Opinión/Editorial
Última actualización 01/07/2006@00:00:00 GMT+1
El verano ha llegado y con él los planes estivales de la mayoría de los españoles. Las merecidas vacaciones comenzarán en julio para unos, en agosto para otros y en septiembre y octubre para unos pocos privilegiados. En cualquier caso, son vacaciones y se trata de buscar el descanso y la tranquilidad. Precisamente para pasar un verano tranquilo es conveniente que no nos olvidemos de nuestros amigos los caballos.
Dicho es que los regalos de Navidad llegan a la perrera por estas fechas, pues lo que en diciembre es una ilusión para toda la familia, en la temporada estival un cachorro se convierte en un fastidio. Una práctica lamentable que debería estar erradicada de nuestros hábitos.
Los caballos no son animales domésticos, aunque necesitan la presencia del hombre si lo que hemos elegido para ellos es un box con paja y pienso. En este caso, hay que concederle un puesto de honor en la lista de prioridades a la hora de partir de veraneo. Esto no significa ni mucho menos que tenga que ser un invitado forzoso al apartamento de la playa pero desde luego que hay que dejar solucionado su modo de vida y su tabla de ejercicios en ausencia de sus propietarios.
Existen varias variables que pueden hacer de nuestro caballo un animal feliz en esta época del año.
En primer lugar, y mientras que sea posible, instalarlo en un centro hípico próximo a la ciudad o pueblo elegido para el verano. De esta manera, su propietario no perderá el contacto ni con el caballo ni con el deporte. A lo largo de todo el litoral español existen numerosos centros ecuestres que ofrecen unas mínimas garantías de comodidad y sanidad para cualquier caballo, por lo que no sería un obstáculo insalvable si finalmente es ésta la decisión a tomar.
En segundo lugar podríamos buscar a nuestro caballo un voluntario en su centro ecuestre habitual para que le cuide durante la ausencia de sus dueños, una opción que se antoja la menos complicada aunque bien es verdad que en cualquier caso se debe tratar de una persona de confianza con quien el caballo se sienta cómodo.
Y por último, regalarle también al caballo una temporada de descanso en un prado o un cercado con más animales. De esta manera el caballo ganará en tranquilidad y relajación siempre que tenga lo básico: agua, comida y espacio para correr. Es cierto que una vez lo estabulemos de nuevo y comience a trabajar estará un poco bruto y cerrado, pero en cuestión de unos días jinete y caballo serán los de siempre.
Por tanto, no se olvide de planificar sus vacaciones contando con el caballo, pues nunca debemos olvidar que son animales de manada y de libertad por encima de todo y que el box acarrea demasiadas enfermedades, más aún si no trabaja. No se deje seducir por la comodidad de partir de vacaciones ni haga la vista gorda al asunto. Deje solucionado el veraneo de su caballo y todos descansarán de verdad. Disfruten.