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Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
La hípica ocupa el tercer lugar en la lista de deportes con más caídas, sólo después del motociclismo y el automovilismo. Profesionales del SUMMA 112 y del SAMUR Madrid inciden en la prevención de accidentes y, en caso de producirse, qué conductas y maniobras seguras hay que conocer para reducir las consecuencias
Hace ya algún tiempo llegué a trabajar a la base de la UVI móvil en moto. El médico con el que hacía equipo en el Servicio de Emergencias era traumatólogo. Al verme me dijo: “Iván, ya sabes que hay dos tipos de motoristas. Los que se han caído y los que se van a caer. ¿Tú de qué grupo eres?”. Yo, le respondí aliviado: “del segundo… y espero que por mucho tiempo”. Dos meses después, entré a formar parte del primer tipo, afortunadamente sin mayores consecuencias. Una lista negra La experiencia, y las estadísticas, nos muestran que algo parecido ocurre con jinetes y amazonas. 25.000 niños son atendidos anualmente por lesiones asociadas a la práctica de la equitación según la Asociación Americana de Pediatría. La distribución de las fracturas por deportes coloca a la hípica en el tercer lugar, con un 27 %, sólo detrás del motociclismo, automovilismo y por delante del esquí. Las más frecuentes son las de hombro, clavículas, codo, escafoides y tibia. La incidencia de caídas del caballo es cercana al 1% del total de veces que se monta. A esto hay que sumar otro tipo de accidentes y lesiones ocurrido pie a tierra como pisotones o coces y los generados por el sobreesfuerzo o agotamiento del jinete o amazona sin llegar a existir caída en todos ellos, como los síncopes, calambres, golpes de calor, hipoglucemias, anginas por esfuerzo, infartos, pinzamientos vertebrales… Accidentes fatales en la hípica Todavía tenemos muy reciente el fatal accidente sufrido en la Comunidad de Madrid por Carolina Aróstegui, joven y experta amazona. Como en esta ocasión, con más frecuencia de la que deseáramos, los Servicios de Emergencia Médica atendemos situaciones de este tipo. En los últimos meses, varios jinetes y amazonas han resultado con lesiones muy graves y han precisado de asistencia in situ con cuidados avanzados… También como jinete aficionado, tanto en clases como en salidas al campo, he presenciado o tenido noticia en estos últimos meses de accidentes con diferentes consecuencias para los afectados. En definitiva, debemos ser conscientes de que la actividad hípica entraña ciertos riesgos. No sólo para quien compite a nivel deportivo y en cualquier disciplina, sino también para quien trabaja pie a tierra con caballos o simplemente monta en su tiempo de ocio y hace esporádicas salidas al campo. Por eso surge este artículo, que pretende llamar la atención de profesionales y aficionados del mundo del caballo, sea cual sea su condición: jueces, monitores, técnicos, mozos, aficionados, propietarios, alumnos o padres. La intención es incidir en la prevención de los accidentes y, caso de producirse, qué conductas, maniobras y dispositivos debemos conocer para reducir las consecuencias del mismo. La prevención: el equipo de protección Ante todo, hemos de hablar del casco. Con demasiada frecuencia vemos gente a caballo sin él. Las estadísticas dicen que menos del 20 % de los jinetes y amazonas lo utilizan. Esto es una temeridad. Más del 70 % de las lesiones graves por caída son traumatismos craneoencefálicos. En tres de cada cuatro ocasiones, el lesionado no llevaba casco. Ningún centro hípico debería permitir la práctica de la equitación en sus instalaciones sin el uso del mismo. En las fiestas populares, romerías, salidas al campo, ferias, existe la atrevida idea de que es “poco estético”. La concienciación colectiva es el primer paso. Hay quien defiende su obligatoriedad en el ámbito de la competición pero no en todas las disciplinas…. ¡Craso error! En cuanto al calzado, botas o botines que sujeten la articulación del tobillo o un calzado deportivo sin suelas de talón elevado asociados a polainas y estribos de seguridad son fórmulas igualmente válidas y una combinación siempre segura. En salidas al campo, los chalecos de seguridad, cada vez más ligeros, resistentes, ergonómicos, de materiales transpirables y de fácil lavado, dan una protección añadida y evitan mayores secuelas en traumatismos toracoabdominales y vertebrales. Por último, los guantes evitan cortes y reducen los daños en pisotones, abrasiones por arrastre o por fricción con las riendas. La actuación: Qué hacer ante un accidente hípico En estos casos, debemos seguir unas pautas básicas que, didácticamente, se presentan como los eslabones de una cadena denominada “Cadena de supervivencia”. Precisamente, el primer eslabón consiste en Asegurar la Escena para, después, Alertar a los Servicios de Emergencia de forma rápida pero eficaz, aportando datos de interés. Primer eslabón 1. Asegurar la Escena supone sujetar al caballo o caballos cercanos, incluido el de la persona accidentada, para evitar nuevos accidentes. Sólo después, se podrá acceder hasta la víctima. Es deseable que únicamente quien asistirá al lesionado permanezca a su lado. A requerimiento de este “socorrista”, otros prestarán la ayuda solicitada y siempre bajo sus indicaciones. Lo primero que hará, será dar unas palmadas al jinete en el hombro mientras le pregunta: “¿Cómo te llamas? ¿Dónde te duele?”. Con estas sencillas cuestiones sabremos si el jinete o amazona está CONSCIENTE o INCONSCIENTE. Esta diferencia es esencial. Sólo está inconsciente la persona que no responde en absoluto a nuestras preguntas y que no reacciona a nuestros estímulos. En este supuesto, el “socorrista” ordenará a un tercero que alerte a los Servicios de Emergencia. Si no hubiese nadie más que el accidentado y la persona que le atiende, será el propio “socorrista” quien realizará la llamada, permaneciendo en todo momento junto al herido. Por esta razón, es primordial disponer siempre de un teléfono móvil cuando montemos a caballo. 2. Alertar a los Servicios de Emergencia. Muchas veces no sabemos a quién llamar ni qué decir. La alerta rápida y eficaz consiste en marcar el 1-1-2. Este es el Teléfono Único de Emergencias en todo el ámbito de la Unión Europea, desde que en 1991, el Consejo de Europa, a través de una Directiva, exigió a los estados miembros establecerlo y hacerlo operativo. En España, cada Comunidad Autónoma dispone de un centro de recepción y gestión de llamadas de emergencia, que asegura el acceso a los servicios de policía, bomberos y sanitarios tras marcar estas tres cifras: 1-1-2. Este teléfono, es de fácil memorización, su marcación es gratuita (no es necesario disponer de saldo en el móvil ni introducir monedas en un teléfono público) e incluso en zonas de mala cobertura se consigue contactar con el mismo, ya que las compañías de telefonía comparten su infraestructura tecnológica, “prestándose” a estos efectos sus repetidores. Tras llamar debemos decir, en todo caso: A. Dónde estamos. Las referencias geográficas como carreteras cercanas, poblaciones, nombre del centro o de la finca, puntos de referencia en el campo, son primordiales en este sentido. Si es posible, una persona de las presentes deberá aproximarse a un punto pactado de encuentro con el recurso que se desplaza al lugar, como un cruce, acceso a un camino o entrada a una población. B. Qué ha ocurrido. Si se trata de una caída, un pisotón, una patada, un desvanecimiento, convulsiones, dolor opresivo en el pecho tras el ejercicio, etc. Caso de tratarse de una caída, si el jinete o amazona llevaba equipo de protección. C. Qué medidas hemos adoptado hasta el momento. Si está inconsciente, si respira, si se están realizando maniobras de reanimación, o si por el contrario se duele de una pierna, si estamos cohibiendo una hemorragia, presenta alguna deformidad en extremidades, presenta opresión torácica, está convulsionando, etc. A través del teléfono podremos recibir instrucciones sobre el manejo del herido. Por ello, nunca cortaremos la comunicación sin que nos autoricen desde el 1-1-2 y debemos facilitar un número de teléfono por si los Servicios de Emergencia desean volver a contactar con nosotros y pedir información añadida. Segundo eslabón Si la persona está INCONSCIENTE, deberemos mantenerla tumbada boca arriba. Caso de haber caído en cualquier otra posición, la giraremos manejándola como un bloque imaginario, de forma que mantengamos siempre alineados cabeza-cuello-tronco-extremidades. Para ello se necesitan, al menos, dos personas. Caso de encontrarnos solos junto a la víctima, deberemos mantener sujeta la cabeza y cuello del herido en la posición en que quedó tras la caída, elevando su mandíbula. Con ello evitamos que la lengua, que se relaja en personas inconscientes como músculo que es, obstruya el paso del aire a los pulmones. Si la persona NO RESPIRA, lo que detectaremos porque el pecho no se eleva ni desciende y porque no oímos ni sentimos cómo el aire exhalado sale por su boca, deberemos INMEDIATAMENTE HACER 30 COMPRESIONES TORÁCICAS. ¿Cómo? Colocando nuestras dos manos, una sobre otra, en el centro del tórax de la víctima y con los dedos entrelazados. La posición correcta es manteniéndonos perpendiculares al herido, con los brazos estirados (nunca doblarlos) y deprimiendo el tórax entre 4 y 5 centímetros. Debemos asegurar un ritmo de unas 100 compresiones por minuto, por lo que casi debemos conseguir dar dos compresiones por segundo. Tras las 30 COMPRESIONES, que contaremos en voz alta para no confundirnos, deberemos dar 2 VENTILACIONES boca a boca. Como ves, con la mano izquierda tiramos ligeramente de la frente del herido hacia atrás y con la derecha elevamos el mentón. Manteniendo esta posición, con el dedo pulgar e índice de nuestra mano izquierda pinzamos la nariz de la víctima, y acercamos nuestra boca a la suya, rodeándola con nuestros labios. Soltaremos el aire de nuestros pulmones dentro de la boca de la víctima de forma suave y durante no más de dos segundos. Recuerda. Lo haremos 2 veces. A partir de ese instante, repetiremos la secuencia de las 30 COMPRESIONES y 2 VENTILACIONES sin detener las maniobras de reanimación en ningún momento salvo que el paciente comience a respirar y moverse vigorosamente, si llegan los Servicios de Emergencia que habíamos alertado o si estamos exhaustos (caso, este último, de fuerza mayor). Si después de acercarnos a la víctima, resulta que ésta responde a nuestras sencillas preguntas (“¿Cómo te llamas? ¿Dónde te duele?”), entonces la persona está CONSCIENTE. Incluso aunque pueda encontrarse algo aturdida. En este caso, disponemos de tiempo para llamar pasados unos minutos, mientras nos ocupamos de inmovilizar el cuello, si existe dolor en el mismo, descubrir deformidades en las extremidades, curar las heridas, taponar hemorragias, calmar molestias en zonas dolorosas, etc. Estas conductas tan sencillas pueden evitar secuelas e incluso la muerte. Y conviene ser muy claro al respecto. Las maniobras de reanimación básicas descritas, realizadas de forma inmediata a una persona inconsciente que no respira, salvan a la víctima. La ausencia de las mismas durante no más de cinco minutos hacen que la supervivencia sea casi nula, o bien que las lesiones neurológicas con que se recupere a la persona sean irreversibles, quedando en coma de por vida. ¿Qué podemos y debemos hacer? La Real Federación Hípica Española exige unos conocimientos básicos a los monitores de equitación (Técnicos de Nivel I) en su trayectoria curricular. En otros países de Europa, como Francia, Alemania, Dinamarca u Holanda estas exigencias son aún mayores. Cualquier persona cercana al mundo del caballo, incluso cualquier ciudadano, debería conocer las pautas de conducta a seguir tras un accidente y practicar estas maniobras tan sencillas de reanimación. En las propias instalaciones de los centros hípicos de nuestra geografía se están impartiendo ya cursos formativos abiertos a toda persona interesada. En ellos se simulan situaciones con maniquíes interactivos, se instruye en la alerta eficaz a los Servicios de Emergencia, a apoyar desde tierra la toma o aterrizaje de un Helicóptero Sanitario, se muestra el manejo de dispositivos básicos como los collarines cervicales, los tableros espinales de movilización, las férulas de inmovilización de extremidades fracturadas, los vendajes compresivos para cohibir hemorragias… Ojalá podamos conseguir prevenir los accidentes y reducir las secuelas de los mismos. Esta sería una gran noticia para todos aquellos a los que nos apasiona el mundo del caballo. Ojalá seamos muchos los que aprendamos pequeños gestos que salvan vidas... Para más información: FOR-EMER Formación en Emergencias Teléfono: 942 57 76 86 Fax: 942 57 76 86 E-mail: emer@for-emer.com>for -emer@for-emer.com Web: www.for-emer.com Texto: Iván ORTEGA DEBALLON Abogado. Especialista en Derecho Sanitario. Enfermero de Emergencias. SUMMA 112. Madrid. Técnico de Emergencias Avanzado. SAMUR. Madrid. Profesor Universitario. Instructor Nacional en Emergencias. Fotos: Alberto NEVADO
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  • A salvar una vida… ¡se aprende!

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    333 | juan carlos - 09/09/2008 @ 09:45:06 (GMT+1)
    Soy Juan Carlos, su marido, y ahora su viudo. Beatriz, tenía 32 años, nació en Pamplona, si bien se ha criado entre Madrid y Zamora, donde finalmente descansará para siempre. Llevábamos simplemente dos años casados, y éramos inmensamente felices juntos, hasta que el miércoles 30 de julio, la dejé tan contenta y tan feliz en el garaje de nuestra casa, cogiendo su coche para dirigirse a su trabajo a las 7:15 horas de la mañana. Tan contenta y tan feliz porque iba a dirigirse a hacer lo que más le gustaba en este mundo: montar a caballo.

    A las 10:50 horas, recibí una llamada de una de sus compañeras, para decirme que a Bea la había tirado un caballo (no se había mareado como intentanban decir algunos) y que la llevaban al hospital.

    Yo llego volando, intranquilo, nervioso, pero con la esperanza de que la caída sea un brazo, o una pierna rotos, o un golpe, pero nada de importancia, pero que equivocado estaba. Bea estaba en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte en una cama de urgencias del Hospital Clínico San Carlos. Me quedé mudo, triste, sólo quería llorar, y sin embargo, tenía que aguantar la llegada de mandos, grandes mandos del Cuerpo Nacional de Policía, a los cuales tenía que enfrentarme con serenidad, ya que no podía derrumbarme en esos momentos, mientras Bea luchaba por vivir. Mandos que venían de no interrumpir un acto en el que participaba el escuadrón al que pertenecía mi mujer, y que sabían de la gravedad de la caída.

    Ellos me expresaban 'su sentir' y me ofrecían el apoyo del Cuerpo, pero cuando yo les preguntaba ¿por qué mi mujer no llevaba casco?... ¡ups, pregunta equivocada! cambiaban el rictus de la cara, y... ¡plof magia! desaparecían, y ese mando no volvía por el hospital, mandaba a otro, para que le pusieran la cara colorada.

    Bea falleció por no llevar casco, como me aseguró Sonia, la doctora que tan amablemente la trató en la UCI y tan humanamente me dijo que Bea había fallecido. Sonia, gracias.

    Sólo espero que la muerte de Bea no sea algo inútil y pasajero, sino que a alguien le remuerdan las entrañas y se sienta tan culpable de su muerte, que dote a todos y a cada uno de los miembros del escuadrón de caballería del CNP y de la Guardia Civil si no lo llevan, de un casco protector homologado. No creo que cueste tanto dinero como para no poder afrontarlo desde el Ministerio del Interior. Creo que con un par de dietas de alguno ya se equiparía a medio escuadrón.

    Bea fue enterrada en la tarde del sábado, en su pueblo, Fariza de Sayago (Zamora) rodeada de familiares y amigos, cientos de amigos que acudieron de todos los puntos de España y de fuera para darle el último adiós, y desearle un futuro mejor, allá donde quiera que ahora mismo se encuentre. No fue enterrada con un funeral de Estado, como a alguno le hubiera gustado, no hubo fotos, ni cámaras. Simplemente silencio, sólo roto por las lágrimas y sollozos de la familia y amigos, y por el relinchar de Vaporoso, su caballo, al que trajeron unos compañeros desde Zaragoza, donde se encuentra concentrado en la Expo. Un relinchar que desgarraba el aire, como si el caballo hubiera tenido el presentimiento de que su dueña le había dejado sólo, como me ha dejado a mí.

    Sólo me queda dar las gracias a todos los que la acompañaron en ese, su último destino forzoso, y a todos los que habéis rezado una oración por el descanso de su alma.

    Y a los que no le dieron el casco, ni las botas reglamentarias, ni el uniforme de su talla, a esos... simplemente desearles que el nombre de Beatriz les atormente dentro de sus cabezas para el resto de sus vidas. Bea, donde quiera que estés, ¡Te quiero!

    GRACIAS

    Juan C. Pordomingo

    Pd. a día de hoy no se ha hecho ni el informe del accidente!!
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