Hemeroteca :: 01/04/2010
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Opinión/Editorial
Última actualización 23/03/2010@09:22:24 GMT+1
Al perro flaco todo se le vuelve pulgas, dice un refrán castellano y esto viene perfectamente a colación con la actual situación del sector ganadero en nuestro país. Como todo en esta vida, hay excepciones, pero la tónica general pasa por lo que comentamos a continuación.

De todos es sabido que la terrible crisis económica que padecemos ha incidido de manera muy directa en nuestro sector ganadero, ya que en los años de bonanza económica se incrementó en demasía el censo ganadero, fundamentalmente con la afluencia al mundo de la cría de muchos ganaderos del sector del ladrillo que buscaban, algunos un prestigio social que no alcanzaban con su actividad de origen, otros “blanquear” ingresos de su posición especulativa, y los menos, atraídos por una actividad ganadera, tan gratificante pero tan sacrificada, estaban dispuestos a invertir y apostar decididamente en el sector. A todos ellos la realidad actual muestra que la crisis ahoga la ilusión de los ganaderos, tanto de los que lo son como de los que no.

También sabemos que muchas de estas nuevas yeguadas están asentadas en “explotaciones sin tierra” o intensivas; esto es, parcelas de insuficiente tamaño en donde los animales viven hacinados y son alimentados con piensos y otros aportes alimenticios comprados en el exterior de la explotación, con el consiguiente incremento de los costes de producción que ello lleva consigo y tan determinante en una situación de crisis económica como la que padecemos.

Por otra parte, este indudable incremento de los censos ganaderos hace que la oferta de caballos en venta -pocos buenos, algunos mediocres y muchos malos-, no sea capaz de ser absorbida por nuestro mercado real, venido a menos por el miedo a gastar que tenemos metido en el cuerpo, y que ha provocado una caída brutal de la demanda y de los precios. El buen caballo, con aptitudes contrastadas, aún tiene mercado y ha mantenido los precios, pero las mediocridades y los “caballos que no nos dicen nada”, no tienen mercado en la actual situación de desastre económico. Ello ha dado lugar a que bastantes ganaderos hayan colocado sus productos en el mercado de la carne a unos precios irrisorios, con tal de quitárselos de encima.

Por si la situación no fuese lo suficientemente grave, la climatología, en los tres últimos meses, no ha dado tregua a los ganaderos y los “ha obsequiado” con abundantes y persistentes lluvias que, si en el campo han sido siempre bienvenidas, están ocasionando daños irreparables, pérdidas cuantiosas y una situación casi insostenible para muchos ganaderos, y más si cabe en los que asentaron sus explotaciones en fincas más dimensionadas y con altas cargas ganaderas. Hemos sido testigos presenciales de las enormes dificultades que atraviesa el ganado en algunas explotaciones, hundidos en barro hasta las rodillas y con insuficiente o mal equilibrada alimentación.

En prensa, radio y televisión son cada vez más frecuentes las noticias de abandono de caballos y de accidentes provocados por estos. Nos consta que el SEPRONA ha incrementado bastante sus actuaciones, unas veces por iniciativa propia y otras atendiendo a denuncias formuladas por los ciudadanos, que alertan de la existencia de animales famélicos abandonados a su suerte.

Todo lo anteriormente expuesto nos hace pensar en la necesidad de una regulación del sector para que nuestros queridos caballos no sean los “paganinis” de la terrible situación económica en la que nos encontramos inmersos y que, por lo que podemos comprobar día a día, nuestra clase política es incapaz de resolver. Esta regulación sería de mucha ayuda antes de que, la selección natural provocada por la crisis, acabe por dejar como ganadero sólo a los mejores, a los que lo han sido desde siempre al margen de modas u oportunidades. Entonces sería demasiado tarde para los indefensos animales..

Antonio Pérez
perez@eai.es >antonio.perez@eai.es
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