Hemeroteca :: 01/09/2006
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Opinión/Firmas

Desde Jerez

Felipe Morenes y de Giles
Última actualización 01/09/2006@00:00:00 GMT+1
Salvador Cebada, fino jinete a la vaquera, de los de varita y falsa rienda. Jacas de su hierro, revueltas, andadoras, de las del mosquero de oreja a oreja, maslo cortado. Ganadero de fieras reses, de finas cornamentas y finos cabos. Tez cetrina, pitillo, borceguíes, petaca y chisquero, un hombre de otra época. Dicen que D. Álvaro Domecq y Diez dijo una vez “El que no me haya visto montar a mí, que vaya a Paterna a ver a Salvador Cebada”. Paterna de Rivera es un pueblo de Cádiz. Nuestro protagonista es un ganadero auténtico (supera ya los ochenta) que ha conseguido un encaste propio en la bravura. Los Cebadas son solicitados y temidos. Nobles, bellos y fieros. Construidos por Salvador fundiendo y mezclando varios encastes hasta darles el sello personal de La Zorrera y el Pozo del Guardia.

Tuve la suerte de conocer a Salvador en su edad madura, cuando ambos íbamos por la cañadas y veredas arreando nuestro ganado, con bueyes y mucha música de cencerros. Cuando se sabía ordenar el sonido de los cencerros, de más a menos lainos: los de cuarto de fanega, los boquiangostos, con las esquilas (que eran dos, con sonido macho y hembra), hechos con latón y bronce, restañados en aguas del Tajo a su paso por Toledo. Siempre gasta un sombrero igual. Su calzado son borceguíes para ir a pie y botos para montar, con calzonas de vuelta blanca. Su mirada es penetrante, aguda, socarrona. Su hablar es silbón y reposado.

Buen criador de caballos. Paterna de Ribera es población de caballos buenos y expertos jinetes vaqueros. Hay otras familias Paterneras muy aficionadas, los Cantizanos, Chacones o los Barrera. Paterna es famosa por su fiesta de las Vacas y el toro de Aguardiente. Cebada tiene una antigua estirpe de yeguas camperas que pacen libremente en los abundantes pastos de sus dehesas y rastrojos en verano. Son recias y sanas. Excepcionales para el acoso y derribo y el rejoneo. A veces con algunas malas pulgas, pero excelentes.

Un ganadero de antes. Sabiendo de vacas, de llevar los careos en los rastrojos, desbravar potros, andar por las veredas, destetar, ahijar, señalar las orejas, quemar con los hierros de su ganado en el sitio preciso sin quemar la piel en exceso, domar bueyes al estribo.

Ese es Salvador, el morador de la Zorrera, vecina de los Alburejos y el Toñanejo, tierras de viento fuerte de levante. Donde cuchichean las perdices en primavera y reburdean los toros en celo, ladran los gandanos, ululan los mochuelos en los retorcidos hincos de acebuche a la hora del lubrican.

Larga vida ganadero. Te envidio, respeto y admiro tu sabiduría con olor a lentisco, romero y cantueso. Contigo se irá, Dios permita que tarde, una tradición ancestral.
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