Opinión/Editorial
Editorial
Última actualización 01/03/2007@00:00:00 GMT+1
Mucho se ha hablado en estos últimos años del concepto doma natural o doma racional del caballo y muchos hemos mirado de reojo a la novedosa técnica. Este vanguardista esquema de adiestrar caballos apuesta por un tipo de enseñanza que rechaza la agresividad y, al mismo tiempo, el exceso de cariño y de mimos. Es un paso intermedio, que convierte el oficio de domar caballos en un auténtico arte.
Según la opinión de los expertos que practican esta técnica, de lo que se trata es de ver el mundo a través de los ojos del caballo. Este es el objetivo de la doma natural, una técnica que popularizó Robert Redford en la película El hombre que susurraba a los caballos y que encuentra su origen en un ancestral método de otras civilizaciones.
No está muy claro el origen exacto de la doma natural, pero todo apunta a que nació en la cultura indígena, dado el alto nivel de respeto que este pueblo profesa al caballo. En otros artículos de veterinaria hemos comentado la importancia que para el animal tiene depender de un líder. El caballo es un animal de manada, y dentro del grupo se establece una jerarquía que hace que la convivencia sea armoniosa. En el momento en que el caballo pasa a vivir en una cuadra, su líder debe ser el hombre, y la relación será cordial siempre que se respeten los límites de cada uno. Es decir, en fuerza manda el caballo y en razonamiento, el hombre. Si estas sencillas reglas del juego se respetan la relación entre ambos será cordial y, no sólo eso, tanto el jinete como el caballo serán dos seres felices.
Así pues, nos encontramos ante un fenómeno que cada vez cuenta con más adeptos por los excelentes resultados que ofrece, sobre todo en caballos de difícil manejo. Caballos con secuelas, normalmente producidas por el hombre, que consiguen convertirse en animales sin sufrimientos y con una vida plena. No debemos olvidarnos nunca que el box es un invento del hombre y que es el causante de buena parte de las enfermedades del caballo. Hay que trabajar porque la estancia de nuestros caballos sea lo más llevadera posible y que nos mire a los ojos como un amigo, como el líder que ordena su vida, pero sabiendo que se le respeta y que se le valora por su capacidad de entrega y por su infinita nobleza.