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Última actualización 25/06/2010@08:28:00 GMT+1
Este gran jinete siempre tuvo muy claro que lo que quería hacer en su vida era no bajarse de un caballo

Texto y fotos: Katharina BRAREN
José Manuel Cabezas nació hace 42 años en España, en Lleida, y con él una pasión por los caballos que ya estaba ahí, muy presente, desde su infancia. José Manuel nos cuenta cuando iba con sus padres por la plaza principal del pueblo donde solían veranear y encontraron un caballo atado en el centro de la plaza, y cómo antes de que su madre lo pudiera frenar, José Manuel se había escapado e ido corriendo hacía el caballo; la coz pasaba a centímetros de su cabeza, su madre casi se desmaya, y el herrador que estaba cortando los cascos del caballo le echaba la bronca con un “nunca jamás te acercas desde atrás, los caballos tienen ojos detrás pero con ellos no pueden verte tan bien como cuando te pones por delante”. José Manuel nos dice que nunca se ha olvidado de esa vivencia, quizá porque aquel hombre después lo subió al lomo del caballo y lo paseó por toda la plaza, era una perspectiva muy distinta del mundo. Desde entonces, él lo tuvo claro, lo que quería hacer en la vida era no bajarse del caballo. En aquel momento tenía 5 años, y 12 años más tarde elegiría la carrera de jinete profesional. De unos tímidos clinics con Luis Lucio en Llavaneras que le iniciaron en la formación hípica, iba a iniciar su lucha por aprenderlo todo, lo que hizo que poco a poco fuera trasladándose durante cinco años cada vez más hacia el norte de Europa, en un viaje en el que llegó literalmente a un punto geográfico en el que ya casi no había caballos. Y así hasta que decidiera regresar a España y crear su propio centro, copiando el sistema que había vivido en el extranjero, un sitio privado, sin distracciones y dedicado exclusivamente a preparar y vender caballos.

Zeta Horse Farm
Hemos quedado con él y nos acercamos a su cuadra en la sierra de Madrid, pasado Soto el Real, subiendo a 5 kilómetros de Miraflores, ahí se encuentra a la izquierda Zeta Horse Farm, al final de un camino forestal y al pie de la Morcuera. Allí vive y trabaja José Manuel Cabezas con Cristina Perregaard y su hijo Oliver en una finca muy bien aprovechada. La casa está al lado de los caballos, 6 perros te saludan cuando entras y por supuesto ‘Okkie’ y ‘Matilde’, el Shetland poni de Cabezas Junior y la burra mascota. Cuando llegamos se encuentran los caballos en los paddocks, la impresión es que se les ve felices, uno se bota, otro echa una carrera arriba y abajo, todos ellos son caballos de deporte, en total 4 de raza Ibérica y 12 Warmbloods son los ejemplares en doma y entrenamiento. Esta suele ser la relación habitual nos confiesa Cristina cuando la preguntamos por el origen de todos.

Las instalaciones de Zeta Horse Farm incluyen en total 16 boxes, 10 paddocks, un cuadrilongo exterior con suelo de geotextil, un picadero redondo para dar cuerda, dos duchas interiores, solarium y el proyecto del caminador de cinta y del picadero cubierto en marcha. En la finca de Cristina y José no hay mucho movimiento de humanos pero sí de caballos, estamos en una cuadra dedicada a la preparación y compra-venta de caballos de deporte. Algunos se quedan más tiempo, otros menos; pero mientras que están en la finca, ellos se empeñan en que reciban un trato exquisito, de deportista de élite.

Filosofía
Nos sorprende ver caballos de deporte en libertad absoluta y a nuestra pregunta de si no se podrían hacer daño, ellos sonríen. Su experiencia es muy positiva, jamás ha habido un accidente. Cuando los caballos no están acostumbrados, algo cada vez menos frecuente en el caso de los PRE y PSL, “en los primeros días hay que tener cuidado no soltarles directamente desde el box, pero en un par de semanas están acostumbrados y no pasa nada y ellos lo agradecen enseguida”. Las carreras suelen ser sinónimo del “vértigo” que les produce su repentina libertad. “Un caballo tiene que poder ser caballo, esto me lo enseñó Andrés, Conde de Montferrant, uno de mis primeros maestros en Francia. Ellos necesitan su libertad todos los días, poder correr, el contacto con los suyos. Es una gran crueldad encerrarlos 24 horas en un box, que es como una penitenciaria para ellos, y encima en la mayoría de los casos en solitario, cuando los caballos son animales de manada. Nuestra experiencia es que tener los caballos en libertad solamente tiene ventajas, tanto para su cabeza como para nuestro bolsillo, las facturas del veterinario disminuyen muchísimo”.

El viaje del aprendizaje
Quien dice Montferrant, dice Enriquette y Le Roland, los mosqueteros de la Doma Clásica Francesa, un trío difícilmente separable. José Manuel Cabezas habla con mucho respeto de ellos. Nos cuenta que eran unos “todo terrenos”, auténticos hombres de caballo, miraban a los ojos del caballo y sabían cómo era, e insiste en que no es exageración, que él estuvo allí para dar cuenta de que realmente era así, que bastaba una mirada, una intuición desde pie a tierra para que ellos supieran cómo montarlos. La casa de Montferrant fue la primera parada para José Manuel cuando decidió hacer la maleta a los 18 años y marcharse fuera de España, él quería aprender más y perfeccionar su monta, no se imaginaba que iba a pasar por Francia, Alemania, Dinamarca, Checoslovaquia y no volver hasta 6 años después a España. Se ríe, “me acuerdo que entonces pensaba que era un gran jinete, que solo me faltaban detalles pero que ya sabía todo. Chapurreaba francés, así que mi primera idea fue irme a Saumur, a la Escuela Nacional de Equitación. Ahí no pude entrar como jinete por no ser francés, pero tuve la suerte de montar en casa del Conde de Montferrant, en un castillo impresionante”.
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