La silla de los butteri es un cómodo asiento para las duras jornadas de trabajo en el campo
Texto: Laura AGUEDA
Fotos: Luis ALONSO
Ya mencionábamos en el primero de nuestros reportajes las sillas y monturas que se usan en las diversas regiones del mundo, que las diferencias entre unas y otras devienen no tanto del lugar de procedencia, que también, sino, sobre todo, del uso para el que se destinan y que ha condicionado históricamente su fabricación. En aquel primer artículo dábamos un buen ejemplo de esto: decíamos que en el mundo existen no pocas monturas vaqueras, y que todas ellas tienen una serie de características comunes, aquellas que se derivan de su uso, el trabajo en el campo con animales, por lo general con ganado vacuno. Por ello, lo que ha prevalecido siempre en su elaboración ha sido la búsqueda de la funcionalidad y la comodidad. Ahora bien, cada una de ellas tiene sus propias particularidades en virtud del lugar donde se usa y del jinete que la monta.
Pues bien, en esta ocasión nos trasladamos a una de las zonas más desconocidas de la turística Toscana italiana, a la Maremma, región en tiempos pantanosa que se extiende desde la costa del mar Tirreno, a la altura del norte de la provincia de Grosseto, hasta la parte sur de la frontera con la región de Lacio. Siendo etruscos los primeros asentamientos de la zona, fueron los romanos quienes impulsaron su desarrollo agrícola y ganadero en una importante parte de su territorio, y quienes realizaron un extraordinario trazado de rutas internas de comunicación.
Esta zona fue tradicionalmente poblada por los butteri, los ganaderos o vaqueros de la Maremma, que usan el caballo para trabajar con el ganado autóctono, el toro maremmano, una raza rústica y frugal que se adapta a los forrajes de escasa calidad, y es resistente a las enfermedades y a las dificultades climáticas. Quizá su rasgo distintivo más característico sean sus largos cuernos (70-100 cm.), con forma de media luna en los machos y de lira en las hembras.
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