Hemeroteca :: 01/02/2006
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Ganaderías
Última actualización 01/02/2006@00:00:00 GMT+1
Los caballos de los Hermanos Oriol Valverde pueden presumir de ser los más antiguos del país. No se exhiben en concursos morfológicos pero ello no ha impedido que sean muy reclamados en América y Europa
Cuando en 1757 se inscribieron en la Hacienda Santa Teresa un lote de yeguas españolas, poco o nada podía imaginar la familia Galbán que doscientos años después sus caballos iban a ser unos de los más cotizados de la cabaña ganadera equina española. Pero no sólo el valor de sus animales es lo que debía de cambiar, también lo hizo la utilidad de los caballos. Y de qué manera...

La ganadería de Hermanos Oriol Valverde se emplaza en la Hacienda de Santa Teresa, en el término municipal de Osuna, en la provincia de Sevilla. Se trata de un bello y frondoso olivar que huele a aceite y, sobre todo, a historia. El sabor de la historia que dice que hace dos siglos estas tierras eran acariciadas por el singular caminar de los caballos y la inconfundible mano del hombre. Hoy, la trabajan las máquinas y la evolución. Pero en esta finca se compaginan las labores agrícolas propias de la zona, como son los cultivos de cereal y girasol y los olivares destinados a la aceituna de mesa y a la producción de aceite, tan español, con la cría del caballo de Pura Raza Española.

Martín Galbán Gálvez, los orígenes
La yeguada concretamente procede de la cabaña que poseía la familia Galbán, ascendientes directos de sus actuales propietarios en el siglo XVIII, en el término de Osuna (Sevilla) para la cría del ganado caballar que era absolutamente necesario para las labores agrícolas de la época.

Los primeros documentos conservados de esta estirpe caballar en casa de los Hermanos Oriol Valverde datan del 1 de enero de 1757, donde la escritura de partición de Martín Galbán Gálvez aparece una relación de yeguas que se adjudican a su hijo José Galbán Calderón y a su viuda, Ana Calderón. De esta forma, la actual ganadería de Hermanos Oriol Valverde puede presumir sin ningún lugar a dudas de ser una de las pocas yeguadas españolas con tanto raigambre, historia y solera y que sigue viva gracias a la inconmensurable afición de la responsable del ganado, María Oriol Valverde.

Aquella primera partida de yeguas que aparecen en los primitivos documentos de los Hermanos Oriol Valverde ya reconocían a un lote de excelentes ejemplares formado por ‘Castellana’, ‘Jilguera’, ‘Voladora’, ‘Doradilla’, ‘Lucera’, ‘Huerfanilla’ y ‘Perlita’, las siete madres de la actual cabaña.

A principios del siglo XIX, José María y Juan Galbán Romero heredan el ganado caballar de su padre, Juan Galbán Calderón, y llevan durante años la explotación de la ganadería en sociedad. Al morir Martín Galbán Romero, la sociedad contabilizó dos caballos padres, otros cuatros caballos más, sesenta y una yeguas (veintiuna de ellas con rastras y relacionadas todas con sus nombres), veintidós mulos y cuarenta y ocho burros. Estas cifras en las fechas que estamos manejando (principios del siglo XIX) da una ligera de la envergadura y la importancia de la ganadería de caballos españoles de los Hermanos Oriol Valverde, que es directamente proporcional al tamaño e importancia de la hacienda, pues no se debe olvidar que el sentido natural de la ganadería en este olivar era meramente agrícola.

Ya en esta época, los nombres de las principales yeguas que aparecen inscritos en la ganadería de Osuna eran ‘Bandolera’, ‘Hechicera’, ‘Lobita’, ‘Gaditana’, ‘Condesa’ y ‘Vizarra’.

A partir de este momento, la nueva generación de herederos, concretamente Ramona Galbán Zayas, hija de José María Galbán Romero, cambia el nombre y el rumbo de una ganadería que llevaba más de un siglo con un mismo sello. Al morir Ramona Galbán Zayas, la yeguada pasa a manos de su hijo, José Antonio de Oriol Galbán y posteriormente a manos de Antonio de Oriol y de la Puerta, hijo de José Antonio de Oriol Galbán. Poco a poco va desapareciendo y desvinculándose el apellido Galbán de la estirpe de caballos españoles de Osuna para asociarse con la familia Oriol, hoy mundialmente conocida por los bellos caballos que crían en la provincia de Sevilla. Los caballos pasaron de Antonio de Oriol y de la Puerta a Antonio de Oriol Govantes, casado con María Teresa Valverde Hurtado, que son a la postre los padres de los actuales responsables de la ganadería, los Hermanos Oriol Valverde.

No obstante, el hierro de la ganadería aparece a nombre de José Antonio de Oriol Galbán en la colección de marcas y hierros del ganado caballar y vacuno de la provincia de Sevilla, editado por el Consejo Provincial de Agricultura, Industria y Comercio de 1884. Más tarde, a principios del siglo XX aparece el hierro de esta ganadería en el Registro de Ganaderos del Reino a nombre de Antonio Oriol y de la Puerta.

La crianza
A pesar de que el motivo original de la ganadería era el suministro de ganado destinado al trabajo en el campo, lo cierto es que la gran afición que en sus sucesivas generaciones ha demostrado esta familia por la cría y la selección del ganado caballar ha hecho que la yeguada se hay conservado hasta nuestros días con ese mismo particular sello que las vio nacer. Sin embargo, fueron las tres generaciones inmediatamente anteriores a la actual, las formadas por Antonio de Oriol Galbán, Antonio de Oriol y de la Puerta y José Antonio Oriol Govantes, son las que han impregnado a la yeguada su actual sello.

En esta ganadería, a lo largo de los años se ha ido cuidando tanto la belleza y morfología de los animales como su actitud para el trabajo, dándose gran importancia a características de la raza, como la nobleza, el temperamento y los movimientos, dando como resultado caballos con grandes aptitudes para la Doma.

De esta forma, la familia Oriol ha sido el reclamo de importantes instituciones ecuestres, como la Guardia Montada de S.M. El Rey o la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, donde se encuentran desarrollando sus cualidades caballos que han nacido en el olivar de Osuna.

Todas las yeguas de cría, a lo largo del siglo XX, han sido del propio hierro, salvo una punta de ganado formado por tres yeguas que adquirió en 1928 Antonio de Oriol y de la Puerta: ‘Electora’, de Vicente Romero, Hierro del Bocado, ‘Forastera’, de José Domínguez (Jerez) y también con el hierro del Bocado, y ‘Farolera’, igualmente de José Domínguez, también del hierro de Vicente Romero.

Los sementales
En cuanto a la selección de los sementales empleados, la familia Oriol ha utilizado en unos casos ejemplares de la propia ganadería, pero en otras ocasiones también lo ha hecho con ejemplares de otros hierros. Lo que sí está claro es que en todos los casos, se ha dado importancia a “las características del propio caballo y a su ascendencia”, según ha comentado la responsable actual de la ganadería, María Oriol Valverde.

Destacados caballos sementales de la ganadería, por sus características morfológicas y por el número de productos que han dejado en la yeguada a lo largo de los años, han sido, por orden de antigüedad, ‘Gorrión’ ((1903), ‘Africano’ (1904 a 1907), ‘Limonero’ (1930 a 1931), ‘Celebrado’ (1956 a 1957), ‘Jilguero’ (1972 a 1973), ‘Marismeño’ (1985 a 1987), ‘Habanero XIX’ (1995 a 1998) o ‘Naranjero’ (2000), entre otros muchos.

Las yeguas reproductoras pasan la mayor parte del año en el campo en amplios cercados, donde aprovechan los pastos naturales así como los subproductos de las labores agrícolas que se realizan en la finca Santa Teresa.

Los potros y las potras, una vez separados de sus madres, pasan a estabularse durante unos seis meses, periodo en el que se observa con detenimiento su adaptación a la nueva alimentación. En esta etapa adquieren gran docilidad en el manejo. Pasado este primer periodo se separan las hembras, que se incorporan a la piara, de los machos, que se agrupan en cercados, donde pastan en libertad controladas hasta alrededor de los tres años de edad, momento en que se encuadran individualmente.

En esta nueva etapa, los potros terminan ya su desarrollo con una nueva alimentación y ejercicio físico diario controlado. Para ello, la explotación cuenta con unas instalaciones adecuadas integradas por varias pistas de trabajo. Es justo en este momento cuando los caballos se inician a la doma por el personal propio de la ganadería. Con esta crianza, según María Oriol Valverde, “se potencia en lo posible la vida en libertad de los potros, con el fin de que su desarrollo sea lo más natural posible”.

Esta ganadería tradicionalmente no presenta su ganado en ferias ni exposiciones, aunque tras su venta, algunos de los nuevos propietarios que sí han acudido a concursos, han obtenido premios en diversas modalidades, movimientos y morfología. Entre estos casos cabe destacar a la yegua ‘Gorriona’, que en 1992 obtuvo un tercer premio a los movimientos en el Campeonato de España de PRE, y fue proclamada campeona absoluta en el Campeonato de España de Sicab de 1993.

Productos de esta antigua ganadería se encuentran distribuidos por toda la geografía española, gozando de un buen logrado prestigio avalado por su dilatada historia. Igualmente se encuentran productos de esta ganadería fuera de nuestras fronteras, tanto en Europa (Francia, Suecia, Inglaterra o Alemania), como en América Latina (Colombia o México) y Estados Unidos.
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