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Hispano-árabe

Hispano-árabe

Última actualización 23/02/2010@13:13:36 GMT+1
La idea de mejorar las características del caballo español con el árabe nace en el seno de la Yeguada Militar en el año 1883, con el objetivo primordial de aportar al primero mayor versatilidad para las campañas militares.

Texto: Laura ÁGUEDA
Fotos: Luis ALONSO


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EL CABALLO ESPAÑOL E HISPANO-ÁRABE

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Qué mejor modo que comenzar esta semblanza del caballo hispano árabe que citando palabras de don Álvaro Domecq y Díez en el prólogo del libro El caballo en España: “El caballo español cruzó a la perfección con el árabe y se consiguió una obra maestra, el Hispano-árabe, que aligeraba la raza y la dotaba de mayor velocidad, sin perder ni un ápice de arrogancia”.

Pero, ¿por qué se tardó tanto en realizar, al menos de un modo consciente, el cruce, cuando el árabe se venía usando desde antiguo para la mejora de otras razas? Ha sido históricamente la sangre que ha mejorado la gran mayoría de las razas del mundo occidental. En los siglos XVIII y XIX la necesidad de una caballería más rápida y ligera requirió acudir al origen de todos los caballos de sangre caliente, el caballo árabe, para compensar la pesadez y lentitud de caballos de temperamento más tranquilo, dando origen a nuevas razas como el silla francés o el pura sangre inglés.

En busca del caballo árabe
Aunque cueste creerlo, en la Península Ibérica la relación del caballo andaluz o español con el árabe tardó en llegar. Durante la conquista de Al-Andalus, el caballo usado en las incursiones fue el berberisco, aquel que montaban las tribus del norte de África. Este hecho explica sin duda la gran similitud de aquel con el caballo español, pero la no tanta semejanza de este con el árabe, con el caballo de Oriente Medio. No será hasta finales del XIX cuando, por iniciativa de y gracias al buen hacer del estamento militar, se crean comisiones de compra para viajar a los lugares de origen del caballo árabe y allí comprar los mejores ejemplares para mejorar la cabaña nacional. Lo mismo ocurrió en otros países como Inglaterra o Francia.

La búsqueda del caballo árabe por militares españoles en algunos de sus países de origen, Turquía, Siria, Mesopotamia o Palestina, queda bellamente reflejada tal como si de un cuaderno de viajes se tratara en la obra En busca del caballo árabe del Comandante de Caballería Luis Azpeitia de Moros (1905). La idea de mejorar las características del caballo español con el árabe nace pues en el seno de la Yeguada Militar en el año 1883. Su objetivo primordial era aportar al primero mayor versatilidad para las campañas militares: funcionalidad y capacidad deportiva serían los rasgos que se buscaban en los ejemplares árabes que durante siete meses Luis Azpeitia de Moros y sus compañeros de la comisión militar creada ad hoc para tal misión y encabezada por el Comandante de Caballería don Agustín de Quinto tratarían de llevar a buen fin. “El día 13 de mayo de 1905, y en cumplimiento de la leal orden de 1º de dicho mes, salí de Madrid en dirección a Marsella, acompañado del Oficial de Administración militar señor Fernández y del veterinario segundo señor Viedma, que formaban parte de la Comisión para la compra de ganado en Oriente”, cuenta Luis Azpeitia de Moros en su obra En busca del caballo árabe.

Años atrás, a finales del siglo XVI, se había producido un fenómeno a la inversa del que ahora aquí en este artículo tratamos de describir. En aquella ocasión se introdujo sangre extranjera, pero en busca de un tipo de caballo en el que prevalecieran las formas y en el que la funcionalidad pasara a un segundo plano. El monarca Felipe III nombra a un napolitano director de la Yeguada de Córdoba, el teniente Tiutti, y este importa sementales extranjeros para proporcionar al caballo español una mayor corpulencia que lo hiciera apto para las grandes carrozas que desde Italia se habían puesto de moda. Pero el Pura Raza Española era un animal de silla y no de tiro, y al ganar en volumen perdió en agilidad y belleza. Los retratos ecuestres de Velázquez dan buena muestra de ello. Sin embargo, antes de este proceso de “mejora” del caballo español, a este se le pueden intuir rasgos que deriven quizá de algún tipo de cruce genético con el árabe. Así los caballos sobre los que pinta Rubens a Felipe II o el Duque de Lerma son animales ligeros, con cuellos livianos pero fuertes y cabezas pequeñas.

En cualquier caso, lo que se buscó desde siempre en el cruce con el árabe fue su resistencia y versatilidad. De la cría con el caballo de pura raza español resultaría un caballo más vivaz y menos pesado que este, esbelto y fino al tiempo que resistente y fuerte, cuyos principales rasgos de carácter son su fiabilidad y nobleza, y en el que destaca por encima del resto de virtudes su funcionalidad. Por su rusticidad y resistencia es un caballo idóneo para el trabajo de campo así como para disciplinas próximas, como el Acoso y Derribo, el Rejoneo o la Doma Vaquera, en las que puede hacer gala de rasgos que le son propios como su rapidez y su agilidad. También es ideal como animal de ocio para disfrutar de las fiestas populares, tales como los encierros, que en torno al ganado bravo se celebran todavía hoy en muchos municipios de nuestro país.

En todas las modalidades mencionadas, la compenetración del caballo con el jinete resulta primordial y el Hispano-árabe es en este sentido un caballo único, que se somete y obedece sin dudarlo al que lo monta, o al menos al que lo monta con sabiduría. Además ha logrado buenos resultados en la modalidad de enganche. Y por su fortaleza _no hemos de olvidar que se crió en el desierto en condiciones extremas_ está demostrando ser un caballo que bien entrenado puede resultar óptimo para el raid. Pero además algunos ejemplares compiten con éxito en disciplinas como concurso completo, salto o doma. En fin la templanza y arrogancia del español, así como su masa corporal, unidas a la potencia, la elasticidad y la belleza del árabe hacen del hispano-árabe un caballo digno de ser tenido en cuenta.

Antecedentes.

Los antecedentes históricos del hispano-árabe, más allá de los posibles cruces de sangres debidos al azar y que han podido dejar su impronta en ejemplares equinos que muestran rasgos tantos morfológicos como de carácter de ambas razas desde mucho tiempo atrás, se remontan a finales del siglo XIX. Con la creación de la Yeguada Militar por Real Orden de 26 de junio de 1893, bajo la regencia de la Reina María Cristina, en la Dehesa de Moratalla (Córdoba) se pretendía: obtener productos para nutrir los depósitos de sementales; producir reproductores escogidos que sirvieran a los criadores para regenerar sus ganaderías; ensayar cruzamientos _como el hispano-árabe_; reconstruir el caballo de pura raza española… Las setenta y ocho yeguas que formaban en origen la nómina de ejemplares de Yeguada Militar se distribuían en las siguientes secciones: pura raza española, hispano-árabe, pura sangre inglés, angloárabe, hispano-norfolk y percherona, y en su mayoría fueron cedidas por ganaderos y propietarios de la época.

Libro de registro.

Así pues y aunque en la práctica se trate de una raza centenaria, no será hasta el año 1986 cuando nazca la raza del hispano árabe con todas las de la ley, es decir, con un libro de registro genealógico o stud book que si en un principio estuvo gestionado por el Ministerio de Agricultura, en la actualidad depende de la asociación que aglutina a todos los ganaderos y amantes del caballo hispanoárabe, la UEGHá, la Unión Española de Ganaderos de Pura Raza Hispano-Árabe. En virtud del Real Decreto 662/2007 de 25 de mayo de 2007 sobre selección y reproducción de ganado equino de razas puras, y que entre otras cosas marca la pauta para el reconocimiento de las asociaciones para la llevanza de los libros genealógicos por parte del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, se estableció que la gestión del libro de la raza pasara a la UEGHá. Y desde entonces será a través de esta asociación que cualquier ganadero interesado pueda solicitar la inscripción de un ejemplar en el registro auxiliar de la raza hispano-árabe. Para ello existe un documento de referencia que es la Orden DEF/94/2004 de 20 de enero donde se detalla el procedimiento de valoración para la inscripción en el registro principal o auxiliar de los équidos de la raza hispano-árabe…
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