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Última actualización 01/03/2006@00:00:00 GMT+1
El militar italiano enterró unas teorías ecuestres de Salto de Obstáculos obsoletas para dar paso a una equitación natural, revolucionaria, rompedora y que se implantó rápidamente por todo el planeta. Fue el precursor del equilibrio a caballo
Hablar de Federico Caprilli es algo totalmente frecuente en los círculos ecuestres y tener conocimientos sobre su equitación es absolutamente obligado para cualquiera que guste del caballo, pues sus teorías fueron absolutamente revolucionarias y marcaron un antes y un después de una forma totalmente evidente.
Escribir de Caprilli es harto atrevido, pues del italiano se han escrito grandes tratados en el que es el absoluto protagonista. En la mayoría de los escritos de equitación relevantes, posteriores a su existencia, se cita a este militar.
Nace en Livorno
Federico Caprilli nació en Livorno, Italia, en 1868 en el seno de una familia acomodada, siendo su padre Enrico Caprilli y su madre Elvira Rossi.
A los 13 años Caprilli se encuentra formándose en un colegio militar en Florencia y dos años después continúa en un colegio, también militar, en Roma.
Formación militar
En 1886 comenzó su formación en la Escuela Militar de Módena, en el Arma de Caballería. En la inspección médica, estuvo a punto de ser rechazado, pues medía 1’83 metros y se consideraba que existía una desproporción entre el tronco y las extremidades. Indudablemente tener semejante talla en el siglo XIX no era nada frecuente. ¡Qué diferencia con hoy en día, en que es una altura más frecuente!
Dos años más tarde fue destinado al Regimiento de Caballería de Piamonte y meses después, a la Escuela de Caballería de Pinerolo. En estos destinos no fue considerado como un alumno modélico sino más bien mediocre, pues tal vez empezaban a fraguarse sus teorías que dentro de unos principios primordialmente militares podían tener tintes de indisciplina.
La observación
La observación constante de Caprilli le permite ser consciente de que hay ideas que fallan. Las primeras consecuencias del italiano provienen del concepto del caballo como recurso incuestionable del ejército. Se da perfectamente cuenta de que la Caballería necesita una rapidez de acción y acoplarse principalmente al campo a través.
Recuerdos históricos
En este punto habría que recordar de una forma somera la equitación del momento. Los grandes maestros de la equitación y los conceptos básicos se basaban, entonces, principalmente en la equitación en recintos cerrados.
La escuela de Baucher
François Baucher (1796-1873) era el gran maestro antecesor de una equitación basada principalmente en la teoría de “mano sin pierna, pierna sin mano”, en un dominio del caballo –no exento de maestría- exagerado. Posiblemente, la equitación de Baucher había tenido como recurso inevitable el tener impedidas las piernas por causa de un accidente (le cayó encima una lámpara de araña mientras montaba, pues trabajaba principalmente en circos). Contemporáneo a Baucher fue D´Aure, también gran jinete pero que utilizó sistemáticamente la fuerza contra las resistencias de los caballos. Posteriormente, François L´Hotte sintetizó a Baucher y a D´Aure. Enseñaba las teorías de D´Aure pero montaba sus propios caballos bajo las teorías de Baucher. Las teorías de Baucher eran totalmente admiradas y seguidas por casi todos hasta la interrupción de Caprilli. Las modas de Caprilli conseguirían –como casi siempre suele ocurrir- que las de Baucher fueran absolutamente denostadas e incluso ridiculizadas; más tarde, se reconocería su gran aportación.
Más adelante, en el siglo XVI, nos encontramos con Antoine de Pluvinel, seguidor de los métodos de Pignatelli y Grisone, que insistió en suavizar las ayudas y el buen trato al caballo con la mayor comprensión del mismo. Sin embargo, sus teorías estaban basadas en trabajos y resultados conseguidos en recintos cerrados, utilizando mucho los pilares, que para muchos van en contra del avance del caballo, pero que implicaban una equitación de gran sensibilidad, aunque no natural.
Más tarde, Gueriniere, a quien se ha considerado el padre de la equitación clásica, marcaba las corrientes europeas (Versalles, Saumur, Viena...), insistiendo permanentemente en la ausencia del castigo físico y concediendo vital importancia a la flexibilidad del caballo. Fue el creador de la espalda adentro y concedió gran importancia al asiento y a la relación del mismo con las ayudas de las piernas.
Todo ello hace ver que antes de Federico Caprilli las corrientes estaban basadas en el trabajo en los picaderos; siempre y cuando los principios innovadores triunfan, lo anterior se rechaza. No creemos que sea absolutamente así, pues si bien las teorías de Caprilli están absolutamente vigentes, muchas de las anteriores también tienen una gran importancia en equitación y son absolutamente complementarias. Es más, la equitación de las casi tres últimas décadas en Salto de Obstáculos han llegado a grandes tecnicismos que obligan a no olvidar las teorías más clásicas y, más aún, con la incorporación de importantísimas competiciones indoor, que son absolutamente imposibles con una equitación exclusivamente natural. Es verdad que existen grandes concursos en que las pistas incitan a la “naturalidad”, como Aachen o Hickstead, pero estos grandes entornos, que inspiran naturalidad por todas partes, también recurren a tecnicismos concomitantes.
Alejandro Magno, el caballo y la guerra
Parece que cuando se habla de la historia de la equitación, en la que se enfrenta a lo “natural” con lo que podíamos llamar “clásico”, nos olvidamos que en el mundo siempre hubo guerras y el caballo tuvo una función primordial. ¿Se puede pensar que siempre las teorías ecuestres estuvieron basadas en los trabajos en interiores?
Alejandro Magno, antes de Jesucristo, conquista prácticamente todo el mundo conocido de su época a caballo. La manera de entrar en combate del macedonio implicaba una monta natural y clásica, de gran rapidez y destreza. Muy posiblemente, en aquella época ya se juntaban las dos teorías de alguna forma. Pero antes de Alejandro (personaje de gran sensibilidad y cultura y alumno de Aristóteles) hay que remontarse a Jenofonte (434 A.C.) oficial del ejército, a quien siempre leyó Alejandro Magno, y al que se deben los primeros tratados de equitación (Hippiké e Hipparchikos), llenos de conceptos totalmente vigentes hoy en día y no exentos de un gran clasicismo: flexibilidad, secuencia en los aires, y buen trato.
Teorías innovadoras
Vamos a seguir con Caprilli y a entender que sus teorías fueron absolutamente innovadoras y rompedoras en muchos conceptos. Lo que posiblemente no es correcto es que en multitud de ocasiones se forme como un cierta dicotomía entre las corrientes. Hay que estar de un lado u otro. No se puede tener una posición positiva en la que se aplauda lo bueno de una lado y lo malo del otro. Lo “clásico” y lo “natural” implican conceptos, cuando menos, de difícil interpretación. Las definiciones serían francamente complicadas y los sinónimos se podrían siempre considerar.
Caprilli, en 1868 es destinado al Regimiento de Lanceros de Milán. La observación del joven italiano es constante: se fija mucho en los caballos saltando en libertad. Hay que pensar que las técnicas actuales hubieran podido permitir conocer mucho mejor estas observaciones.
Caprilli preconiza de forma absoluta el equilibrio del caballo y el acoplarse al mismo. Sin embargo, el militar rompe en aquella época muchos caballos, pues piensa que se pueden galopar durante mucho tiempo en el exterior. De las grandes galopadas consigue constatar lo referido, pero le sirven para la observación minuciosa -tan sólo reservada para algunos- del caballo en su elemento más natural. Pronto se da cuenta que los caballos se lesionan.
Los caballos pueden ser rápidos y ser montados de forma natural pero es absolutamente imposible utilizarles a galope durante larguísimos recorridos. Ya Alejandro Magno era consciente de este tema y a ‘Bucéfalo’ nunca lo montaba más que en las batallas, en los intermedios siempre iba de reata. ‘Bucéfalo’ vivió cerca de 30 años.
El rey era un gran cuidador de su caballo; se ocupaba de su alimentación, de su estabulación, cuidados permanentes, le aplicaba apósitos en las extremidades después de las batallas.... Aparte de las consecuencias anteriormente referidas, Caprilli con sus métodos provenientes de la observación, que implicaban siempre el porqué de la actuación del caballo, consiguió convertir a los ejemplares más difíciles en sumisos y tranquilos.
Caprilli, el Rey Umberto I y la caza a caballo
En otoño de 1882 se inauguró la Escuela de Tor di Quinto y Caprilli era asiduo de dicho centro en el que influía de gran manera el Rey Umberto I, que era gran aficionado de la caza a caballo y de la monta exterior. No podía existir mejor ambiente para que Caprilli siguiera estudiando y poniendo en práctica su equitación natural.
Comienzan los resultados
En 1893 es el primer oficial que participa en el Gran Steeplechasse de Roma, clasificándose segundo. Más tarde, el Regimiento pasa a Parma. Caprilli sigue con sus observaciones y montando todo el día a caballo. Crea el primer campo de obstáculos oficial de Italia. Por entonces, en 1898, con su caballo ‘Bagongo’ supera 1´60 metros y más tarde, en 1901, con ‘Vecchio’ franquea 1´85 metros.
En aquel mismo año, siendo capitán de Génova de Caballería, comienza a hacer montar a sus hombres bajo muchos de sus conceptos. En 1902 participa en el concurso de Turín con ‘Galante’ y ya salta cediendo las riendas, permitiendo al caballo usar el cuello naturalmente como hoy se efectúa. Empieza a acoplar su posición a la del caballo, tratando de no buscar ningún antagonismo, pero todavía no son reconocidas de forma contundente sus teorías que ya empiezan, no obstante, a ponerse en práctica.
El aliento del general Berta
En 1904, Caprilli es destinado a Pinerolo, en donde manda el general Berta, que fue el gran protector del oficial italiano. En aquellos tiempos, una delegación militar italiana, presidida por Berta, acudió a visitar Saumur. El regimiento distaba mucho de las escuelas militares de Italia. Caprilli se quedó muy impresionado. Los oficiales franceses, de negro y oro, con su aspecto de superioridad y prepotente, hicieron múltiples exhibiciones. Sin embargo, un buen y destacado caballo que se mostraba muy excitado, hizo que Caprilli comentara que había que montarlo de manera muy diferente. Berta insistió ante los franceses para que Caprilli lo montara y accedieron. Lo hizo suavemente, sin brusquedad, poniendo en práctica todas sus teorías, iniciando los saltos lentamente al trote para al final conseguir que el caballo saltara muy bien y cadenciado. Los galos consideraron que se debía a un talento especial. Berta cree en Caprilli y él cree aún más en sus teorías.
Las teorías de Caprlli hacen que se empiece a saltar flexionándose hacia delante y acompañando al caballo, y no como se hacía hasta entonces, disponiéndose el jinete durante el salto sin perder el contacto con la montura y echándose hacia atrás. Ello conllevaría el tener que diseñar unas monturas diferentes que facilitaran los nuevos conceptos. Unas teorías rompedoras en aquellos momentos tremendistas.
Cambios en los concursos hípicos
En 1905 cambia el concepto del concurso hípico de Salto, que hasta entonces se componía de un obstáculo que se iba realzando. Comienzan los trazados. Más tarde se crea la Sociedad de Steeplechase de Italia y un año después, gracias a la iniciativa de Caprilli, se crea la Sociedad para el Caballo Italiano de Silla, que sería la antecesora de la FISE. Ya sus superiores aceptan sus teorías y Caprilli instruye a sus discípulos en las mismas. Caprilli no era rico, su sueldo de militar no era nada excesivo, su patrimonio familiar era escaso, y se gastaba todo su dinero en adquirir caballos.
Muere a caballo y el caballo en el testamento
En 1907, a los treinta años, muere de una caída a caballo, en lo que se piensa fue un accidente fortuito. Muere a caballo, remarcando tristemente para lo que había vivido. En su testamento el caballo también es protagonista, pues le deja su caballo preferido ‘Pouf’ a su hermano Vezio Santini, fruto del segundo matrimonio de su madre cuando enviudó.
Una muerte prematura que impidió que pudiera ver cómo sus teorías se expandieron por todo el mundo, y observar cómo los jinetes saltan como él propuso en un cambio totalmente innovador, diferente y revolucionario.
Un año después, su amigo y mejor discípulo desde 1898, Giorgio Bianchella, murió también en una caída (Steeplechase de Capanelle).
Teorías aceptadas en España de forma irrevocable
Las teorías absolutistas de Caprilli fueron totalmente aceptadas por la equitación mayoritaria de muchos países, siendo fundamentalmente utilizadas en Italia y también en España. Dos países latinos por excelencia y con una equitación primordialmente militar se tenían que sentir altamente orgullosos de los conceptos de Caprilli.
La influencia olímpica
Antes de la II Guerra Mundial, sus conceptos eran muy seguidos. En los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1920, la medalla de oro individual en Salto de Obstáculos la ganó el Lugarteniente Tomasso Lecquio, mientras que la de plata el Mayor Valerio, practicando la más depurada equitación de Caprilli. Acabada la contienda, imperaron sus ideas y teorías de una forma grandiosa, siendo posiblemente el máximo exponente el excepcional Piero D´Inzeo, el gran ídolo militar italiano de los finales de los cuarenta a finales de los setenta, que también ha escrito una página gloriosa y reverencial en la equitación mundial.
Otras teorías
Nadie puede poner en duda su gran aportación ecuestre, pero hay que dar también un punto de apoyo a la sabiduría y sensibilidad de otras teorías anteriores, que han servido para formar los conceptos actuales de la equitación. Hoy en día ya no se tiene como principal objetivo la guerra, sino que se ha convertido en un deporte en el que cualquier insinuación restrictiva, exenta de buen trato o falta de respeto al animal, es muy mal aceptada.
Caprilli fue un inventor y un revolucionario, pues sus teorías rompían con lo anterior, por lo que llegó a ser mal visto. Un debate muchas veces abierto, en el que los métodos de Caprilli han sido aceptados con rotundidad pero que no tienen que implicar para nada, que todo lo anterior fuera despreciable. Sin embargo, ¿alguien podría contemplar en la actualidad el saltar hacia atrás, no ceder con las riendas o no respetar la equitación natural?