Hemeroteca :: 01/01/2007
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Razas
Última actualización 01/01/2007@00:00:00 GMT+1
Es inevitable relacionar este caballo con los vikingos. Y lo cierto es que esta raza se mantiene pura desde la misma época. Para que se hagan una idea de la rigidez de la normativa ecuestre de este país ártico, caballo que sale de la isla, caballo que no puede volver a entrar. Nosotros hemos entrado para admirarlos y contarles los misterio de esta raza
En esta ocasión todos están de acuerdo. Es inevitable emparentar al caballo islandés con el símbolo más tópico de los países nórdicos, es decir, los vikingos. Este animal ha existido en Islandia desde el siglo IX , en base a los animales originarios de Escandinavia. En la Edad Media, se introdujeron en la raza aportaciones escocesas, irlandesas y de la isla de Man. El resultado es una raza con un carácter y un aspecto diferenciado, adaptado a este entorno. Un animal que puede gustar o no, pero para el aficionado siempre será “un animal diferente”.

Se han desarrollado dos tipos distintos, mediante la cría selectiva: una versión pesada para carga y transporte y otra más ligera para monta. Los rasgos genéticos de esta raza son persistentes y los intentos de cruce con sangre foránea fracasaron, no habiéndose repetido durante 900 años.

Aquí el caballo se entiende de otra manera. La mayoría de los caballos islandeses se cuidan de sí mismos en condiciones semisalvajes y es, con mucha diferencia, una de las razas más duras que existen. Algunos piensan que por semejanza con sus “promotores”, los vikingos.

Una historia de aventuras
La historia del equino islandés se remonta al establecimiento de pequeñas comunidades en los territorios de la isla a finales del siglo IX. En su vida de batallas y conquistas de nuevas ciudades, los vikingos que aquí llegaron trajeron consigo caballos de diversos orígenes, en su mayoría germánicos. Algunos expertos coinciden en afirmar que en este grupo de animales predominaba una casta de Escandinavia y norte de Europa llamada Equus Scandinavicus.

La situación geográfica hizo el resto. Debido al aislamiento de Islandia, esta raza permaneció totalmente pura. Otros expertos señalan que el caballo islandés está directamente relacionado con el potro inglés Exmoor. De cualquier modo, lo que sí se puede afirmar es que el caballo islandés es un pura sangre único que celebra sus 1.000 años de existencia en la tierra del hielo.

Este animal ha jugado un papel importante en la historia de Islandia, casi vital. Ya en la mitología nórdica era considerado casi como un Dios. Quizá, el ejemplo más representativo fue Sleipnir. De ahí que muchos clubes hípicos lleven los nombres de algunos de los protagonistas de estas fantásticas historias.

Además, en la época de los vikingos los caballos desempeñaban una función básica. Para un guerrero un buen caballo era su mejor arma de defensa. De ahí que fueran tratados con gran respeto y mucha devoción. Tal era la piedad y clemencia que por estos equinos se profesaban que cuando su dueño moría eran enterrados junto a ellos.

Estamos en un país por encima del paralelo 60 y con una red de carreteras sumamente reciente. Hasta que llegó el automóvil a Islandia, en el año 1904, el caballo era el único medio de transporte. Asimismo, ante la falta de maquinaria, este animal desempeñaba las tareas de trabajo más importantes. Era el mejor amigo del hombre y literalmente le acompañaba desde su nacimiento hasta su muerte. Sin querer caer en lo cursi, el caballo era el único medio de transporte entre los escarpados valles de origen volcánico. Era él mismo el que iba a buscar al doctor en caso de enfermedad y el que tiraba del ataúd cuando el corazón de su compañero dejaba de latir.

Muy a pesar de los grandes avances, los amantes del caballo islandés han seguido criándolos formando una asociación que nació el mismo año que llegó el coche. En la actualidad existen cerca de 100.000 caballos en Islandia, una cifra considerable si se tiene en cuenta su población, 270.000 habitantes.

No se puede decir que la equitación sea un deporte muy popular en las ciudades.

Sin embargo, los caballos están muy enraizados en la vida cotidiana de los islandeses. En una gasolinera podemos comprar herraduras. Un mecánico sabe algo de herraje y los conductores son sumamente respetuosos con animales y jinetes. El papel más relevante de este animal se encuentra invariablemente en los rodeos que se celebran cada año, donde los granjeros emplean a estos caballos para rodear y guiar sus ovejas.

Actualmente, la gran mayoría de los caballos islandeses son entrenados para el turismo y la competición. Fue en el año 1906 cuando los criadores se centraron en la consecución de un caballo único, cuyo carácter fuera adecuado tanto para los niños como para los adultos, de manera indistinta. Y lo han conseguido.

Modelos de competición
Las competiciones y demostraciones tienen lugar en los meses de verano, aunque los juegos de invierno, montar sobre hielo y los espectáculos de interior, se celebran desde febrero hasta mayo (coincide con el invierno y la primavera). Para todo, el caballo islandés es el más adecuado.

En Islandia existen dos tipos de competición: las deportivas y las llamadas Gaeögakeppni. Mientras que en las primeras el énfasis se centra más en la capacidad del jinete y la cooperación entre éste y el caballo, las segundas se centran en las habilidades del caballo.

Debido al aislamiento geográfico de Islandia, este equino no ha contraído ninguna enfermedad. Para evitar que esto suceda hay normas muy estrictas. Tal es la protección de este animal, que está prohibida la introducción de animales en la isla, tanto foráneos, como autóctonos que salen a competir fuera del territorio islandés. Una vez que han salido de su país nunca podrán volver.

También los aperos relacionados con este animal que estén usados, tales como sillas de montar o tachuelas, también está prohibida su salida al exterior, salvo que estén desinfectados. Según algunos estudios realizados, hay alrededor de 100.000 caballos islandeses en todo el mundo. La gran mayoría se encuentran en Europa, Estados Unidos y Canadá, aunque a la cabeza se sitúa en Alemania, con cerca de 50.000 ejemplares, por no mencionar sus numerosos y múltiples clubes hípicos y las sociedades de crianza.

Sendas a caballo
En los últimos años se han puesto muy de moda las rutas a caballo por las montañas. Los turistas reclaman cada vez más este tipo de actividades que les permiten disfrutar de la naturaleza y el paisaje de un modo mucho más cercano al ser humano. Se trata de acercarse a los paisajes más idílicos teniendo de enlace el caballo. Por esta vía, el equino islandés se ha convertido, por méritos propios, en uno de los negocios más rentables de Islandia.

No es de extrañar en absoluto que el caballo originario de Islandia se considere único, diferenciado de otros animales y que haya influido en el sentir de una nación entera. Un país, por otra parte que está por hacer. Los motivos son muchos y muy variados. Porque es un ejemplar que ha sido criado exclusiva y naturalmente en un país conocido por su aire puro y excepcional paisaje; porque se ha convertido en una atracción con mayúsculas para lugareños y visitantes, casi como un signo de identidad con denominación de origen.

Pocas veces un animal es tan representativo. Ha sido criado con mucho respeto y gran dignidad, dando en todo momento un ejemplo de crianza metódica y ambiciosa. Por todo ello, el cuidado del caballo en un lugar como Islandia es todo un arte.

Vida y milagros
Millares de potros nacen cada año en Islandia. En la mayoría de los casos, lo hacen en plena libertad, aunque en ocasiones algunos lo hacen en establos. Es realmente mágico contemplar el nacimiento de un potro en medio de la exuberante naturaleza islandesa. El frío no suele ser obstáculo. La naturaleza es más sabia de lo que nos podíamos imaginar. Los criadores se recrean en observar detenidamente a los potros de cerca en los comienzos de su existencia.

Muchos expertos aseguran que el espíritu y los movimientos que muestran los potros en sus primeros años de vida dan una idea muy aproximada de cómo serán en el futuro. De hecho, aquellos sementales y yeguas que se han convertido en ganadores de competiciones han sido identificados en las primeras semanas de vida.

Los caballos más jóvenes permanecerán con la manada y vivirán, generalmente, al aire libre durante los primeros cuatro años de vida. En algunas partes del norte de Islandia los caballos todavía pueden vagar en las montañas durante la primavera, el verano y el otoño. Posteriormente se rodean a finales de los meses de septiembre u octubre y se clasifican en corrales. Este sistema de criar caballos en una manada salvaje y en espacios abiertos es una parte esencial para crear la personalidad única del caballo islandés, que tratarán a los seres humanos con respeto y aprenderán a comportarse dentro de la manada.

El resultado es un caballo enérgico, vigoroso, que sigue obedientemente y con atención las órdenes de su jinete, que se siente seguro y que presenta un aspecto musculoso y fuerte, conseguido gracias a su resistencia al clima del país en donde ha nacido.

El caballo islandés madura lentamente y su entrenamiento no comienza hasta que tiene cuatro años. Es aquí cuando el caballo es enseñado a trabajar con el frenillo y la silla de montar. Además, es calzado por primera vez y montado poco a poco. Las yeguas de crianza y los sementales pueden juzgarse por las capacidades que presentan a la hora de montarles.

El proceso de doma es tardío. Cuando tienen cinco años, comienza el entrenamiento en serio, el verdadero. Aunque a esta edad ya se permite competir a los caballos, la verdad es que no se encuentran muchos que lo hagan. Sin excepción, todos los criadores y jinetes de Islandia opinan que los caballos no deben ser entrenados a una edad muy temprana. Algunos incluso, dicen que los cuatro años es anticiparse demasiado.

Los caballos islandeses gozan generalmente de una vida larga, sana y próspera, que oscila entre los 25 y 30 años, encontrándose excepciones que llegan hasta los 40. Por esto, no es nada raro que sean montados y entrenados cuando llegan a la veintena. Buenos pastos y muchos espacios abiertos son la base de
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