La última edición del Salón Internacional del Caballo, Sicab
2009, ha estado dedicada a Marruecos, el país vecino. Según
Ancce, organizadora del evento y, a la postre, anfitriona de la
fiesta ecuestre, España y el país alauí mantienen excelentes relaciones
internacionales que se han quedado plasmadas sobrela alfombra oriental de la jaima que la delegación marroquí instaló en el
interior del palacio de congresos de Sevilla. Desde luego, y permítanme
que me dirija simultáneamente al presidente de Ancce y al Rey de Marruecos,
ambos han hecho un soberano ridículo. ¿Cómo se puede sostener
esta teoría mientras en el aeropuerto de Lanzarote una activista saharaui
se muere lentamente de hambre por un concflicto que ambos
países no son capaces de desatascar? Pregunta que dejo en el aire...
Relaciones internacionales al margen, resulta oportuno hacer un
análisis del balance del XIX Sicab. Dos décadas deberían dar para mucho,
siempre y cuando el interés de la muestra monográfica sea el fomento
y la mejora de la raza española. No vamos a ser nosotros quienes
pongamos en cuestión el verdadero objetivo de Sicab pero hay incógnitas
que casi veinte años después siguen sin estar despejadas. Somos
muchos los que alguna vez hemos acompañado hasta el Salón del Caballo
a aficionados extranjeros que quedan fascinados por la magnitud de
la muestra pero desorientados por el significado del concurso. Vamos,
que no entienden muy bien porqué la belleza en el PRE no va de la mano
de sus resultados deportivos. Lógico. El caso es que los encargados
de gestionar la raza española huyen del ejemplo que para el Pura Raza
pueden suponer esquemas como el del caballo hannoveriano o el holandés,
por citar solo dos casos. Estos ejemplares centroeuropeos se
someten a duras pruebas de aptitudes físicas y reproductivas que prevalecen
sobre la prueba de morfología, es decir, al revés que en España.
No se entiende que un caballo sea bonito aunque no sepa moverse.
Para mí, el caballo bello es el que funciona. El problema es que nuestra
raza está más sujeta a criterios subjetivos que objetivos y esto es así
porque el sector quiere, también hay que decirlo. Existen buenos caballos
de Pura Raza Española que curiosamente no participan en certámenes
de belleza, un hecho sobre el que habría que meditar.Por otro lado, las competiciones que los gestores de la raza programan
para testar las aptitudes de los caballos españoles siguen sin contar
con el respeto deportivo. La Copa Ancce de Doma Clásica, de Doma
Vaquera, de Enganches o de Salto no está ni muchos menos a la altura
de las pruebas del MAPA o de un Campeonato de España, por ejemplo.
Pienso que habría que meditar sobre todo esto y aprovechar las
épocas de crisis y apatía económica para reforzar nuestro producto de
cara al panorama internacional. No hay que olvidar que el PRE, además
de ser una importante fuente de ingresos para nuestros ganaderos, es
también nuestro representante en el mundo. Y, ciertamente, es una pena
que los ejemplares españoles que viven fuera de nuestras fronteras
no puedan codearse con caballos deportistas de elite porque ser guapo
y ser listo es un maridaje imposible. No se olviden, el caballo bello es
aquel que funciona. Feliz año.Raquel BENJUMEDAraquel.benjumeda@eai.es