Turismo ecuestre
Última actualización 24/05/2010@13:19:55 GMT+1
La ruta a caballo que proponemos nos llevará a la parte más alta de este Parque Natural y comienza en el valle del río Mundo, curso fluvial protagonista indiscutible de este entorno natural
Texto: Laura ÁGUEDA
Fotos: Luis ALONSO
Sorprende y cuesta creer que en el extremo sureste de la Comunidad de Castilla-La Mancha y en plena provincia de Albacete, una gran desconocida en lo que a sus valores naturales se refiere, hallemos macizos montañosos de tal envergadura como los que constituyen las Sierras de Alcaraz y del Segura; estas forman junto con las serranías andaluzas de Cazorla y de Segura, la cordillera Prebética. Aquí el terreno llano y árido de La Mancha da paso a un paisaje de montaña de bella geomorfología y a una variada flora, con no pocos endemismos.
Un parque de reciente creación que merece la pena conocer, y la primavera es un momento idóneo. Las nubes son generosas con estas tierras durante el invierno, cubriéndolas con lluvia que se hace nieve en sus cotas más elevadas. Estas condiciones hídricas hacen que la primavera sea una estación intensa que brota generosamente en cada rincón: junto a los cursos de agua crece una vegetación frondosa en la que predominan el fresno y el olmo de montaña, que con la llegada de la primavera comienzan a cubrir sus ramas con los retoños de las hojas nuevas. En los alrededores el mirlo acuático, el ruiseñor bastardo o la lavandera amenizan la bucólica estampa, que se completa sin duda con la multitud de flores que invaden los prados.
Inicio de la ruta
La ruta a caballo que proponemos nos llevará a la parte más alta de este parque natural y comienza en el valle del río Mundo, curso fluvial protagonista indiscutible de este entorno natural. Tras cruzarlo iniciamos la ascensión por la umbría de la finca que recibe el nombre de Coto de la Mina, por el viejo camino de herradura que nos conducirá hasta la Boquera.
El primer tramo se caracteriza por una pendiente verdaderamente importante, seguida de un tramo de subida algo más suave, menos pronunciada, donde encontraremos un acer, conocido popularmente como ‘el acere del agua’ -cuentan que al encontrarse hueco su tronco este recoge agua en su interior y ha servido tradicionalmente a los pastores y ajorradores como lugar para beber agua, sobre todo en las estaciones secas en las que las fuentes andan escasas de líquido elemento-. Aquí aprovecharemos para descansar, más nuestras cabalgaduras que nosotros. A buen seguro que estas habrán sudado ya a estas horas tempranas de la mañana aun en esta zona de umbría, y es que la subida es realmente dura.
Conviene que los caballos que se utilicen para esta ruta sean animales acostumbrados a estos terrenos, para que ellos mismos sean quienes reserven y administren sus fuerzas. Un caballo no entrenado en estos pagos comenzará muy alegre el repecho, pero pronto sentirá cómo le fallan las fuerzas. La proximidad de esta zona a las provincias de Alicante y Murcia en las que hay gran cantidad de picaderos hace que muchos aficionados a las rutas ecuestres de esta zona costera deseen pisar la sierra y quieran hacerlo con sus caballos, acostumbrados estos a terrenos llanos y a muy pocas pendientes pueden sufrir más de lo deseado; la experiencia por lo general nunca ha sido satisfactoria según nos cuentan.
Continuamos la ascensión por empinadas cuestas que serpentean en torno a la montaña y que nos llevarán hasta lo más alto, recreando nuestra vista con espectaculares y cambiantes vistas del valle de Riópar, todo lo que la generosa y tupida vegetación nos permite. Lo primero que encontramos al comenzar a llanear es una caseta de pastores, todavía hoy en uso.
En la parte más baja hallaremos vegetación típica de ribera y bosque mediterráneo. En el camino de ascensión podremos observar grandes masas boscosas de pinos de diferentes variedades distribuidos según altura, pino laricio, negral, carrasco…; en el entorno encinares, quejigos... Y conforme ascendemos hacia la zona más alta o de los calares, aquellos que dan nombre al parque, observamos cómo a medida que ganamos altura varía el tipo de plantas, árboles y arbustos que encontramos a nuestro paso, siendo precisamente esta característica, la biodiversidad, una de las más representativas de este parque natural en el que nos encontramos. En lo más alto, el bosque desaparece casi por completo. Algunos ejemplares de árboles y arbustos salpican un paisaje único que sorprende por lo diferente, en el que domina la típica vegetación almohadillada de las zonas altas de montaña en general y de los calares en particular. Verdaderas alfombras de plantas rastreras que se asocian entre sí para vivir en las extremas condiciones de un calar: intenso frío, viento, escasez de agua en los meses de verano… Su conformación las preserva en lo posible de todos estos elementos adversos: su escasa o nula altura las protege del viento; el estar pegadas a la roca les ayuda a preservar la humedad en las temporadas más secas… Y aun así, pequeñas y rastreras son sin duda la ‘joya de la corona’ de este parque natural.