Bajo de guía
Última actualización 01/03/2006@00:00:00 GMT+1
A este grito electrizante, los galgos levantan la cabeza, tensan el cuello y yerguen las orejas; el caballo deportista lanza el corazón golpeando la pantorrilla de su jinete a mas de cien pulsaciones.
Y el cazador se contagia del atávico instinto venatorio y busca con avidez la bola de lana que ha saltado con agilidad de su cama entre los surcos y se aleja ya a impulsos de sus potentes patas traseras.
Es la llamada que desencadena la secreción de adrenalina en todos sus participantes. Es la anhelada señal que dispara la persecución.
Es quizás uno de los mas “deportivos” de los deportes del campo: la caza de liebres a caballo y con galgos.
Una actividad que hoy florece en la campiña andaluza con un número creciente de adeptos. Una forma de cazar que reproduce el ancestral desafío entre el predador y la presa y convierte al hombre cazador en mero testigo de la lucha por la supervivencia entre dos especies tróficamente relacionadas a lo largo de la historia de su existencia.
Hoy, esta práctica cinegética goza de mayor popularidad que nunca, proporciona importantes ocasiones sociales y supone una notable cantera de deportistas en las disciplinas ecuestres.
Al igual que la cetrería, pone en escena el ejercicio natural de la caza por parte de una especie predadora sobre una especie presa y convierte a los humanos en simples espectadores, proporcionándoles un pretexto o una razón para disfrutar del campo a lomos de sus caballos.
Cuando estas líneas vean la luz, la competición nacional de carreras de galgos en el campo habrá designado un nuevo campeón en terrenos de Osuna y la temporada habrá dado a su fin.
Habrá empezado entonces una nueva etapa de cría, selección y entrenamiento con vistas al próximo otoño en que la campiña volverá a poblarse con esas alas de jinetes y caballos en esta actividad deportiva que como las demás modalidades cinegéticas, contribuye a la conservación de los espacios naturales y de las especies.
¡Ojalá que la espera se nos haga corta!
Santo Domingo, Enero de 2006