es un caballo domado. Hablamos del gran maestro Pepe Berenguer. Él trabaja de sol a sol y todos los días del año, porque así se siente feliz y más jovial si cabe. Y es que para este maestro del arte de la costura la constancia, el esfuerzo y la perseverancia son factores fundamentales para triunfar en todos los campos de la vida y en este mundo del campo, del toro, de la ganadería del espectáculo y del arte aún más, porque todo lo que Pepe Berenguer hace es lucido por todos estos personajes de diferentes ámbitos. Comenzó este maestro a los trece años. Él reconoce que lo que le gustaba de verdad era el fútbol pero era muy travieso y muy malo, así que toda esa energía la dosificaba Manolo Barrido, un sastre de los de antes que tenía un taller en su mismo barrio gaditano, en la plaza de Jesús Nazareno. Fue este veterano sastre gaditano quien le quitó de jugar a la pelota y le metió en su taller en las vacaciones. “Mi madre acertó”, dice Berenguer. Manolo Barrido como no tenía hijos trataba a Pepe Berenguer como si fuera suyo y le enseñó todos los secretos del taller. “Me enseñó de todo y algo muy importante”, dice el propio Pepe Berenguer: “Que como no sepas confeccionar no hay nada que hacer. A las telas hay que darle las formas, hay que modelarlo todo muy bien. Si no hay taller no hay nada”. El salto a Madrid, y a la fama Pero fue en los años setenta cuando este gran artista gaditano se va la capital de España. En Madrid, Berenguer tuvo la gran suerte de darle la mano a uno de los mejores sastres de la época, Santiago Pelayo, que “era el único que hacía el traje de corto andaluz, el traje de luces de los toreros y el que cosía a todos los grandes de la época, como Luis Miguel Domingín, Belmonte, Joselito El Gallo o Álvaro Domecq Díez”, recuerda. Y es que Pepe Berenguer nació con dotes para este mundo del arte y de la costura. Él dice que el arte de coser lo siente muy adentro. “Igual que se me pone el vello de punta al escuchar un quejío de Camarón de la Isla o del Beni de Cádiz que cuando veo que una de mis prendas quedan como pintadas a mis clientes”. Recuperar el arte La nostalgia invade la mirada de nuestro protagonista cuando habla del traje andaluz, que ha sido capaz de cruzar fronteras y es el traje de campo y de concursos de una de las disciplinas ecuestres más vistosas, la Doma Vaquera. “El traje de corto es el estandarte de Andalucía y siento una gran pena porque se está perdiendo el valor de esta prenda. Pienso que es una desgracia que esto desaparezca porque la realidad es que no hay sucesión. Antes existía una figura en el taller de costura que era el aprendiz, pero hoy día nadie quiere trabajar sin cobrar, entre otras cosas porque no hay vocación”. Con todo, Pepe Berenguer no se puede quejar, porque tiene un taller de bandera, de los que ya no quedan. Pepe Berenguer tiene el legado de los mejores sastres del panorama nacional de la época, como Pelayo, Cornejo o Botuli, que era el sastre de la cinematografía. Pero también como explorador de la sastrería ha ayudado a maestros como Cerezal y de todos y cada uno de ellos ha sacado lo mejor de lo mejor. Este ha sido el sistema que Pepe Berenguer ha adoptado para crear su propia línea exclusiva y única y que está transmitiendo a la perfección a todos los integrantes de su actual taller, una nueva etapa de su vida que está llenando de alegría este episodio maduro del veterano e inconfundible sastre gaditano. El sello de la casa ¿Qué tiene un traje de Berenguer que no tengan otros trajes? Buena pregunta. Primero tiene lo que no se ve. Las ganas de trabajar y la fuerza de voluntad del sastre y de su compañera en la vida y en el taller, Manoli Jiménez, que juntos forman un tándem perfecto. Luego está lo que se ve: la hechura del traje y la artesanía. Pero dice Pepe que ese no se qué que tienen sus trajes son “las dotes que te da la vida. Mis trajes son diferentes y sabes que tienen un sello distinto y buena prueba de ello es la cantidad de clientes que vienen de fuera”. El gran maestro del traje andaluz que cose con empaque y maestría dice que se muere cuando ve un traje suyo y hasta se dice para dentro: “¡Ole tus narices Pepe!”. Para nuestro protagonista cada traje que entrega es un reto; no se considera un negociante, no es pesetero; es un artesano y eso quiere que quede muy claro. Clientes de grana y oro Uno de sus clientes más conocidos es Eduardo Capetillo, que es un importante torero mexicano. A raíz de su amistad con él, a Pepe le salieron otros trabajos para público mexicano, como un caballista muy afamado. Y es que por el taller de Pepe Berenguer han pasado un amplio número de toreros, caballistas y garrochistas, como Eduardo Dávila Miura, Raúl Gracia “El Tato”, Ignacio Uceda Leal, Emilio Oliva, los garrochistas Miguel Falcón o los Torres Gallego, o los renombrados jinetes de Doma Vaquera, Mariano Pérez Berrocal o Manuel Rodríguez, varias veces campeón de España de la disciplina. Todos ellos mantienen la etiqueta campera de Pepe Berenguer y de Manoli Jiménez, que llevan años de sus vidas trabajando por recuperar y conservar la artesanía, con una visión bastante pesimista del panorama actual: “A veces uno piensa que somos los últimos en mantener este oficio tan artesanal porque no falta trabajo, lo que faltan son aprendices”. Con todo, en esta buena casa no falta trabajo porque lo mismo se hace un marsellés, una guayabera o unas calzonas que una casaca o unos brichis para la monta a la inglesa, un traje de corto y bata de cola de gala para una boda rociera, o se viste a un torero de goyesco, a una amazona o a un cochero a la federica”. Tocamos todos los palos –dice Manoli Jiménez- desde un chaqué hasta modistería. Eso sí, todo a base de mucho trabajo y muchas horas porque la sastrería es muy bonita pero muy sacrificada”. Y mucho más para vestir a un torero de corto, que hay que sumar elegancia y movilidad. Lo explica Berenguer: “Un matador de toros, por naturaleza y por definición, es dueño de un empaque y de una dignidad profesional que le impide acudir a una faena campera vestido de deportista. Acude siempre de corto. Es la manera de corresponder al honor que le hace el ganadero anfitrión. Los buenos profesionales cuidan mucho la estética de su ropa campera, no solamente para los festivales”. Pero además es ropa de trabajo: “tiene que ser una segunda piel, requiere muchas más medidas de minuciosidad que la ropa de vestir y cada profesional tiene su especialidad. Tiene que ir al milímetro y cuidar mucho la calzona porque anatómicamente el torero suele tener las piernas muy fortalecidas y trabaja muchísimo con ellas en la plaza, así que la calzona tiene que ser como la piel”. El sueño de una escuela propia Al maestro Berenguer le gustaría crear una escuela propia, siempre buscando un sello peculiar: “En la ropa de equitación pasa lo mismo, para la doma vaquera o el paseo en una feria. A veces da pena ver lo mal que van algunos y para ir a caballo nuestra tradición exige cuidar el estilismo y la estética al máximo”. La artesanía requiere también una buena pañería, explica Manoli Jiménez: “Hemos trabajado toda clase de paños y tejidos de acuerdo con las preferencias de cada uno. Ahora por ejemplo hay muchos toreros que buscan la pana y el terciopelo, mientras que los caballistas siguen optando por las lanas frías y las alpacas. Para el marsellés, pura lana virgen”. Y de la Vaquera al Carnaval Pepe Berenguer sigue su tradición de vestir alguna comparsas, como este año que ha vestido a “Los literatos”, de Barbate (Cádiz), y “Los derrotados”, de Pedro Romero. “No echo de menos Cádiz, voy a cada momento, ¿tú sabes lo bien que se vive en Vejer y con este trabajo tan bonito?”. Pero sin duda el maestro está encantado en este pueblecito de la costa gaditana donde ha fijado su residencia y hasta donde se desplazan los amigos y clientes de esta gran persona que junto a Manoli Jiménez han hecho de este taller un verdadero rincón artesanal y donde se respira la constancia, buen hacer y mucho arte. Se engrandece Pepe Berenguer al decir con la boca llena que tres trajes suyos se han lúcido en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. “Eso para mi fue como para un pintor decir que sus cuadros han estado expuestos en el Museo del Prado. Mi pena es que el ayer de verdad se está perdiendo. La gente va a lo cómodo y esto es un trabajo que te tiene que gustar mucho para poder ejecutarlo”, sentencia el maestro. Pero una cosa sí que tiene muy clara Pepe Berenguer: sus trajes son una sobrepiel, así es que imagínense cómo quedan las prendas de este artista cuando están acabadas. Francamente, pintadas. Son verdaderas obras de arte. Tienen sello y etiqueta propia. Y como maestro de la farándula podemos destacar su andadura como maestro en el taller de la sastrería Cornejo, muy afamado en Madrid, y en el de Antonio Pajares. Durante esta época en la capital de España, cosió y vistió a numerosos artistas del momento, como a Larrañaga, al que le hizo un smoking en tan sólo veinticuatro horas, a los cantantes Nino Bravo y Bruno Loma, a Faico, el bailaor de Lola Flores, y a Pepe Cabrales, también bailaor, pero en este caso de Pastora Imperio. Y actualmente le está cosiendo a Felipe Campuzano, a quien le está diseñando los trajes para el nuevo disco que saldrá muy pronto al mercado. Lo que está claro que sus trajes son “una ensalada de los mejores maestros que he tenido a lo largo de toda mi andadura profesional”. Un factor muy importante a al hora de elaborar un buen traje son las telas y las entretelas. Quizá las entretelas sean más importante que la tela. “Trabajamos con un material que al final se agradece. Las adquirimos en Barcelona y en Izquierdo de Bejar, que cuando no encuentro una pañería me la facilita él. Si no tengo tejido no puedo trabajar”, dice el maestro, que tiene los mejores tejidos del mercado. “Estamos hablando de buena calidad y al fin y al cabo yo busco el ayer”. Como está ocurriendo con la moda actual, que se está volviendo a lo retro, se está volviendo a la moda de antaño de los años sesenta y setenta. Pero después de tantos años trabajando para este mundo han sido muchas las anécdotas que Pepe Berenguer tiene a sus espaldas. Hay una muy simpática que la recuerda con verdadero cariño. Resulta que tenía un cliente que era ganadero y le dijo un buen día: “Mira Pepe te voy a mandar al cochero para que le hagas un traje corto y una casaca”. Y a esto que se presentó el cochero en su taller de Cádiz. Pepe, al verlo, dijo: “¡Madre mía!, si este hombre tiene las hechuras de un barril! Entonces Pepe sentó en la sala al ganadero mientras el cochero salió y nunca más volvió. Sin duda este hombre que nace y se hace para este mundo de la costura y de la sastrería dice que el día que se acabe el taller se acaba la artesanía y lo compara con un buen restaurante, que por muy buena presencia que tenga, si la comida no está buena no vuelves. “El taller es como la buena cocina”. Berenguer insiste en que hay que crear escuela y hace un llamamiento a las administraciones para que se organicen cursos de este tipo para fomentar esta actividad, “porque estamos en Andalucía, donde por suerte tenemos numerosas fiestas relacionadas con el caballo y con el toro. No se puede perder esta tradición del taller y de la sastrería, porque cuando nos vayamos nos la vamos a llevar a la tumba y eso es una pena”.
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