Hemeroteca :: 01/04/2007
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El caballo en el turismo rural (I)

Última actualización 01/04/2007@00:00:00 GMT+1
En este primer reportaje definimos las claves para desarrollar con éxito un negocio de turismo rural, una manera de viajar que está en desuso en nuestro país y a la que los aficionados a los caballos miramos con indiferencia. Estas son las instalaciones básicas para un negocio de turismo ecuestre
El turismo ecuestre en España es una asignatura pendiente. Para comenzar y centrarnos definamos qué es el turismo ecuestre, vayamos por partes. Según la definición del DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) turismo es ‘la afición a viajar por placer’ y ‘la organización de los medios conducentes a facilitar estos viajes’. Siguiendo la misma fuente bibliográfica el adjetivo ecuestre se refiere a lo ‘perteneciente o relativo al caballo’. Así pues y recapitulando el turismo ecuestre consiste en ‘viajar por placer con caballos, y organizar los medios conducentes a facilitar estos viajes’.

Parece obvio pero en nuestro país al hablar de turismo ecuestre casi la única referencia es la del típico paseo a caballo de una hora o a lo sumo dos horas, de gente por lo general ajena al mundo ecuestre y que de este modo experimenta su primer y posiblemente único acercamiento al mundo del caballo. Ahora bien, si nosotros, propietarios de un alojamiento de turismo rural o emprendedores que nos disponemos a inaugurar uno de nueva creación, deseamos dotar a nuestro establecimiento de un complemento que mejore y diversifique nuestra oferta, aprovechando el medio natural en el que nos ubicamos, y pensamos en el turismo ecuestre como modo para conseguirlo, no podemos conformarnos, desde el punto de vista de la rentabilidad y de la amortización de lo invertido, con los mencionados paseos a caballo.

Si ofertamos actividades de senderismo, sólo deberemos crear unos folletos o guías adecuadas que señalicen los diversos senderos de un modo fácil y claro, o bien organizar rutas guiadas con un monitor más o menos especializado. Cualquier persona de la zona medianamente conocedora del entorno puede encontrar en esta actividad un modo de inserción o reinserción laboral en zonas rurales generalmente deprimidas y en las que las ofertas de trabajo no abundan; y nuestro alojamiento, con muy poca inversión y sin necesidad de ninguna infraestructura extra, ganará en calidad de servicios.

Sin embargo, a la hora de querer mejorar nuestra oferta con el turismo a caballo son muchos los requisitos a tener en cuenta. Esta actividad precisa unas instalaciones mínimas, un equipo adecuado tanto para los jinetes como para los caballos y un personal especializado.

Instalaciones
Si las instalaciones hípicas son de nueva creación debemos tener en cuenta una serie de normas básicas para su construcción; si ya las tenemos debemos tratar de aprovechar al máximo su potencialidad beneficiándonos de los pros y tratando de corregir los contras:
La orientación ha de tener en cuenta aspectos tales como los vientos dominantes o la exposición al sol de las cuadras, tratando de evitar que ésta sea excesiva y provoque mucho calor, o que por el contrario haga de la cuadra un lugar oscuro y frío. La iluminación natural es importante para evitar gastos, aunque se ha de prever un sistema de iluminación artificial general y otro más específico para trabajos concretos como el del herrador o el del veterinario, que en ocasiones han de hacerse en horarios no diurnos.

Se ha de tener en cuenta que la cantidad de agua necesaria es elevada (aunque en la medida de lo posible trataremos de hacer un uso responsable de este recurso escaso). No sólo porque los caballos demandan un consumo habitual de agua fresca y limpia, sino por el resto de usos que se le da al agua en una instalación hípica: duchas de los caballos, limpieza de las cuadras, riego de las pistas… Por ello se debe prever un número suficiente de grifos, con buena presión a ser posible, así como una buena red de alcantarillado y drenaje tanto de las cuadras como de las pistas para evitar encharcamientos.

El caballo adecuado
El animal destinado a este tipo de actividad debe ser tranquilo, que debe reunir unas especiales condiciones tanto físicas como temperamentales: su complexión física debe ser fuerte, de edad adulta mejor que joven y demasiado fogoso, siempre bien domado y de carácter afable y equilibrado. Ha de ser capaz de dosificar sus energías en jornadas largas y duras, muchas veces caracterizadas por terrenos complicados y pendientes elevadas.

Los boxes
Los boxes han de construirse con un material resistente y no peligroso en caso de deterioro; el material se elegirá en función del clima, el uso, etc.

La altura del box tiene que ser suficiente como para que un caballo no pueda levantarse y pasar el cuello al otro lado. Lo más recomendable es cerrar las paredes hasta aproximadamente la altura del cuello, dejando que la parte superior del box permita el paso del aire y la luz, y teniendo precaución de que su consistencia y fabricación no permita que el caballo enganche una mano. Las puertas tienen que ser de material muy resistente, de una altura y anchura proporcional a los caballos y con un cierre seguro. Pueden ser de una o dos hojas. En el primer caso la parte superior ha de permitir la visión del interior. El suelo debe ser de un material fácil de limpiar y desinfectar, que no resbale y esté aislado de la tierra. El cemento con textura rayada es una buena opción. En cuanto al acabado podemos elegir, entre otras opciones, la pintura plástica, aunque su mantenimiento es anual y su coste alto, o la cal, a su favor, resultado óptimo, desinfección y coste bajo, en contra, hay que repasarlo con frecuencia. No olvidemos que al utilizar productos químicos que pueden provocar reacciones físicas en los caballos, estos deben estar fuera de las cuadras durante un tiempo prudencial. Cada box debe estar dotado de un comedero, recomendamos los de plástico que se limpian fácilmente y apenas precisan mantenimiento; un bebedero, de nivel de agua constante o a demanda del caballo, de metal o de plástico; un esquinero, para aislar la paja del suelo; y una piedra de sal para mantener los niveles de sales minerales.

Para la cama, entre las mejores alternativas está la de viruta de árboles de maderas blandas, como por ejemplo el pino, material no tóxico y libre de polvo. Además el estiércol de viruta es bueno para regenerar praderas.

En torno a las cuadras hay otros espacios que nunca debemos olvidar como son: un guadarnés cerrado para guardar los equipos tanto de jinetes como de caballos; almacenes para la comida y el material de las camas: lugar seco y con ventilación, cuyo acceso sea cómodo y amplio; un estercolero situado en una zona alejada de la que usan los clientes para evitar olores e insectos y cuyo acceso sea adecuado para el paso de un tractor o remolque; pistas, cubiertas o abiertas, fundamentalmente en función de la climatología, destinadas a dar cuerda, montar a un caballo nervioso o dar las explicaciones pertinentes al grupo antes de iniciar la ruta; duchas; lugares de trabajo esporádico para el herrador o el veterinario…
La instalación debe contar, si puede, además con una zona de prados para poder soltar a los caballos de manera temporal. Una buena solución para cercarlos es el pastor eléctrico: elemento móvil que permite el cambio de ubicación y que tiene muchas otras ventajas, mantenimiento mínimo, seguridad alta, coste no excesivo y durabilidad.

Debemos tener en cuenta la posibilidad de que algún cliente quiera realizar las rutas con su propio caballo, lo cual implicaría un espacio suficiente para albergar animales de fuera de la instalación o bien disponer de boxes portátiles que sólo montaremos en caso necesario.

Equipos
Cabezadas, bocados, filetes, monturas, cinchas,

sudaderos, riendas, protectores, baticolas, estribos, acciones, salvacruces… Todos los arneses deben conservarse en perfecto estado para evitar que el cuero se seque, se rompa y cause accidentes. Después de una marcha se limpiarán con jaboncillo y semanalmente se engrasarán para que permanezcan elásticos y suaves. Los equipos son caros y deben durar para contribuir a una buena rentabilidad del negocio.

En cuanto al equipo del jinete, lo único que nos compete es el casco. Si no se trata de jinetes habituales que dispongan de casco propio, hay que facilitárselo. Para ello tenemos que disponer de cascos de varios tamaños y debidamente homologados.

Personal
El equipo profesional básico con el que debemos contar, en caso de mantener una actividad más o manos constante, o si no es el caso en los periodos de trabajo es, como personal fijo, un mozo de cuadras y un guía; si el número de caballos no es muy elevado y en épocas de poca demanda la misma persona podría desempeñar ambas funciones. Del mismo modo en épocas de mucha actividad o para la realización de rutas largas se deberá contar con más personal que complemente y apoye al personal fijo. En cualquier caso ha de ser un personal mínimamente especializado y cualificado. La formación reglada específica es complicada, son muchas y diversas las tareas que se tienen que realizar; así, en muchos casos, los conocimientos más especializados irán de la mano del desempeño diario de las funciones, de la experiencia.

No debemos olvidar que todo lo mencionado hay que mantenerlo para en la mayoría de los casos realizar paseos cortos a caballo durante los fines de semana o periodos vacacionales, y siempre y cuando el tiempo meteorológico acompañe, aunque nuestra oferta, de la cual se hablará en la próxima entrega de este reportaje, sea diversa y se adapte a la demanda del mercado. Existen una serie de gastos fijos a los que al margen de las actividades que realicemos debemos hacer frente, tales como alimentación y cuidados básicos de los caballos, que aunque no trabajen comen todo el año; mantenimiento de las instalaciones (limpieza, pintura, arreglos, reformas…); agua; luz; personal mínimo para el cuidado de los caballos y las instalaciones, y para realizar una actividad como guía en caso necesario (salarios, seguridad social)… Y es que el empresario de turismo rural por muy amante que sea de los caballos y por mucho que le guste realizar paseos no puede encargarse de todo: gestión de un alojamiento, labor comercial y administrativa, relación con los clientes, manejo y cuidado de los caballos…

Calidad turística
Y es que aquí estriba el principal problema del turismo ecuestre en nuestro país, la falta de demanda; la gente del mundo del caballo no suele interesarse por esta modalidad de viaje, el resto carecen de los conocimientos y la experiencia necesaria para afrontar una excursión de varios días de duración a lomos de un caballo. Y aún a pesar de que sea ésta la realidad, los amantes del caballo y aquellos de entre estos dispuestos a experimentar un modo nuevo, único y diferente de conocer paisajes, pueblos y gentes debemos intentar poco a poco modificar esta tendencia, dotando al concepto de turismo ecuestre de su verdadera realización.

Y es que son muchas las ventajas: es un modo de viajar o hacer turismo que posibilita un modo diferente y respetuoso de relacionarse con un entorno rural y natural que se revaloriza con este uso; fomenta el intercambio económico así como el contacto con la naturaleza y el intercambio sociocultural entre población rural y urbana (o turística); posibilita la ruptura con el ritmo de vida cotidiano rescatando en alguna medida antiguos modos de vida… La calidad turística de una zona o más en concreto de un alojamiento rural depende en gran medida de las actividades recreativas y de ocio ofertadas, de su originalidad y del grado de diferenciación que aporten a nuestra propuesta turística, ofertando distintas modalidades en temporada alta y baja y contribuyendo así a romper la estacionalidad del turismo. Por ello debemos apostar por este tipo de turismo y pensar que la mejora de la oferta, en cuanto a calidad y diversidad, logrará un aumento de la demanda, la creación de un público potencial que se aficione a esta modalidad de viaje y que recorran España y, por qué no, el resto del mundo desde la peculiar perspectiva de un caballo.
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