Hemeroteca :: 01/01/2011
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Opinión/Editorial
Última actualización 20/12/2010@13:55:54 GMT+1
El SICAB (Salón Internacional del Caballo), organizado por la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Pura Raza Española (ANCCE), ha despedido su XX edición, celebrada en Sevilla durante los días 23 al 28 de noviembre, con 200.000 visitas y una participación de 913 caballos, 303 ganaderías, ¿plena ocupación? de los stands comerciales y 374 periodistas acreditados de 10 nacionalidades diferentes, cifras que han cubierto las expectativas de los organizadores.

Pero cabría preguntarse si la ANCCE va por el camino correcto en cuanto promoción de nuestro caballo español y si el SICAB, más que un Salón Internacional del Caballo, se está convirtiendo en “una feria” sin más, donde “famosetes de medio pelo”, frikis y demás jauría campan a sus anchas por el recinto en un espectáculo que nada tiene que ver con nuestro caballo y su promoción.

El panorama actual de nuestra raza pasa por momentos muy difíciles debido, no solo a la crisis económica, sino a un exceso de oferta motivado por el boom experimentado por la raza en los momentos de bonanza económica, en el que se incorporaron muchos empresarios, con éxito en otros sectores, pero ajenos al mundo de la cría, que buscaban elevar su posición social o “blanquear” parte de su patrimonio. Lógicamente también existen honrosas excepciones, de verdaderos aficionados al caballo español que tuvieron la oportunidad de incorporarse a este mundo y crearon sus yeguadas con criterios más profesionales.

Esta masiva incorporación fue aprovechada por muchos ganaderos para vender sus productos a precios disparatados y, con una política del “todo sirve”, se clasificaba como “reproductores aptos” a animales que difícilmente podían transmitir algo positivo a la raza y cuyo destino lógico hubiese sido, tras su castración o esterilización, su utilización como caballo de paseo. Si a ello unimos la moda de las capas, en las que algunos ganaderos basaron sus programas de cría, estaremos describiendo a una parte importante del censo actual del PRE.

Las consecuencias de todo ello son un aumento desmesurado del censo, una oferta incapaz de ser asumida por el mercado, y muchos productos que para lo único que sirven es para hacerle una foto, por su belleza, pero ayunos totalmente de funcionalidad. Y no debemos olvidar que el caballo, sea de la raza que sea, tiene primero que “servir para algo”, y si además a esa utilidad le unimos la belleza, mejor que mejor. Existen excepciones pero, desgraciadamente, pocas.

Sinceramente, creemos que la ANCCE, y las demás asociaciones existentes dentro del mundo del PRE, deberían marcarse como único objetivo la funcionalidad del caballo y dejarse de organizar tantos concursos de belleza (los morfológicos) que no aportan nada a la raza. Además, si nuestros lectores se dieron una vuelta por el SICAB, pudieron comprobar que, en las corraletas de las yeguas y en los boxes de los machos, existía una gran proporción de ejemplares auténticamente “celulíticos”, sobrecargados de kilos, donde la funcionalidad brillaba por su ausencia.

Aprendan de otras razas, como el PSL, sean más estrictos a la hora de calificar los reproductores, abran el libro genealógico y acepten como reproductores a ejemplares con buen palmarés deportivo o que destaquen en cualquier otra actividad.

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