Turismo ecuestre
Última actualización 21/01/2010@11:24:54 GMT+1
Cabalgar por la Sierra de Gredos, en el corazón del Sistema Central, se antoja como la mejor opción para regalar en estas fiestas. Su paisaje reserva imágenes únicas que no se repiten en ningún otro lugar del mundo. El vuelo de la majestuosa rapaz ibérica justifica la ruta a caballo por este enclave español
Texto: Laura ÁGUEDA
Fotos: Luis ALONSO
Comencemos contextualizando geográficamente el espacio natural que os invitamos a conocer a caballo para iniciar con buen paso este año 2010: la Sierra de Gredos, el macizo más extenso y el de mayor altitud de todo el Sistema Central, en cuyo corazón se alza como un impenetrable murallón granítico dividiendo en dos la meseta castellana.
Dada la crisis que nos aflige y que se cierne sobre nuestras conciencias hemos optado por un destino próximo que no nos obligue a realizar un gran desembolso pecuniario, más aún, tras épocas tan propicias al gasto como son las recién pasadas fiestas navideñas. Nos hallamos, como ya hemos anunciado, en uno de los espacios naturales más populares y conocidos de nuestro país, la Sierra de Gredos, y tan cercano a su capital, Madrid (sin duda, lugar de referencia para las celebraciones navideñas: iluminación, mercadillos navideños, conciertos, exposiciones…), que nuestra propuesta para esta ocasión y, por qué no, como posible regalo con ocasión de la festividad de los Reyes Magos, consiste en realizar una excursión de tan solo un día a una de las zonas más bellas de la Sierra de Gredos, el Valle de Iruelas, situado en la cara norte del extremo oriental de esta. Recibe su nombre de un arroyo de montaña, el Iruelas, afluente del río Alberche, que junto a muchos otros pequeños arroyos siembran el valle y colaboran a mantenerlo verde prácticamente todo el año, salvo ahora en este frío mes de enero, cuando las bajas temperaturas nos permiten disfrutar de un paisaje blanco y conocer por vez primera la experiencia de montar a caballo pisando nieve.
En busca del buitre negro
No hay que dudar, todas las empresas y centros de turismo ecuestre que realizan excursiones a caballo en esta zona cuentan con experimentadas cabalgaduras, aptas para transitar terrenos nevados, helados o encharcados, ya que cualquiera de estas opciones será factible en este lugar y en esta época del año. A menos de 100 kilómetros de Madrid hallaremos este paraíso natural, tan cerca de la gran urbe y de las aglomeraciones que permitirá acercarnos hasta allí a pasar una jornada ecuestre, sin necesidad de realizar desembolsos extras de alojamiento. Al mismo tiempo, está tan alejada de todo lo que remite al mundanal ruido que quizá por ello sea este uno de los lugares escogidos por la especie más emblemática del Valle de Iruelas, el buitre negro, en claro proceso de extinción en otros lugares de Europa.
Esta zona cuenta en su censo de fauna con una de las colonias de buitre negro más importante de Europa y con la tercera población más numero de España de este espectacular animal, unas 80 parejas. Este hecho, así como las otras muchas aves que surcan los cielos del Valle de Iruelas, en especial rapaces (el águila imperial, el águila culebrera, nocturnas como el mochuelo o la lechuza), la han hecho merecedora de su declaración como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Si animales en peligro de extinción en muchos otros lugares han escogido Gredos como lugar de residencia alguna razón de peso habrá. Pero además de la mencionada figura de protección este enclave natural, al que pertenecen los términos municipales de El Barraco, Cebreros o El Tiemblo, ha sido merecedora de otros tantos y bien merecidos reconocimientos dados sus innumerables encantos paisajísticos y biológicos y su alto valor ecológico. Pertenece a la Red de Espacios Protegidos de Castilla y León y es Monte de Utilidad Pública y Reserva Natural desde el año 1997. Si haciendo un esfuerzo dejamos de otear el espectacular cielo del Valle de Iruelas (la observación de avifauna es una de las actividades más recomendables para realizar en este lugar, y si además aprovechamos lo que aporta el caballo la experiencia será sin duda única), en el que domina la gran sombra que a nuestros ojos resulta la gran envergadura del buitre negro planeando en las alturas, podemos observar otros animales a pie de campo, tales como el gato montés, el tejón o la gineta. Estas especies habitan en un entorno natural con altitudes que oscilan entre los 730 metros a orillas del Embalse del Burguillo, uno de los lugares de referencia del Valle de Iruelas, hasta los 1.950 metros de las cumbres más altas. La vegetación que aquí hallamos varía, cómo no, en virtud de estos diferentes ecosistemas. Si en las riberas de los numerosos ríos y arroyos se observan alisos, fresnos o chopos, hacia las cumbres (que aunque no son excesivamente altas se dan en ellas en invierno las condiciones propias de alta montaña) habita una vegetación propia de la zona norte de la península más que de la meseta castellana.
En lo más alto, escasos ejemplares de enebros rastreros dejan espacio al piorno, un matorral adaptado a las duras condiciones de alta montaña. Su eclosión primaveral merecerá volver en estas fechas cuando sus flores amarillas y de un característico olor a vainilla tiñan el paisaje de un intenso color amarillo. Y entre tanto, encinas centenarias, bosquetes de enebros, robledales y también abedules, acebos, tejos, castaños… Un total de más de 600 especies y subespecies de plantas superiores que conviven con otras de matorral (jaras, romeros, cantuesos, retamas, torviscos…) y entre las que destacan por su cantidad y calidad, con ejemplares milenarios que aún pueblan sus laderas, los pinos en algunas de sus diferentes variedades, resinero, laricio y silvestre.
Sustento de otros tiempos
Ha sido el pino y la explotación de su resina el modo de vida tradicional para muchos de los habitantes de esta zona, aunque no en la actualidad. Todavía hoy si observamos con atención podemos hallar vestigios de lo que fue una antigua explotación del monte y que dio sustento a muchas familias de la zona durante mucho tiempo. A pesar de que hace ya lustros que dejaron de sangrarse los pinos, es posible encontrar todavía hoy potes de barro que hacían las veces de recipientes para colectar la resina y oblicuas cicatrices en las bases de los troncos por las que se extraía la resina de la que se obtenía la esencia de trementina o aguarrás. Si durante años la resina que se recogía en los montes se bajaba hasta el valle con ayuda de los mulos de carga, en la actualidad estos han sido sustituidos por caballos de paseo, continuando de un modo u otro la vinculación de la zona con el mundo del caballo y su relación con el modo de vida de sus habitantes. Antes, la explotación maderera; hoy, la explotación turística. Son muchas otras las actividades que aquí en el Valle de Iruelas se pueden realizar para cuando nos animemos a viajar para más de un día (la ya citada observación de avifauna es totalmente compatible con el paseo a caballo y para cuyo mayor disfrute conviene no olvidar unos buenos prismáticos; rutas en bicicleta; paseos en canoa…), y muchos los lugares que visitar (Ávila, ciudad Patrimonio de la Humanidad; el Castañar del Tiemblo, con un ejemplar de 16 metros de perímetro; los Toros de Guisando, cuatro grandes toros tallados en piedra berroqueña…). No obstante, el elemento natural que dota de personalidad propia a la Reserva Natural del Valle de Iruelas es su garganta que se forma en un lugar denominado Las Juntas.
Para contactar:
www.valledeiruelas.com