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Editorial

Última actualización 01/04/2007@00:00:00 GMT+1
En este número de abril de la revista que el lector tiene ahora en sus manos nos hemos atrevido a saltar al otro lado del planeta para rescatar una de las razas más llamativas para el hombre por su peculiar pelaje, el caballo Appaloosa. Poco valorado y respetado por el sector deportivo de alta competición (es cierto que es un caballo con limitaciones para convertirse en un gran atleta), este singular equino goza de un pasado muy remoto, pues existen pinturas rupestres de hace 20.000 años que demuestran la existencia de caballos moteados.

El hombre siempre ha sentido un interés y una atracción especial por los caballos de pelaje moteado. Dicen los escritos que los españoles reintrodujeron el caballo a América durante la conquista (siglo XVI) y que muy pronto los animales llegaron a manos de los indios (norteamericanos). Es más, para el año 1730 la población nativa del noroeste americano dependía totalmente del caballo.

El Appaloosa es un caballo que fue criado por las tribus Nez Perce y Palouse de Washington, Idaho y Oregon, utilizando como base los caballos españoles introducidos por los antiguos conquistadores. Estos caballos fueron muy pronto utilizados para las labores del campo, pues hay que recordar que estos indios vivían en el valle por donde buscaba su curso natural el río Palouse, de ahí el nombre de la raza y de la tribu. Así pues, el caballo se convirtió en la principal herramienta de trabajo, lo que llevó a los indios a convertirse en sofisticados caballistas.

Las cabalgaduras de estas tribus eran en su mayoría de pelaje moteado, lo que provocaba la envidia del resto de las tribus. Los historiadores creen que estas tribus fueron las primeras en criar caballos con características específicas; en especial la inteligencia, la velocidad y la resistencia.

Durante la guerra de Nez Perce en 1877, las tribus evadieron durante meses a la caballería de los Estados Unidos gracias a sus versátiles caballos Apppaloosa. El avance de los colonos les obligó a replegarse hasta terrenos demasiado abruptos, rugosos y difíciles, hasta que finalmente se rindieron en Montana y los caballos sobrevivientes fueron repartidos entre los soldados y algunos otros fueron a parar a manos de colonos.

La raza estuvo a punto de desaparecer pero se ha podido recuperar gracias al Appaloosa Horse Club, en Idaho, organismo fundado en 1938, momento en el que se crea un registro internacional de cría para la preservación y mejoramiento de esta raza. El nombre oficial de la raza se convirtió entonces en Appaloosa.

El caballo Appaloosa es un caballo estético y con muchas habilidades. Sus características principales son la inteligencia, resistencia y velocidad. En España existen diversos criadores de este peculiar caballo que, aunque no destaca por sus dotes de alta competición, como hemos señalado anteriormente, es especial para la iniciación, para los trabajos en el campo o para rutas. Invitamos a todos los lectores de Trofeo Caballo a sumarse a este particular y modesto homenaje que hemos preparado para una de las razas más simpáticas y legendarias del lejano oeste y que además, encuentra ssu orígenes en caballos ibéricos. Es el caballo Appaloosa en esencia.
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