Opinión/Editorial
Última actualización 01/03/2006@00:00:00 GMT+1
Ahora que es época de cubriciones y de nacimientos de nuevos retoños, es el momento de hacer una reflexión del tema principal que ocupa la revista de marzo: la impronta equina. Puede que el término, que acaba de aterrizar procedente de los Estados Unidos, donde está triunfando, resulte aún lejano, desconocido e incluso inútil. Pero lo cierto es que existen estudios científicos realizados por prestigiosos veterinarios que avalan y certifican que los resultados obtenidos mejoran notablemente la relación entre hombres y caballos, siempre y cuando, claro está, la técnica se lleve a cabo bajo el máximo rigor.
En este sentido, dicen los estudios, el acercamiento sin violencia al recién nacido despierta los sentidos del animal hasta el punto de integrar al hombre en los primeros patrones y esquemas vitales de su existencia. Es decir, el hombre y su mano formará parte de su naturaleza y, siempre que se haga sin violencia ni brusquedad, se traducirá en mejorar su rendimiento futuro y en la confianza a su jinete. Lo que se aprende de potro no se olvida de caballo. Esto es una verdad tan aplastante que echa por tierra cualquier tesis sobre cualquier comportamiento negativo ajeno a un trato equivocado del hombre.
Ganaderos y propietarios de España ya están llevando a cabo la técnica de la impronta equina con sus ejemplares. Aunque aún es pronto para sostener teorías de resultados óptimos, lo cierto es que existe un primer comportamiento positivo de los animales respecto a su entorno. En el reportaje veterinario que se desarrolla en el interior del número que ahora tienen en sus manos, expertos profesionales aconsejan y ofrecen las directrices a seguir para que el procedimiento y sus resultados sean un éxito. Les invitamos a que no miren de reojo la nueva técnica que nos visita y, si está al alcance de sus posibilidades, la lleven a la práctica. No hay nada que perder y, probablemente, mucho que ganar.