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Última actualización 27/10/2010@13:33:15 GMT+1
Si hay un elemento que caracteriza a la Monta Western sobre todos los demás, ese es la montura con su peculiar y típico pomo o cuerno. Sin embargo, la montura Western es algo más que una pieza del equipo de montar, es un símbolo tangible de una herencia romántica cuya evolución evoca una historia pasada y un personaje tan mítico que han hecho correr ríos de tinta
Texto: Pilar MASSAGUER
Fotos y dibujos: John EGGEN, Alain EON, José CISNEROS, Real Armería, Catálogo McConell
La montura Western constituía una de las herramientas imprescindibles para el trabajo del cowboy, siendo además su más preciada posesión sobre la cual pasaría la mayor parte de su vida y de la cual no se desprendería jamás, de forma que si se decía de un cowboy que “había vendido su montura” en realidad significaba que el sujeto había muerto.
Un cowboy equipado con su montura Western podía ser contratado para trabajar en un rancho o para conducir ganado. Con su preciada herramienta de trabajo, el cowboy podía lazar reses, conducirlas o desplazarse de un lugar a otro.
Con la seguridad que le proporcionaba su montura, el cowboy podía mantenerse sobre un bronco mientras se botaba o ir a todo galope en terreno abrupto en pos de una res descarriada. No es de extrañar que nuestro personaje se gastara todo el dinero de una temporada de trabajo en comprar la mejor montura que pudiera permitirle su salario.
Generalmente, los cowboys encargaban sus monturas “custom made”, es decir por encargo y bajo sus especificaciones a artesanos especializados, los “saddlemakers”, y es que una montura bien hecha y bien cuidada podía durar toda una vida de duro trabajo.
Sin embargo, lo que vendría a conocerse como montura Western en Norte América evolucionó durante un período de cuatro siglos a partir de las antiguas monturas de guerra españolas que los conquistadores españoles llevaron al Nuevo Mundo en 1519.
Orígenes españoles
Las monturas existentes en España en el siglo XVI correspondían a los dos estilos de monta que un buen caballero debía dominar perfectamente; esto es, la montura Bridona o Estradiota y la Jineta. La primera proviniente de la Europa medieval y la segunda traída por los musulmanes a la Península Ibérica en el siglo VIII.
Con el tiempo se desarrolló en el Nuevo Mundo a partir de aquellas, la montura “Bastarda”, que incorporaba las mejores características de ambas.
Los cambios no fueron inmediatos. De hecho, durante los subsecuentes años, los nuevos colonos de las Américas siguieron utilizando las monturas españolas, pero fue el nuevo sistema ganadero extensivo el que impuso la necesidad de esos cambios.
Los inmensos territorios conquistados propiciaron la cría de ganado a campo abierto. La pica y la “desjarretedera”, herramientas con las que se reducía a las reses, dejaron de ser útiles, por lo que los recién estrenados vaqueros de Nueva España pusieron en práctica el uso de otra herramienta ancestral: el lazo.
Fueron necesarios varios intentos de manejo hasta dar con el idóneo. Primero se ayudaron de una pértiga como los mongoles; pero después de adquirir cierta destreza, podían lanzar el lazo y acertarle a la cabeza de una res desde cierta distancia.
Pero había que encontrar algo donde poder anclar el otro extremo del lazo que sujetaba la res. Se probó atando el cabo a la cincha de la montura y también a la cola del caballo, pero ambas soluciones demostraron ser bastante desastrosas, hasta que alguien se dio cuenta de que algunas de las monturas iban provistas de una “manzana”, una especie de protuberancia sobre el borren anterior, probablemente colocada alli para ayudarse a montar; y alrededor de ella comenzaron a sujetar el lazo.
El lazo no se ataba a la “manzana”, sino que se daba un par de vueltas alrededor de ella y se “jugaba” con la res en un tira y afloja. Esa técnica pareció ser la mejor ya que los talabarteros mexicanos comenzaron a incorporar y mejorar la protuberancia para que su utilización fuera más conveniente.
Desde el principio, a los nativos se les había prohibido montar a caballo; pero, como los ricos hacendados necesitaban mano de obra para manejar su ganado, conseguían dispensas para que esto fuera posible. Lejos de la ciudad y de los núcleos poblados, los indios debían construir sus propias monturas, que al principio eran muy toscas. Seguramente copiarían rudimentariamente el baste de madera de alguna montura propiedad de su “jefe”, sustituyendo los ricos terciopelos bordados por una simple piel colocada en el asiento para mayor comodidad.
La metamorfosis de aquel crudo invento para cabalgar y manejar al ganado produjo diversos modelos de monturas, pero todos ellos tenían el denominador común de ir provistos de un pomo o cuerno, ser recios, cómodos y convenientes para aquel trabajo cuyo uso se extendió hacia el norte con la migración de colonos a tierras de lo que más tarde se conocería como California y Texas.
Los territorios conquistados que fueron primero españoles, luego mexicanos y finalmente estadounidenses dieron un carácter propio no solo a sus habitantes sino también a aquellas primeras monturas, modificando progresivamente sus características de acuerdo a las necesidades impuestas por el trabajo en entornos diferentes. De ahí nacerían los dos “estilos de monta” y sus monturas: la montura del Californio y la antigua montura de Texas.
La evolución de cada una de ellas produjo a su vez entre 1860 y 1885, dos estilos clásicos de monturas, que ahora ya se podían llamar “Western”: de la primera surgiría la llamada, la “californiana” y de la segunda, la de “Plains”, si bien con el tiempo estos estilos acabarían mezclándose.
Bien entrado el siglo XX, cuando el rodeo se estableció como competición y las pruebas de monta Western fueron promovidas por las recién formadas asociaciones equinas, la montura Western sufrió unas modificaciones notorias para adaptarse a las nuevas necesidades.
De la diversificación de pruebas de monta Western, surgieron diversos modelos de monturas con características específicas para ser más ventajosas en cada disciplina. Así la montura de trabajo se convirtió en la montura de “roping” para la prueba de lazado de novillos, y de la modificación de ésta partieron la de “cutting” para recortar reses, la de “reining”, la de “equitación” o la de “carrera de bidones”, sin olvidarse de las monturas que utilizan la mayoría de los jinetes, la de paseo, llamada de “pleasure” o “trail”.