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Última actualización 25/06/2010@08:27:29 GMT+1
El tipo de silla que va a ocupar las líneas que siguen es la montura, y todos los arreos y jaeces que la acompañan, que usan los marroquíes en las fantasías, en especial atalajando los caballos de raza berberisca, los más usados para este espectáculo, reducto de lo que en el pasado fueron antiguos enfrentamientos tribales
Texto: Laura Águeda
Fotos: Luis Alonso
Lo que fue una lucha cierta entre la multitud de tribus bereberes que convivían en el norte de África es hoy una exhibición de virtuosismo ecuestre y enardecimiento guerrero en el que compiten y dan espectáculo con ocasión de diferentes festividades religiosas o bien celebraciones tales como bodas, bautizos… las diversas cabilas o sorbas, grupos que representan a las varias demarcaciones geográficas del actual Marruecos, y que se baten en lucha simbólica, simulando una verdadera acción militar.
Esta festividad tradicional marroquí que se conoce desde principios del siglo XIX con el nombre de fantasía, es lo que en Marruecos se llama tbaurida, y en ella un tropel de caballos guiados por expertos jinetes o barud galopa en estampida parando en seco al final de la carrera y disparando sus fusiles al unísono. Unos y otros, caballos y caballeros, visten sus mejores galas: van lujosamente ataviados para lucirse ante la concurrencia. De aquí las particulares características de este tipo de silla, profusamente decorada al estilo árabe, recargado y fastuoso, por tanto muy vistosa y llamativa; en las fantasías aquellas cabilas que visten sus caballos de modo más bello y suntuoso destacan por encima de las demás, de aquí la gran importancia del trabajo de un buen guarnicionero, así como del resto de artesanos y artistas que participan de su elaboración: los herreros que realizan estribos, espuelas y bocados; los artesanos textiles que elaboran la manta sudadera, el frontal e incluso la cincha y las riendas decorándolo todo con vistosos colores, así como con borlas, galones, lentejuelas…; los ebanistas que fabrican los arzones; así como aquellos artistas especializados en la realización de bordados y damasquinados.
Pero al tiempo se trata de una silla pensada para el enfrentamiento guerrero, una montura para luchar. La silla usada en las fantasías muestra hechuras que nos remontan a la época en que la lucha era cierta y el asiento del jinete debía proporcionar una fuerte sujeción: ello se logra en gran medida con la fabricación de sillas con altos arzones traseros curvos que se prolongaban a manera de brazos en sus extremos y que se asociaban a arzones delanteros de perfil recto.