Monturas
Última actualización 21/06/2011@11:05:49 GMT+1
Toda montura criolla se compone de “sucesivas capas”, y la colocación de estas sobre el caballo es casi un ritual que sigue un estricto orden
Texto: Laura ÁGUEDA
Fotos: Luis ÁLONSO
La figura del gaucho es un símbolo de la identidad argentina, un país que nació como tal gracias a la repoblación de hordas sucesivas de inmigrantes procedentes de muy diversos lugares de Europa, y que quizá por ello sintió la necesidad de crear un mito nacional. Es el gaucho un hombre de campo, un hombre a caballo de la pampa -extensa y fértil pradera verde que circunda el río de la Plata-, corazón agrícola y ganadero de Argentina. En tiempos, este amplio territorio proporcionaba pastos, tanto para el ganado vacuno como para los muchos caballos salvajes que los gauchos capturaban y domaban y que desde la época de la conquista poblaban la pampa, creciendo y multiplicándose favorecidos por la abundancia de comida.
Los gauchos mantienen ciertas semejanzas con otros hombres de campo a caballo, tales como el charro mexicano, el huaso chileno, el llanero venezolano, el cowboy americano o el vaquero español, pero no tanto por trabajador, es decir por hacedor de faenas de manejo y cuidado del ganado, sino en su calidad de habitante del campo y, por encima de todo, jinete.
Materiales y partes.
En la medida en que el gaucho es hoy día más un recuerdo del pasado que una realidad, al hablar de la montura usada en el pasado por este prototipo del hombre de campo argentino, debemos referirnos en verdad a la silla usada en la actualidad por los paisanos en el campo argentino, y que en lo sustancial es lo mismo que aquella: Una montura de gran complejidad, por estar compuesta de un gran número de ceñidores y mantas, pero que en esencia no es más que un simple armazón de madera cubierto de cuero, protegido por encima y por debajo con mantas y pellones varios que protegen el caballo, proporcionan comodidad al jinete y pueden convertirse en caso necesario en un lecho realmente confortable.
En líneas generales, podemos decir que toda montura criolla se compone de “sucesivas capas”, y la colocación de estas sobre el caballo es casi un ritual que sigue un estricto orden. Se colocan primero las riendas y seguidamente los peleros, mantas de lana de oveja (sudaderos) de mayor a menor, sobre estos la carona, plancha de cuero trabajado que se coloca bajo la silla para que no se lastimen las caballerías y ya la montura criolla (apero, basto, lomillo…, según las zonas). Sobre las silla se ha de colocar todavía la cincha, el pellón, cuero curtido con la lana o el pelo, el sobrepellón, plancha de cuero más delgada que la carona, y la sobrecincha, más delgada que la cincha y que recoge todo el ensillado.
Uno de los elementos más característicos de la montura gaucha o montura criolla es su cincha: una tira ancha de cuero fuerte que se cierra completamente alrededor de la montura y de la barriga del caballo, y cuyos extremos se unen con correas bien cerradas que pasan por dos aros de hierro. La cincha lleva fuertemente adherida en uno de los lados una argolla de hierro, que ayuda en caso necesario a soportar la tensión del lazo cuando este por mediación de la habilidad del gaucho o paisano se haya enganchado a los cuernos de un animal a la carrera; el peso y la fuerza del caballo ayudan al brazo del jinete para la sujeción del animal.
Más información en Trofeo Caballo nº 142