Hemeroteca :: 01/10/2006
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Opinión/Firmas

Pie a tierra

Fernando ESCRIBANO
Última actualización 01/10/2006@00:00:00 GMT+1
Aunque sin la repercusión del permiso de conducir por puntos, hace ya unos cuantos meses que el Ejecutivo anunció su intención de que, en un futuro próximo, el puesto de trabajo de un funcionario público dejará de tener el carácter vitalicio que desde siempre ha constituido una de sus principales peculiaridades.

Una medida que supondría dar el primer paso para institucionalizar el “trabajo por puntos”, lo que podría hacer que esta fórmula de crédito a la conducta personal pudiera extenderse al resto de las circunstancias de nuestra vida.

Así, por ejemplo, en una ceremonia nupcial, el oficiante debería decir: “…os declaro marido y mujer y os doy doce puntos. ¡A ver qué hacéis con ellos!”. Y es que olvidar una fecha especial siempre fue imperdonable, pero además, en ese hipotético escenario también restaría puntos al cónyuge “infractor”.

Puestos a imaginar, también los gobiernos deberían llegar al poder con un determinado número de puntos, que podrían perder según el desarrollo de su gestión y llegar a agotar incluso antes de finalizar su legislatura, con lo que estaríamos ante una moción de censura de índole popular y por la vía rápida.

Llevando esta teoría al terreno lo ecuestre, se podría llegar a instaurar la licencia de jinete por puntos. De esta forma, entre otras, serían consideradas infracciones las irresponsabilidades en la atención a su caballo, la picaresca en la competición o permitir que la fusta sustituya a la razón. Todos conocemos ejemplos de jinetes a quienes les vendría bien estar una temporada montando sólo caballos de madera.

Y lo mismo podría decirse del gerente de un centro ecuestre que desatiende el mantenimiento de sus instalaciones o descuida la alimentación de los animales a su cargo.

Tampoco los federativos serían ajenos a este procedimiento y al acceder a la presidencia deberían hacerlo con un determinado margen de confianza que se vería reducido o incrementado en función de la eficacia de sus decisiones, de su grado de implicación en la evolución de nuestro deporte, de su capacidad para ilusionar y mantener la motivación de todas las instancias implicadas. En definitiva, de marcar un rumbo concreto y poner todo de su parte para alcanzar los objetivos propuestos.

Pero me parece que mi positivismo me ha llevado, una vez más, a plantear un mundo demasiado perfecto. Creo que nuestro país aún no está preparado para asumir tal grado de sensatez y cordura. Como siempre, la prepotencia, la envidia y las ganas de fastidiar al vecino pesarán más que la amenaza de una posible pérdida de puntos.

Al fin y al cabo, la vida está llena de puntos. Están los puntos de vista, los de fuga, los de partida… aunque sin lugar a dudas, mis preferidos son los puntos de encuentro.
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