Opinión/Firmas
Pie a tierra
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| Fernando ESCRIBANO |
Última actualización 01/12/2006@00:00:00 GMT+1
La sociedad española tiene poca tolerancia al fracaso. Apenas lo sobrelleva empleando grandes dosis de ingenio y desparpajo. Por ejemplo en el fútbol, el aficionado más recalcitrante utiliza la gracia y la socarronería para limar las aristas de la derrota; porque también hay que saber mantener el orgullo ante la adversidad (¡“Viva er Betis manque pierda”!). Y no es cuestión de acostumbrarse a la frustración, pero es necesario aprender a convivir con ella. Al fin y al cabo, el saber que se puede perder forma parte del aprendizaje de todo deportista.
El camino hacia el éxito es largo y duro, pero se recorre más fácilmente y se llega más lejos si se viaja libre de prejuicios, temores y otros condicionantes. Creo que en eso consiste el ser un eterno aprendiz, y puede que sea este concepto a lo que llaman “suerte del principiante”. ¿Por qué si no es tradición que marque el gol, precisamente el jugador que debuta con la selección?.
A mi juicio, sólo quien no tiene nada que perder puede ganarlo todo. En estos casos la entrega es total, la ilusión es la que empuja, no se ve lejana ninguna meta, ni imposible ninguna altura.
Pero volviendo al comienzo, está claro que tenemos mal perder y que la afición no aguanta más allá de tres derrotas consecutivas; y precisamente ahora, que Luis Aragonés ha pasado de ser el “sabio de Hortaleza” a la designación popular de “el sabio de hortaliza” (porque la selección no juega ni un pimiento), ha tenido que ser en un encuentro amistoso, en plena huerta de Murcia (el terreno de juego era un patatal), donde nuestros jugadores hayan conseguido su primera victoria después de varios meses de zozobra. Sin duda, en la motivación ante un reto, puede ser tan importante el ansia de victoria como el no sobredimensionar la derrota.
Y todo esto para intentar analizar, muy someramente, los resultados de la representación española en los pasados Juegos Ecuestres Mundiales en Aachen. Allí se demostró que quienes más tenían que perder fueron, efectivamente, quienes más perdieron y viceversa. Así, el equipo de Doma Clásica, marcado por las circunstancias, no consiguió reeditar sus éxitos de Jerez. En cambio, en Salto, la apuesta por la renovación y la juventud de sus jinetes sirvió para conseguir un resultado que superó ampliamente todas las expectativas. En Volteo, el cuarto puesto de Ararat Martín dejó claro que existe un espacio para la innovación y que en el futuro podrá mostrar al mundo cómo arte y deporte pueden fundirse sobre un caballo.
Por último, la medalla de oro de Miguel Vila en Raid es la culminación de un trabajo bien hecho: la elección del caballo, el entrenamiento inteligente y la estrategia en carrera. Ahora sólo queda saber rentabilizar este éxito y decir bien alto que en hípica también tenemos Campeones del Mundo. Mi enhorabuena a los jinetes protagonistas en Alemania y a los directivos que creyeron en ellos para confiarles una misión tan importante. Fueron a por todo y se trajeron mucho más de lo que esperaban.