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Carmelo Sáenz de Mendoza y la Doma Natural en Libertad
Última actualización 01/04/2007@00:00:00 GMT+1
Esta nueva técnica consiste, básicamente, en un trato y manejo del caballo sin utilizar más ayuda útil que la comunicación y la unión psicológica; voz, lenguaje corporal y especialmente una plena interrelación hombre-caballo
Carmelo Sáenz de Mendoza es un veterano jinete andaluz que vive totalmente entregado al mundo del caballo, habiendo
desarrollado su actividad profesional en el campo de la Doma Clásica, Alta Escuela y en distintos ámbitos del mundo ecuestre como la preparación del caballo para el arte del rejoneo en España y en el extranjero. En los últimos años centra su trabajo en su finca de Sanlúcar, desarrollando sus investigaciones sobre la doma tradicional totalmente en libertad, una técnica que le permite no sólo realizar ejercicios de alta escuela en libertad, sino sobre todo la permanencia y entrega del caballo en toda situación. Una Doma de la que en la actualidad se le considera pionero.
Investigación, docencia, espectáculo...
Su descubrimiento en la psicología y doma libre del caballo ha sido objeto de varios documentales para televisiones españolas y extranjeras. Ha impartido clases de psicología del caballo para veterinarios y fisioterapeutas. Asimismo, ha participado mostrando su novedosa y sorprendente doma en diversos espectáculos ecuestres en Jerez, Salamanca, Madrid, etc, obteniendo la medalla de plata en el concurso de exhibiciones en SICAB 2005. En la actualidad compagina su actividad docente con la investigación. Pero dejemos que sea el propio Carmelo quien nos presente su trabajo en la siguiente entrevista:
¿Eres consciente de ir por delante?
Hace algunos años la mayoría de los jinetes de mi entorno eran reacios a utilizar la montura inglesa y practicar la Doma Clásica. En cambio, hoy en día, en el mundo de la Vaquera, el Toreo o la Alta Escuela, casi todos, incluso campeones de España en estas disciplinas, ya utilizan una base de Doma Clásica, para conseguir caballos elásticos, incurvados, con impulsión, etc… puestos en la mano del jinete, y eso es fundamental para desarrollar cualquiera modalidad ecuestre.
Algo parecido es lo que yo pretendo con mi doma particular que se basa en un trato y manejo del caballo que constituye un trabajo previo a cualquier tipo de modalidad deportiva o de recreo. Utilizando esta técnica puedes profundizar en el conocimiento de la psicología de tu caballo, y saber cómo reacciona, cuáles son sus miedos, cómo es su fuerza, dónde puede llegar y sobre todo ganarte su total confianza.
¿Trabajas con caballos domados o con potros sin domar?
La Doma Natural en Libertad no está basada en la sumisión, al caballo no se le obliga a nada, se trata únicamente de conseguir su amistad y establecer un vínculo con él y a su vez, el caballo crea una dependencia contigo, porque es su forma de relacionarse. En el medio natural, en la manda, el líder busca la comida, les lleva a lugares seguros, a resguardo de los depredadores…
Cuando los humanos hacemos todo esto, es decir, le damos de comer, le tratamos bien, le paliamos sus miedos, etc… el caballo nos acepta como líder y de ahí nace el vínculo que crea con nosotros. Lo malo es que cuando le metemos en un box le creamos un problema psicológico grave.
Pero no sería posible dar ese espacio de libertad a todos los caballos…
Se trata de que dentro de nuestras posibilidades cambiemos el chip del propietario y del jinete. Debemos intentar entender al caballo y minimizar los efectos negativos que le causamos al integrarlo en el medio humano.
¿La curiosidad y la complicidad pueden ser las claves de tu forma de actuar?
En efecto, son alguna de las claves. Al intentar coger un caballo me daba cuenta de que si franqueamos su terreno de seguridad, se siente amenazado y su instinto le hace huir. Para evitar esto, busqué la forma de atraer su curiosidad, hice unas investigaciones sobre los ángulos de visión y sus “puntos ciegos” en los que no te localiza. Así, cuando atraes su curiosidad, es él quien te busca y va hacia ti, sin que tú tengas que dar el primer paso. Este es un factor importante que hay que potenciar durante todo el tiempo que el caballo está contigo. Es algo distinto a la manera en que se muestran los caballos habitualmente, pero es consecuencia únicamente de un trato diferente.
Tus alumnos, ¿cómo saben si lo están haciendo bien, están en contacto contigo?
Claro, me llaman por teléfono, me consultan..., pero los resultados siempre te los da el caballo. Es él el que te dice que estás haciéndolo bien porque te va marcando que se queda a tu lado y que va atendiendo a esa relación casi de amistad. Es preciso mantener un cierto equilibrio entre lo que se pide y lo que se da, así como grandes dosis de paciencia, tacto y sensibilidad.
¿Cuánto tiempo te lleva conseguir resultados óptimos?
Como es lógico, depende de cada caballo, de su carácter e incluso de su raza. Por ejemplo, los caballos cruzados son más serios, más imprevisibles, en cambio, el caballo español es un poco más abierto y colaborador. He trabajado con diferentes razas y cruces (anglo-árabe, Hispano-luso, etc...) para estudiar su evolución, pero los resultados son bastante similares.
¿Cómo puede ayudar tu método a mejorar la relación con nuestro caballo?
Con mi método se adquiere otro tipo de relación, tal vez más íntima. Es como entrar en otra dimensión, un espacio en el que no existe la sumisión. Y todo sin utilizar ayudas (rienda, cabezada, ramal...), únicamente por medio de la comunicación, la unión psicológica, voz, lenguaje corporal y una plena interrelación hombre-caballo. Sinceramente, creo que es un terreno que es conveniente explorar por todos los profesionales y aficionados en general, previamente a la doma e independientemente de la modalidad hípica a la que el caballo posteriormente se vaya a dedicar. A través de mis técnicas y gracias a la confianza que el caballo tiene en ti, va a adoptar otra actitud que ayudará a resolver muchos problemas y superar miedos, hasta conseguir que el caballo no se oponga a ningún trabajo.
¿Cuándo te diste cuenta de que habías dado con algo importante?
Todo comenzó preparando caballos para torear. Se trata de una modalidad que se siente de forma distinta porque tienes que entrenar al caballo para enfrentarse a un enemigo que él sabe, que lo puede matar en cualquier momento. Pero era tanta la confianza que me demostraban que trataba de averiguar qué pensaban y hasta dónde podrían llegar sólo con que tú se lo pidieras. Hubo un caballo muy importante que me llevó más allá y me dejó ver más dentro de él. Era un caballo portugués que se llamaba ‘Grilo’ que a pesar del miedo que tenía iba al toro. Tenía una voluntad y una disposición que me llevó a estudiarlo de otra manera.
¿Con qué caballo has conseguido mejores resultados?
Hay momentos que te marcan más con determinado caballo por circunstancias o por que una temporada trabajas más con él o te pasan ciertas cosas... Tengo un hispano-luso que me ha ayudado mucho. Se llama ‘Brujo’ y fue un caballo que me ha dado muchas satisfacciones y que en muchas ocasiones he llorado agarrado a su crin, porque me ha demostrado cosas que yo quería probar y cuando gracias a él lo he conseguido me ha hecho sentir de una forma especial.
Por otra parte, y haciendo recuento, he puesto casi una docena de caballos afinados al máximo. A cada uno le tengo un cariño especial porque ninguno es igual.
¿Cualquiera puede aplicar este técnica?
Este tipo de trato y manejo lo puede practicar tanto jinetes profesionales, personal de ganaderías, veterinarios, herradores, aficionados con su propio un caballo... en fin, todo el mundo.
Los cursos que imparto están orientados a cada sector profesional pues lógicamente sus inquietudes e interrogantes serán distintas en cada caso. Mi objetivo es profundizar en estos conocimientos para crear una escuela y avanzar en pro del caballo, por eso intento darle sitio y cabida a todo tipo de gente.
¿Cuál crees que es la base de tu doma?
Todos sabemos que ningún caballo es igual a otro, pero generalmente el proceso de doma de cualquier caballo pasa por elegirlo en el campo, encuadrarlo y empezar a trabajar con él de una forma casi mecánica. En cambio, los fundamentos de mi doma se basan en un mayor conocimiento del caballo y un trabajo que potencia la recíproca confianza entendiendo su forma de ser y de pensar. Trato de profundizar más en el caballo, con un contacto mucho más cercano y dándole un trato más amistoso, con lo que consigo alcanzar el objetivo final, que es la doma, pero de forma diferente.
¿Cuáles son las pautas que rigen tu trabajo?
Mis trabajos están basados en las investigaciones que he realizado intentando encontrar el punto de unión con el caballo, dejando que sea él quien me diga dónde tiene que estar esa unión. He ido adaptándome al caballo y buscando el espacio en el que él se siente cómodo conmigo, guardando una regularidad en la distancia, dibujando líneas paralelas y manteniendo el control con su vista y su actitud. Llegar a estas conclusiones ha sido lo que más tiempo me ha llevado conseguir. He descubierto que el caballo apuesta por ese punto de unión y una vez allí podemos comenzar a trabajar todo tipo de ejercicios, (espalda adentro, paso español, etc...). Este es el primer paso, pero no hay límites en esta doma, parece increíble hasta dónde podemos llegar.
Hablas siempre del trabajo pie a tierra, pero... ¿y montado?
La base de la doma natural, de mi trabajo y del trato que yo propugno se realiza a pie. Estoy convencido de que ha de conseguirse una relación de tú a tú, y que así es como debe sentirse la doma natural. Para mí es muy importante que todo sea al cincuenta por ciento, una amistad en igualdad de condiciones. Encontrar el espacio en el que se produce un respeto mutuo. Se trata de crear un equilibrio que, a mi juicio, en parte se rompe cuando el jinete monta al caballo. Es una opinión muy personal, pero en el trato que tradicionalmente damos a los caballos hay un punto en el que, por muy naturalmente que hagamos las cosas, la doma deja de ser natural.