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Última actualización 01/02/2007@00:00:00 GMT+1
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En el último número de Trofeo dedicábamos un extenso espacio a ‘Guizo’ y a sus éxitos en la Doma Clásica. Se trataba, después de Aachen 2006, de su adiós no oficial a la competición. En el artículo hablábamos, entre otras cosas, de Juan Antonio Jiménez, Enrique Guerrero, Miguel Anchústegui, Gerardo Grotsch, Federico Molina, Daniel Zapatero, el entrenador nacional Jean Bemelmans, entre otros. La atención al equipo humano que había estado detrás de ‘Guizo’ durante toda su vida deportiva nos parecía imprescindible.
Pero la casualidad ha querido que el artículo saliese a la calle en el mismo momento en que nos llegaba la noticia de la muerte de ‘Guizo’. Recuerdo que pensé, por un instante, que podía tratarse de un error. Por teléfono corroboré la noticia, y poco más; todos, aún consternados, apenas tenían ganas de hablar. Sin embargo, recientemente recibí un e-mail de Miguel Anchústegui, de la Yeguada la Lira y la W, propietaria de ‘Guizo’, en el que además de poner palabras al silencio, nos cuenta cómo “anoche murió Guizo”.
“En 1994 compramos a ‘Guizo’ en la Yeguada La Lira y La W. Tenía cinco años, a punto de cumplir seis. El pasado 25 de noviembre, estando en el campo con las yeguas, muchas de ellas hijas suyas, llegó un mensaje a mi teléfono móvil. Un lacónico mensaje de Willy Manley: “Anoche murió Guizo”, nada más. Yo pensaba que estaba preparado para esta noticia. Sin embargo no pude evitar sentir una profunda tristeza, unas lagrimas y que multitud de recuerdos se me vinieran encima.
El viernes anterior había recibido una llamada de Enrique Guerrero. Me dijo que “estaba de cólico” y me pidió que me pusiera en contacto con Willy. Así que corrí a casa de Willy con el corazón encogido. Cuando llegué, ‘Guizo’ estaba en la mesa de operaciones. Se trataba de una torsión de colon muy fuerte pero, gracias a la intervención del veterinario del caballo, Gerardo Grotsch, parecía que se había cogido a tiempo. Para alguien como yo, ver a tu caballo en una mesa de operaciones, con las tripas al aire, entubado, sostenido de las cuatro patas por una grúa.... impresiona mucho. Willy y su equipo (en este caso Gonzalo y Ana) son fantásticos, desde aquí les mando mi agradecimiento por su interés, su profesionalidad y por las atenciones que me brindaron.
Pocos minutos después, ‘Guizo’ trató de levantarse. Cayó un par de veces antes de conseguirlo. Cuando lo llevamos al box, preparado para él, iba tan contento. Y relinchando. ¡Éste es nuestro ‘Guizo’! Fuerte, duro y con el corazón siempre por delante. Estuve toda la semana, llena de altibajos, en contacto con los veterinarios. El viernes 24 por la mañana parecía que todo iba bien. Willy estaba optimista, aunque había algunas dudas todavía. Esa noche, a las cuatro de la madrugada, y en presencia de Willy, ‘Guizo’ se tumbó definitivamente.
Cuando compramos a ‘Guizo’ nuestra intención era tener un caballo para salir a pasear por el campo los fines de semana con mi amigo Enrique, que tenía unos caballos de monta en La Alameda del Pardo. Sin embargo las circunstancias, un conjunto de casualidades, hicieron que el destino fuera otro muy diferente. Conocí a Juan Antonio Jiménez, que nos sugirió avanzar en la doma del caballo y competir con él. Se reveló enseguida su enorme potencial y el binomio comenzó una carrera en la alta competición, tremendamente exigente, tanto para el caballo como para el jinete.
Cuando hablábamos con Juan Antonio del caballo, siempre decía lo mismo: “Todo en él es bueno”. Aunque, lógicamente, quien mejor conocía el caballo era Juan Antonio, yo destacaría de ‘Guizo’ lo siguiente: las cosas que a mi me gustaría seleccionar en sus productos: muy buena cabeza, con un carácter fuerte pero con una gran nobleza, su fuerza física y flexibilidad y, en mi opinión, su belleza. Creo que la mejor expresión para definirle es que era un caballo que TRANSMITÍA. No dejaba a nadie indiferente. A los profesionales y entendidos, por su calidad como caballo de monta; a los que no entendían de caballos, por su belleza y la fuerza de carácter que transmitía. Esto se ponía muy de manifiesto en las pruebas Kür, donde Juan Antonio era capaz de alcanzar la mayor dificultad y expresividad que se puede obtener en Doma Clásica. Sin duda equiparable a los mejores del mundo.
La ironía del destino ha hecho que ‘Guizo’ muera justo cuando lo habíamos retirado de la competición. Seguía en las cuadras de Juan Antonio. Se le seguía montando moderadamente para mantenerle y sólo esperábamos que tuviera una gran descendencia a la que transmitiera sus cualidades.
Ahora nos toca a nosotros trabajar con su descendencia. Menos de la deseada, ya que se comenzó a cubrir con el caballo muy tarde para no distraerle de su entrenamiento y porque nos daba miedo que al cubrir se desconcentrara del trabajo y fuera más difícil montarlo. Cuando nos decidimos a hacerlo comprobamos que no fue así, sino, en palabras de su jinete, mejor.
En fin, sólo queda decir: ¡Buen trabajo ‘Guizo’! ¡Adiós ‘Guizo’, hasta siempre!”