Opinión/Editorial
Última actualización 23/11/2010@11:30:42 GMT+1
En los dos últimos años se han sucedido varias matanzas de caballos en los montes de Pontevedra motivadas, quizás, en represalias por los daños causados en cultivos agrícolas por los caballos en estado semisalvaje que pastan por aquellos lares.
La cronología de estos trágicos sucesos es, sin ánimo de ser exhaustivos, la siguiente: En febrero del 2008, ocho caballos son brutalmente acuchillados en un monte de Couso, en Campo Lameiro; en marzo del 2009, el cruel asesinato de otros ocho caballos se repite en este municipio pontevedrés, ahora en Cimadevila; en octubre del 2009, tres yeguas son localizadas con heridas de escopeta en el monte Xiabre, en Caldas de Reis; en noviembre del 2010, encuentran dos yeguas abatidas a tiros en Cuntis y se investiga la muerte de unos 25 caballos, también tiroteados, en montes de Cotobade. Son solo cinco ejemplos recientes de sucesos relacionados con equinos salvajes en montes de la comarca de Pontevedra.
¿Qué motivos hay detrás de estos actos salvajes y quién los protagoniza? Según fuentes consultadas por La Voz de Galicia, que se ha interesado en esclarecer estos sucesos, piensan que detrás de estos graves hechos existe un móvil económico en vecinos que tienen fincas agrícolas y animales, y que están hartos de que los caballos entren en sus propiedades privadas en busca de comida y arrasen con todo. Salvo que retengan a los animales, como ocurrió en Caldas o en Poio, es muy raro que los dueños reconozcan que los caballos son suyos y se hagan cargo de los destrozos. Y también hay que incidir en el grave problema para la Seguridad Vial que suponen los equinos en régimen de total libertad, que han ocasionado graves accidentes con pérdidas de vidas humanas.
Pese a las denuncias y las investigaciones abiertas, casi nunca se halla a los responsables de las muertes a tiros o a cuchilladas. Especialmente llamativo fue el caso de Campo Lameiro del 2009, donde los caballos fueron acorralados en un camino y luego acuchillados. Pese a la brutal escena, nadie vio ni oyó nada, reconoce la Guardia Civil, que participa en las indagaciones.
En el caso más reciente, el de Cotobade, en que murieron 25 ejemplares, la Asociación Caballar Monte Castelo confía en que las pesquisas que tiene en marcha el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) den resultados y también piensan en la tesis de la motivación económica, descartando otras causas como venganzas vecinales o la acción de cazadores. El colectivo que cada verano organiza la rapa das bestas de Cuspedriños (San Xurxo de Sacos) ha pedido a los agricultores que, antes de que alguien se tome la justicia por su mano, se dirija a la asociación para poder solucionar el tema de los daños ocasionados, ya que los animales no tienen culpa alguna y son necesarios para el equilibrio medioambiental de los montes gallegos.
La primera denuncia ante la Guardia Civil por el caso de Cotobade se presentó el 27 de octubre. Un solo vecino de ese municipio perdió quince equinos. Si los animales tienen dueño, son estos quienes tienen que hacerse cargo de la retirada de los cadáveres del monte para evitar un problema de salud pública. Si no es así, corresponde al ayuntamiento la tarea, que debe realizar una empresa autorizada. En Cotobade, el concello procedió a la retirada de varios caballos, aunque la asociación caballar Monte Acibal indicó que tienen un seguro.
Fuentes de la Comandancia de Pontevedra señalaron ayer que el SEPRONA está investigando el suceso, pero de momento no hay avances destacables. Tampoco dio resultado la denuncia interpuesta por la asociación estradense Rapa das Bestas de Sabucedo por las dos yeguas que aparecieron abatidas a tiros en la aldea de Vilar de Mato, en Cuntis. Para este colectivo, fue un «asesinato en toda regla», y para nosotros, todos los numerosísimos aficionados al mundo de la equitación y amantes de tan noble animal, un crimen execrable obra de individuos que no merecen más que nuestro desprecio y nuestra más enérgica y pública repulsa.