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Última actualización 01/03/2007@00:00:00 GMT+1
Cientos de miles de caballos murieron desangrados durante la I y la II Guerra Mundial, una grotesca historia que ahora recuerda el Museo de Londres y en la que también participaron palomas, ratas, perros, gatos, cerdos...
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Nehu 40 MS1 se convirtió en la primera paloma de la historia de la humanidad en ser condecorada con la medalla al valor durante la II Guerra Mundial. Su gesta: Entregar un mensaje bajo circunstancias excepcionalmente difíciles y contribuir con ello al rescate de la tripulación de la Real Fuerza Aérea.
De todas maneras, el caso del pichón no es aislado. La paloma no fue el único animal que se implicó en una época de hostilidades sin precedentes en la historia de la humanidad. La bibliografía sobre este tema es sorprendentemente abundante e incluso los ingleses le dedican una galería del Imperial War Museum de Londres, una muestra que se podrá visitar hasta el 22 de abril. Delfines con cámaras de vigilancias, palomares móviles, camellos, osos que abrían las latas de munición de la brigada polaca en la batalla por la abadía, un collie paracaidista que desafió a la Gestapo, un gato en un acorazado... Y, por supuesto, caballos.
Triste aniversario
Cuando se van a cumplir 90 años del desenlace de la primera sangrienta contienda la galería londinense recrea y rinde tributo a estos animales recordando historias, para qué vamos a engañarnos, de lo más desagradables. Por ejemplo ésta: el jefe del servicio de palomas mensajeras belga incineró vivas a su más de 2.500 palomas para impedir que cayeran en manos enemigas.
Otro dato más dramático: En la I Guerra Mundial, y según los cálculos de los investigadores, murieron ocho millones de caballos. Espeluznante.
Entrega sin igual
Sabido es que los animales han jugado un papel indiscutible en los conflictos bélicos de la historia. Pero es muy posible que la entrega de los équidos y paquidermos, que han sido indisociables en las batallas bélicas, sea difícilmente superable. Es verdad que existen ejemplos de animales menos conocidos, no por ello de menos mérito, como es el caso del uso de ratas para detectar minas, delfines para detectar minas en el puerto de Umm Qasr, en Iraq, cerdos, focas.... Inabarcable.
No obstante, y dado que el tema se antojaría imposible, el Museo de Londres se ha centrado en la época moderna, especialmente en las dos Guerras Mundiales y haciendo breves referencias a conflictos anteriores. Así pues, la bienvenida a la muestra la da una célebre imagen cinematográfica de la carga del regimiento de los Scots Greys en Waterloo. De los 416 caballos del ejército británico murieron 228. En otro de los momentos bélicos que han escrito su particular página en la historia de las hostilidades encontramos la carga de la brigada ligera de Balaclava, donde murieron (o hubo que sacrificar) 500 de los 673 caballos participantes. Todo esto se adorna con una desagradable imagen de una maza que servía para rematar a los caballos y mulas malheridas.
Los negras cifras rusas
Pero hay datos mucho más concretos. Aunque sería imposible cifrar el número de caballos que han participado e incluso perecido en contienda, lo cierto es que las penalidades tienen números. Sólo la URSS empleó en la II Guerra Mundial 1.200.000 caballos, agrupados en su mayoría en 30 divisiones de caballería.
Cerca del pueblo de Musino, cuenta la historia y durante la I Gran Guerra, camino hacia Moscú, los alemanes fueron asaltados por la Caballería Mongola. Apenas unos cuantos lograron llegar hasta la primera línea de la batalla. En el trayecto al galope que duró unos diez minutos perecieron 2.000 caballos y sus jinetes, todos ellos yacían desangrándose en un suelo nevado. Todos los muertos era asiáticos.
Los protagonistas en una galería de arte
Estos no son más que algunos de los llamativos y aislados casos de la participación de animales adiestrados en las guerras de la historia. The animal’s war (hasta el 22 de abril) cuenta cómo participaron los animales en los conflictos bélicos mediante cuadros, esculturas, fotografías, medallas, carteles de reclutamiento, curiosos objetos históricos. Por ejemplo, y como avanza el suplemento dominical del rotativo nacional El País, se puede contemplar un palomar móvil de la I Guerra Mundial, dispositivos para artillar caballos o camellos, e incluso la estimulante presencia de algunos de los protagonistas disecados.
La exposición permite además conocer otras historias llamativas: la del palomo Winkie, la de Voytek, el oso de Montecassino que abría las latas de munición de la brigada polaca en la dura batalla por la abadía, la de Rob, el collie paracaidista del servicio secreto británico que desafió a la Gestapo, o la de Óscar, el gato del acorazado Bismarck.
Las terribles cifras de la guerra
El empleo de caballos y mulas en las guerras también tuvo otro objetivo, como se descubre en Londres. Las mulas se convirtieron en insustituibles ambulancias, pues trasladaban a los malheridos desde el campo de batalla hasta el hospital de campaña. Es la historia concreta del buen samaritano de la I Guerra Mundial. La historia la escribe el soldado Simpson, que con su pequeño burrito se dedicó a recoger a los heridos de Gallipolo, donde las fuerzas australianas pasaron calamidades para avanzar en territorio enemigo entre fuego turco. Hay que decir que los turcos finalmente le pegaron un tiro a Simpson.
Se calcula que al término de la I Guerra Mundial perdieron la vida unos 8 millones de caballos en todos los frentes abiertos. Dos millones y medios de ejemplares fueron tratados en hospitales veterinarios, mientras que dos millones fueron curados y regresados nuevamente al frente.
Perros, gatos, palomas, elefantes que sacaban los aviones de las pistas, camellos, mulas y caballos ya están en desuso, afortunadamente. Ahora los métodos son más sofisticados pero habría que hacer un esfuerzo por no olvidar de la memoria estos terribles pasajes de la historia que demuestran, una vez más, que los caballos han sido infatigables e incondicionales compañeros de penurias de los hombres.