Hemeroteca :: 01/05/2007
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El caballo en el turismo rural II

Última actualización 01/05/2007@00:00:00 GMT+1
Ya tenemos nuestro complejo rural para organizar rutas ecuestres. Ahora debemos saber las reglas básicas para saber respetar y convivir con la naturaleza, la fauna y la flora, que está antes de nuestra llegada
Comencemos retomando de modo somero los argumentos que en la anterior entrega esgrimíamos a favor del concepto de turismo ecuestre como modo singular de viajar y conocer lugares. Nos permite lograr un nivel de relación con el entorno natural y las personas que lo habitan realmente alto, recuperando ritmos y cadencias antiguas, variando el orden de nuestras prioridades. Lo importante no es llegar rápido, lo fundamental es el viaje, descubrir paisajes y caminos a los que de ningún otro modo podríamos acceder, recuperando viejas vías de comunicación y, de algún modo, revitalizándolas, rescatando del olvido un uso tradicional, el del caballo como modo de transporte. Un medio de transporte a la última, sostenible, de escaso o nulo impacto ambiental.

Recordemos también, y no nos llamemos a engaño con lo idílico de la propuesta, lo complicado que es apostar por el turismo ecuestre para un alojamiento de turismo rural, básicamente por dos razones: una, la fuerte inversión necesaria, previa al inicio y durante el mantenimiento de la actividad, más si cabe si tenemos en cuenta la estacionalidad que hoy por hoy va aparejada a las rutas a caballo, y esto nos lleva al segundo motivo, la falta de demanda. Y es en este aspecto en el que se debe hacer hincapié, porque, qué fue antes ¿el huevo o la gallina? ¿Será que la falta de una oferta amplia y de calidad de actividades de turismo ecuestre es lo que provoca que la gente no se anime a realizar viajes a caballo? Quizá no, pero ¿por qué no intentarlo? Diferenciemos nuestra oferta, hagámosla original, tratemos de romper la estacionalidad con propuestas adaptadas a las diversas temporadas, y, sobre todo, difundámosla. Antes de continuar y a propósito de lo mencionado, recordar a los potenciales empresarios aspectos fundamentales que en la primera parte no se trataron y que son básicos para el correcto funcionamiento de un alojamiento de turismo rural con actividades de ocio vinculadas al mundo del caballo: la ya aludida gestión comercial, los aspectos jurídicos, y los seguros necesarios tanto de responsabilidad civil como de accidentes. Aspectos todos ellos muy burocráticos que a muchos pueden parecer tediosos y escapar de sus capacidades como empresarios del turismo, por tiempo o por falta de conocimientos específicos. En estos casos, se ha de contar con un profesional que se encargue de todo ello, pero nunca dejarlo de lado.

La oferta de la ruta La oferta de rutas y actividades puede ser tan amplia como podamos imaginar. Ahora bien, nos centraremos en lo más real y próximo y mencionemos algunas en virtud de varios criterios. Si lo determinante es la duración, debemos distinguir tres tipos de actividad: Paseos a caballo. De una a tres horas de duración, con un recorrido de cuatro a nueve kilómetros. El grado de conocimientos necesario es bajo, de hecho, es un tipo de actividad muy indicada para aquellos que no han montado nunca a caballo y para los que ésta será su primera experiencia, por lo que el objetivo es que sea un grato paseo para conocer los alrededores de un modo diferente, y una toma de contacto inicial con el turismo ecuestre.

Rutas de una jornada. La distancia recorrida será de diez a veinte kilómetros, tardando en realizar la ruta entre tres y seis horas, sin contar el tiempo destinado a la comida; ésta por lo general habrá que desplazarla a modo de picnic a un lugar previamente determinado y al que tendrá acceso el coche de apoyo. Existe también la posibilidad de cargar la comida en alforjas o en un caballo destinado para la carga. Esta actividad requiere ya unos mínimos conocimientos de equitación.

Rutas de varias jornadas. Serán rutas de al menos dos días de duración en las que la distancia mínima que se recorrerá será de unos veinte kilómetros. Requiere para el jinete un grado de conocimiento de equitación medio y una práctica más o menos regular de la actividad ecuestre.

La primera de las modalidades descritas es casi siempre una ruta circular, es decir, coinciden el punto de partida y el de llegada. Las otras dos, y sobre todo la tercera, pueden ser también rutas circulares (se sale de las cuadras del alojamiento y la ruta finaliza también en las mismas), o bien rutas continuas en las que el lugar de finalización de la ruta es distinto del de partida. Del trazado de las rutas De lo descrito hasta ahora es fácil deducir que las rutas de una jornada y de varias jornadas de duración, además de ser las menos demandadas, son las que implican un mayor nivel de esfuerzo por parte de la organización: primero para su diseño y trazado, y segundo, para su efectiva realización. Comencemos por el principio, la planificación y el desarrollo de una ruta, digamos de aquí en adelante y de modo genérico larga, requiere un trabajo previo arduo, y casi siempre el asesoramiento de cierta población local, única conocedora hoy día de las antiguas y tradicionales vías de comunicación, viejos caminos de herradura y vías pecuarias ganaderas (cordeles, veredas, cañadas…) que trataremos de reutilizar aunque con un fin bien distinto del tradicional. En el diseño del itinerario se deben evitar en la medida de lo posible los trazados de roca desnuda, sobre todo en zonas de cortados, ya que los caballos podrían perder las manos y caer, del mismo modo se tratarán de evitar los recorridos por asfalto.

Además del trazado de la ruta, con los mencionados problemas de recuperación de la información necesaria relativa a senderos y caminos en desuso, otros aspectos han de tenerse en cuenta y planificarse: el alojamiento y bienestar de las personas en los diferentes puntos de descanso; el aprovisionamiento de víveres, tanto de jinetes como de caballos; la ubicación de los caballos, en unas condiciones mínimas de confortabilidad, en las diferentes paradas; el suministro de sus correspondientes piensos y la localización de los abrevaderos para el agua; la planificación de los momentos y lugares de descanso a los que poder acceder con el 4x4 para poder aprovisionar de cualquier elemento necesario… Todo ello coordinándolo con unas jornadas de duración y grado de dificultad admisibles para la correcta funcionalidad de los caballos y los jinetes. Examinar el nivel de los clientes Para la efectiva y exitosa realización de una ruta larga todavía nos quedan aspectos que organizar y concretar. Una vez que el grupo que va a realizar la ruta llega a nuestro alojamiento debemos antes de nada analizar mediante una pequeña encuesta el grado de conocimientos de equitación que cada uno posee, así como su experiencia en la realización de rutas. En virtud de los resultados asignaremos los caballos a los diferentes jinetes, y siempre y cuando no sea una ruta de un solo día, dedicaremos la primera jornada o al menos una parte de ésta a comprobar que la adjudicación de los caballos ha sido la correcta. Asimismo, esta toma de contacto inicial servirá para acoplar la montura al jinete; que éste se sienta cómodo en ella (generalmente se utilizan sillas inglesas pero quizá algún cliente nos pida algún otro tipo de montura que le facilitaremos en caso de disponer de ella), que la longitud de los estribos sea la adecuada… Antes de iniciar definitivamente la ruta consultaremos el parte meteorológico para prever lo necesario en caso de lluvia o incluso nieve. Listos ya para iniciar la ruta. Al menos dos personas, en permanente contacto, deben guiar la actividad, una a la cabeza y otra a la cola, además de un coche de apoyo en contacto permanente y listo para acudir siempre que sea preciso. La presencia de dos guías nos permitirá en ocasiones partir en dos el grupo, en ciertos tramos en que sea posible, para que los más experimentados puedan trotar y galopar, mientras el resto continúa tranquilamente al paso. Rutas para todos los gustos Podemos también clasificar las rutas en función de objetivos concretos asociados a la realización de éstas. Se trata de añadir un aliciente más a la actividad, al tiempo que diversificamos y ampliamos la oferta. Rutas de reconocimiento del medio natural, en las que, y gracias a la ayuda de un guía experimentado y conocedor de los valores naturales de la zona, descubriremos y conoceremos valores faunísticos (guardando silencio, el ir a caballo es un modo ideal de ver especies animales en libertad, su paso impacta menos que el nuestro), botánicos, geológicos… Rutas de reconocimiento del medio histórico-cultural, en las que se perseguirán valores etnográficos y culturales tales como, explotaciones ganaderas o agrícolas tradicionales, construcciones populares, edificios de interés monumental o arquitectónico… Rutas de trashumancia ganadera, con ganado ovino-caprino, o vacuno, manso o bravo, las cuales nos permitirán un conocimiento de primera mano del modo de vida y el ritmo de trabajo de los pastores y ganaderos. Esta actividad, especialmente atractiva, tiene gran cantidad de valores añadidos: revitalización de vías pecuarias (veredas, cordeles…); convivencia con el ganado (éste marca la pauta y el ritmo de la ruta); posibilidad de observar de primera mano el comportamiento natural del caballo en el campo y en contacto con otros animales… Rutas gastronómicas, rutas de safari fotográfico… En cualquiera de los casos mencionamos lo más normal es que el empresario ponga sus caballos a disposición de los clientes, pero hay casos en que los jinetes quieren viajar con su propio caballo. Para estos casos hay que prever una mayor capacidad, real o potencial (cuadras móviles) en nuestras instalaciones (hoteles para caballos). Las normas claras Antes de iniciar cualquier actividad de turismo ecuestre han de quedar claras una serie de normas que todos los jinetes deberán asumir y acatar. Cualquier ruta a caballo, si son varios los jinetes, requerirá la armónica convivencia de los participantes durante el desarrollo de la misma. Las actividades mencionadas tienen en común su realización en zonas naturales, generalmente de alto valor medioambiental, de aquí que sea conveniente establecer un código de campo que se cumplirá del modo más estricto posible durante el desarrollo de las mismas. La normal colaboración entre todos es una norma básica para el éxito de la actividad. La intención del empresario es que todo transcurra según lo previsto, pero la aparición de problemas e incidencias son cuestiones impredecibles e inherentes a la propia actividad y al medio en el que se desarrolla, y como tales han de asumirse: caballos que se descalzan, obstáculos físicos infranqueables en nuestro camino, lluvia, frío, accidentes… Debemos estar abiertos a las posibles demandas de potenciales clientes que deseen realizar una actividad específica y diferente de las ofertadas en cualquiera de los aspectos que las concretan. Por ejemplo, en el número mínimo de jinetes necesario para organizar una ruta de safari fotográfico; quizá alguien quiera realizar la ruta en solitario para tomarse el tiempo necesario para hacer las fotografías y no depender de las inquietudes de otros jinetes. Se ajustará la oferta a la demanda y se tratará de cumplir con las expectativas del cliente.

Una vez establecidas las rutas la peor parte del trabajo ya está hecha, centrémonos entonces en una adecuada difusión de estas para rentabilizar el esfuerzo realizado, darnos a conocer nosotros y dar a conocer nuestra zona.
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