Hemeroteca :: 01/01/2007
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Opinión/Firmas

Pie a tierra

Fernando ESCRIBANO
Última actualización 01/01/2007@00:00:00 GMT+1
Actualmente, existen hogares inteligentes, electrodomésticos inteligentes, e incluso coches que son casi más inteligentes que algunas personas. Pero, en la mayoría de los casos, los avances tecnológicos que conforman la inteligencia artificial sólo aportan un argumento de marketing con el que dotar al producto de un valor añadido, una etiqueta.

Ahora imaginemos una yeguada con el sello de “inteligente”. En su interior, las puertas de los boxes se abrirían automáticamente en el horario convenido para el paseo; las raciones de alimento llegarían, en su justa medida y puntualmente, a los comederos; en lugar de duchas, habría túneles de lavado; y no faltaría una oveja virtual en cada box con la que poder jugar en las largas tardes de invierno.

En cambio, si quieren un ejemplo de yeguada presidida por la inteligencia, les hablaré de la Yeguada Miño y tendrán que acompañarme hasta Crevillente, en la Comunidad Valenciana. Su propietario, José Bermúdez, se distingue por una fuerte apuesta económica en su yeguada. En poco más de una década ha realizado una importante inversión. No en vano, durante los cinco últimos años, cada una de sus participaciones en SICAB se ha saldado con una medalla de oro. Lógico, si tenemos en cuenta que en la Yeguada Miño nacen anualmente, al menos cuatro o cinco potros que son la envidia del 90 % de los ganaderos nacionales. Y es que sus principales líneas genealógicas descienden de ‘Elegido XXIII’ que fue pionero en Doma Clásica y, durante años, principal reproductor en casa de Dña. Mª Fernanda de la Escalera.

José Bermúdez ha acertado de pleno a la hora de formar un equipo de profesionales para conseguir los mejores resultados. En su nómina se encuentran los mejores veterinarios y herradores (los hermanos Gaspar y Hans Castelijns, especializados en aplomos y corrección de cojeras). Pero además, del veterinario de la casa, Maxwell Richard, el presentador, Juan Manuel Más, el mayoral Carlos Sendra y los mozos, que cumplen magistralmente con su labor, hay un jinete en la yeguada sobre el que me gustaría centrar la atención. Hace tres años se incorporó como mozo, haciendo crines, poniendo vendas… y hoy en día se dedica en cuerpo y alma a la doma de los potros de la yeguada. Se llama Carlos Pinta.

Su trabajo como jinete “oficial” de la casa es alabado por todos, y el primero en reconocer sus méritos es su entrenador, Miguel Jordá Forteza, quien cada dos o tres semanas visita la yeguada para observar la evolución experimentada.

Con 22 años recién cumplidos aprecia lo que tiene, es consciente del lugar que ocupa y confiesa que le ha costado mucho llegar, como para dar “facilidades” a todos los que querrían arrebatarle el puesto. Nuestro protagonista es un joven atípico, no le deslumbran los cromados y el tunning, ni sería el novio de “la Juani”, protagonista de la última película de Bigas Luna. Ya tragó mucho polvo blanco cuando trabajaba de escayolista para pagarse sus pantalones de montar y las clases de equitación. El esfuerzo diario le ha hecho madurar y tener las ideas muy claras. La docena de caballos que monta diariamente no agota su ilusión, ni le rompe el sueño de ser olímpico algún día. Conoce la presión de las miradas que acechan a la espera de un error y ha salido airoso de muchos compromisos. Es todo un ejemplo frente a aquellos que lo tienen todo y hasta se aburren de montar. Por su enorme profesionalidad, Carlos representa el futuro de la Doma Clásica en nuestro país. ¡Ojalá que tenga suerte!
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