Desde hace la friolera de 40.000 años y con una posible ausencia a finales del Mesolítico y Neolítico, la presencia persistente en el arco cantábrico del equino del tipo solutrense (periodo del paleolítico superior que se desarrolló entre el año 20.000 y el 15.000 antes de Cristo) y su continuidad, por no decir casi su personalidad con los tipos actuales del llamado tronco celta de caballos cantábricos como el Asturcón, el Losino o la Jaca Navarra, está representada a la perfección por los restos arqueológicos.
Es por eso que desde tiempos inmemoriales el caballo en general y desde hace 40.000 años el equino Losino en particular ha sido una constante en la Península Ibérica, lugar que ha servido para modelarlo.
El Losino fue durante miles de años y hasta la domesticación (no antes del 3.500 antes de Cristo) el elemento más característico de la fauna silvestre de la comarca de Merindades, ubicada en la zona norte de la provincia de Burgos. Esta raza ocupó toda la comarca que con sus valles, sus no muy escarpadas montañas y su clima intermedio marcó la transición entre la meseta y la vertiente cantábrica, solapándose su área de distribución con la del poni vasco (Pottoka) en el límite entre ambas vertientes.
ProcedenciaEl origen del linaje Losino, fiel a las razas del norte de España, ha sido siempre considerado como un misterio irresoluble. Hay tantas tesis y teorías sobre su procedencia que es más que complejo aventurarse sobre cómo, cuándo y dónde se originó su descendencia. Hay autores, como Cabrera (1919), Skorowski (1974) y Nobis (1979), que sostienen que la raza Losina proviene de las emigraciones de diferentes pueblos del Norte, principalmente los celtas, que trajeron a España sus equinos ya domesticados, o bien por el cruzamiento entre subespecies salvajes que más tarde son domesticadas en suelo español. Para ellos su origen es polifilético. Por tanto, se puede decir que estos caballos son un legado del pueblo celta, allá por el 1.600 antes de Cristo. La aparente reaparición en el norte de España de los ponis cantábricos en forma más o menos coincidente con la llegada de las tribus celtas, originarias de las estepas euroasiáticas, estepas como Mongolia o Siberia que están pobladas por ponis con ciertas similitudes, ha proporcionado una gran lógica al hipotético origen celta de esta especie.
Lo que no debe asombrar a nadie es la certeza de que la comarca de Merindades es considerada como la cuna histórica del caballo Losino. De allí procede la primera referencia pictórica sobre estos animales. Por otro lado, hallazgos arqueológicos recientes, se puede citar como ejemplo el de Zatoya (Navarra), han demostrado que al menos en el norte de España, el caballo de tipo solutrense no se extinguió ni en el Mesolítico ni en el Neolítico. Esto supone que el Losino podría llevar aquí 40.000 años y que la semejanza de morfotipos con los equinos tan extraordinariamente plasmados en las cuevas españolas no responde al azar, sino sencillamente de la continuidad de la especie, con pocas modificaciones evolutivas diferenciadoras y con casi nulos aportes genéticos extraños.
Hay que señalar que la leve diferenciación del caballo Losino dentro del indudable tronco común de ponis cantabropirenaicos se habría originado por un ligero aporte de material genético ajeno, de caballos de la meseta o bien por evolución propia desde el tipo originario, adaptándose a las montañas más suaves que conforman su área histórica de distribución, lo cual parece muy probable teniendo en cuenta la mínima diferenciación morfotípica con el Pottoka y la continuidad e incluso solapamiento de sus áreas distributivas.
Aportación culturalEste animal, como el resto de ponis situados en la franja cantábrica de la península, sufrió invasiones bárbaras:
- la migración celta se produjo básicamente a pie. La población caballar que importó los celtas no debió ser demasiado numerosa; caballos de poca alzada y siluetas ortoides y entrantes que no influyeron en los conjuntos equinos y que quizás reforzaron el sentido elipométrico impuesto por el medio en la biotipología de las jacas cantábricas.
- la aportación de los fenicios brilló por su ausencia y los cartagineses nada afectaron al norte peninsular en este sentido, pues su caballería no pudo tener más efecto que afianzar el tipo ya existente en la zona sur.
- los romanos no eran demasiado aficionados a los equinos, salvo para las carreras del circo de Roma, así que preferían realizar sus viajes en mulo, cuya cría introdujeron y sus famosas legiones eran de infantería.
- respecto a las invasiones de suevos, vándalos y alanos y del pueblo árabe, posteriormente, como antes en el caso de los celtas, la pruebas existentes indican que se realizaron a base de infantería, siendo reducido el número de caballos que pudieran aportar, y en el caso de los árabes, tampoco hicieron importaciones posteriores primordiales, todo lo contrario, mimaron los existentes en el sur y exportaron maravillosos ejemplares.
Siglo XX: la decadencia
A principios del siglo XX se alcanza el mayor censo de yeguas losinas en el Valle de Losa, que se destinan en su mayor parte a la producción de híbridos, las cuales, a pesar de su menor alzada con relación a los de otras regiones, son muy solicitadas y pagadas a elevadas cantidades por su belleza y el enorme resultado que daban en las regiones a las que iban destinadas. La feria de Orduña y el mercado del tercer viernes de noviembre en Quincoces concentran la mayoría de las ventas de muletos al destete, mientras que los quincenos (esos que contaban con un año de edad recién cumplido) y treintenos, se venden principalmente en las ferias del primero de marzo y mayo en la localidad de Miranda de Ebro.
Entre los años 20 y 30 del siglo XX, en los Valles de Losa y Mena se empiezan a producir cruces con caballos bretones y, sobre todo, con caballos árabes, fruto de las primeras paradas de sementales enviadas por el Estado, obteniéndose unos elegantes y armónicos productos, perfectamente vendidos, por lo que se orientó la recría a la obtención de potros destinados al Ejército.
Entre los caballos de raza Árabe enviados por el Estado, destaca especialmente uno llamado ‘Alá’, que actuó dos o tres temporadas en la Junta de Oteo y del que se obtuvieron muchos y muy buenos ejemplares. Desde el Valle de Losa fue destinado a la yeguada de Córdoba y finalmente, a Jerez de la Frontera, en donde le fue ofrecido al Estado por una entidad extranjera la suma de 200.000 pesetas (1.200 euros), cantidad que seguramente no alcanzó ningún otro ejemplar en España en esa época.
De los felices años 20 se pasó a los terribles años 30, en los que, tras rechazar la Comisión de Compras del Ejército los abundantes productos obtenidos del cruce con el Árabe, el abultadísimo plantel de yeguas de ambos valles (1.450 yeguas en Losa hacia 1933) comenzó a cruzarse con pesadas razas como el Portier Bretón ligero o el poni de Gales.
El producto del cruce se define como unas yeguas losinas más altas y sólidas, pues mientras los sementales pesados aportaron alzada y corpulencia, la dotación genética de las yeguas losinas, más antigua y dominante, se imponía en el resto de características externas como la capa, el perfil fronto-nasal, la finura de las extremidades, la grupa derribada y no partida...
A pesar de la dominancia de los caracteres losinos, la insistencia en el cruce hubiera terminado borrándolos. Si esto no sucedió en esa época fue porque los productos obtenidos de los primeros cruces se emplearon masivamente en la producción mulatera, producto estrella de los afamados mercados de Quincoces y de las ferias vecinas (Miranda, Orduña, Medina), alcanzando yeguas y mulas merecida fama a nivel nacional. Especial demanda tuvieron en tierra de viñedos y en la huerta levantina, donde su ligero menor tamaño era más una ventaja que un inconveniente y, en cualquier caso, se compensaba ampliamente con su bello color negro y una rusticidad y dureza de época.
En los 60, la mecanización del campo determina un vertiginoso descenso de la demanda de ganado caballar y mular; los mercados de Quincoces pierden enjundia y el famoso tercer viernes de noviembre acaba pasando a los anales de la historia.
1984: punto de inflexión
El desarrollo económico y cultural de España trae consigo una enorme progresión de la conciencia conservacionista, dirigida tanto hacia la conservación de las especies y del medio ambiente como de las culturas tradicionales. La actitud conservacionista ya es compartida por toda la sociedad y exigida a las distintas administraciones.
Debido a esto surge a principio de los 80 en una pequeñita localidad del Valle de Losa la Asociación Cultural Peña Criales, que con grandes dosis de ilusión consigue organizar el primer sábado de agosto de 1984 el I Concurso Muestra del Caballo Losino, donde junto a las razas pesadas modernas se califica y premia con igual dotación a los ejemplares de la raza autóctona del Valle.
Distribución geográfica del LosinoDado que la mayor parte de los efectivos de la raza losina se ha mantenido en estado casi salvaje hasta el siglo XX, es bastante lógico que su área de dispersión haya variado poco desde que terminara la última glaciación (11.000 años antes de Cristo). Los ecosistemas del norte de España alcanzaron su formato general actual.
Si durante la glaciación los equinos del incorrectamente llamado tronco celta ocupaban todo el norte de España junto a otros tipos de caballos y, probablemente, también parte de la meseta hasta donde alcanzaba el ecosistema estepario y daba comienzo el bosque, el desplazamiento del casquete glacial europeo hacia el norte provocó el alejamiento en el mismo sentido de la estepa y de su fauna asociada. Por esa razón desaparecen los caballos antecesores de las actuales razas pesadas y ninguna de ellas será española, razón también por la que durante mucho tiempo se dio por cierta la desaparición de nuestros ponis de las montañas del norte peninsular. Pero no desaparecieron, sino que se adaptaron al nuevo tapiz boscoso de las montañas españolas, distribuyéndose cada raza de una manera que permanecería invariable hasta principios del siglo XX, ocupando la raza o tipo losino la comarca que conforman las montañas del norte de Burgos, lo que hoy en día se denomina Merindades, y las zonas montañosas limítrofes de Palencia, Santander Vizcaya y Álava.
Direcciones de interésAsociación Española de Criadores del Caballo Losino
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