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Última actualización 23/03/2010@09:23:27 GMT+1
En la pista siempre destacó por su monta perspicaz por transmitir fuerza y valentía. A lo largo de su carrera inculcó grandes lecciones a numerosos alumnos y aficionados que se sentían atraídos por su sabiduría y extraordinaria cercanía hacia lo que fue su pasión: el mundo de los caballos

Texto: Lucía CARRALÓN
El año pasado finalizó con una caída que rompió los esquemas de todos aquellos que siguen la hípica y a sus protagonistas. El veterano jinete barcelonés Alejandro Zambrano, “Alito” para los amigos, falleció tras ser ingresado en el Hospital Clínico de Barcelona a causa de una caída sufrida mientras paseaba un caballo en el picadero cubierto del Real Club de Polo de Barcelona.

El caballo se asustó y se botó, lo que hizo que el jinete cayera de cabeza, provocándole una lesión neurológica en la base del cráneo que hizo que, posteriormente, tuviera una parada cardiaca. Lamentablemente, la caída se llevó consigo a uno de los jinetes más laureados de las décadas de los 70 y 80.

Por todos los logros y triunfos, tanto personales como profesionales, que cosechó a lo largo de su andadura por la vida, desde Trofeo Caballo queremos rememorar su gran trayectoria en el mundo de la hípica y en el corazón de todos aquellos que tuvieron la oportunidad de cruzarse en su camino.

TIERNOS COMIENZOS. El 5 de diciembre de 1947, nace Alejandro Zambrano. Con apenas 7 años, ya vive el mundo de los caballos con gran afición, haciendo de alguacilillo en la plaza de toros de Tarragona. Tan solo tres años después, ya rejonea su primer toro, pero lo que en un principio parecía que iba a encaminarse hacia el rejoneo por su gran destreza a pesar de su temprana edad, da un giro de ciento ochenta grados tras una grave cogida y acaba en el Salto de Obstáculos.

El Real Club de Polo de Barcelona lo ve crecer como jinete de Salto junto a su fiel compañero en el rejoneo, ‘Temerario’, y pronto comienza a destacar por su monta. Pasan pocos años hasta que su gran pasión le lleva a competir en el Campeonato de Europa Juvenil de Salice Terme junto a ‘Diablo’.

CENTRADO EN SU CARRERA. Con el paso de los años sigue cosechando numerosos éxitos, que le llevan a lo más alto de la competición y a dedicarse por completo al mundo de los caballos.

Con 30 años, se proclama Sub-campeón de España de Saltos Absoluto, éxito que repite dos años después. Son finales de los 70 y ya es prácticamente un jinete consagrado. Le nombran Miembro del Equipo Español de Saltos en 1978, y continúa hasta 1984. Zambrano comienza la nueva década con triunfos como Campeón de España de productos nacionales varios años consecutivos, Campeón de España Absoluto en el año 1983 montando a ‘Typytom’, y múltiples Grandes Premios.

Continúa su grandiosa trayectoria durante varias décadas, formando equipo en numerosas Copas de Naciones como las de Lisboa, Barcelona, Madrid, Ginebra, Aachen, París, Lieja y Roma, y siendo pre-olímpico en dos ocasiones, en el año 1980 para los Juegos Olímpicos de Moscú y en el 1984 para las Olimpiadas de Los Ángeles.

A pesar de sus numerosos triunfos, tanto nacionales como internacionales, por lo que sin duda destaca “Alito” es por su gran destreza en las pruebas de potencia, estableciendo incluso un nuevo record en el C.S.I. de Dinard (Francia) con ‘Speed’, al superar los 2,25 metros. Pero esta no es la única ocasión en la que se impone al resto de jinetes en una prueba de potencia, las décadas de los 80 y de los 90 son suyas en este campo, y casi todas las potencias que realiza, se lleva el premio. Caben destacar la del CSI de Coruña, que gana dos años consecutivos, la del CSI de Vigo en el año 1981, la del CSI de Madrid en los años 1980 y 1982, la del CSIO de Lisboa también en 1980 y la del Equus Catalonia, que pasa los 2,10 metros en el año 1992.

CAMBIO DE AIRES. Tras alcanzar lo más alto, y nunca mejor dicho, se centra en su labor como profesor de numerosos alumnos que intentan absorber toda la información y sabiduría que desprende este gran jinete. Alejandro llega a formar a verdaderos campeones tanto en la pista de competición como fuera de ella.

Supo siempre ser buen profesor y transmitir sus conocimientos con calma, respeto y gran sabiduría. Muestra de ello son dos de sus cinco hijos, Churrita y Sofía, que continúan con pasión por el mundo del caballo.

No fue una persona de las que pasan desapercibidas, pues sus enseñanzas perdurarán y seguirán siendo trasmitidas a futuras generaciones. La hípica perdió un gran jinete, y los que le conocían y admiraban perdieron además a una gran persona, a un caballero de los pies a la cabeza.

Alejandro Zambrano se fue haciendo lo que más le gustaba, lo que era su pasión desde que comenzó a tener uso de razón y lo que tantas alegrías le había proporcionado a lo largo de su vida.

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