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Última actualización 29/09/2009@09:48:19 GMT+1
El Eurotúnel no sirve de vía de comunicación para llegar a una de las últimas paradas por las principales cuadras europeas que mes a mes entrega Trofeo Caballo en su nueva colección de DVD’s. Y qué mejor que escribir el punto y final en uno de los rincones ecuestres más antiguos del planeta
Texto y fotos: Carlos NÚÑEZ
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LA YEGUADA MILITAR
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Abandonamos Alemania y después de pasar los Países Bajos y pernoctar en la ciudad belga de Brujas, donde repusimos fuerza, nos dirigimos al Paso de Calais para tomar el Eurotúnel que nos lleva a Gran Bretaña, país donde el caballo es algo más, es patria de los caballos más cotizados del planeta, la aristocracia del caballo, esa que a través del turf mueve cantidades ingentes de dinero y hace que sus ejemplares alcancen los precios más altos que se pueden pagar por un caballo.
Entramos en Gran Bretaña por la legendaria ciudad de Dover, el mayor puerto de Inglaterra, distante del continente europeo a unos 34 kilómetros, que son los que la separan de la ciudad francesa de Calais, famosa por sus acantilados blancos, llamados por los ingleses Albión.
Subimos la autopista que la comunica con la City, nos encontramos en el condado de Kent, el llamado granero de Inglaterra. El paisaje ha cambiado diametralmente al del continente. Los campos aún están verdes y los trigos lucen lustrosos con sus espigas al viento con ese tono verdoso que indican su estado de inmadurez.
Giramos por la autopista que nos traslada al oeste de la isla y tomamos la dirección de la población de Newmarket, centro operativo del Pura Sangre Inglés, ciudad que alberga en sus contornos las mayores fincas criadoras de este bello animal.
Imperio Romano
Newmarket está ligada a las carreras de caballos desde que la reina Boadicea se atrevía a poner a prueba la velocidad y resistencia de los caballos del poderoso imperio romano. Pero las carreras empiezan a tener importancia en la región con el Rey Guillermo I, gran aficionado a la caza, quien puso de moda esta zona y sus caballos. Trasladaba toda su corte desde Londres para disfrutar de su pasatiempo favorito. Los primeros documentos sobre carreras datan de 1622 y se cree que fue el monarca Carlos I quien las comenzó. Después de la restauración monárquica, tras el periodo republicano comandado por Oliver Cronwell, sube al trono Carlos II, monarca que no dudaba en trasladar la corte en otoños y primaveras y participar el mismo en carreras con los caballos de otros nobles.
La ciudad parece aparentemente una localidad más de 10.000 habitantes, pero cuando uno penetra en el corazón de la misma, percibe la importancia del purasangre y de las carreras de caballos. La ciudad nos recibe con una gran estatua que preside la rotonda de entrada, donde se puede ver un preparador conduciendo un bello purasangre.
Dos hipódromos
Newmarket cuenta con dos hipódromos, el Rowley y el de Julio, llamándose así por ser la pista de verano. En el Rowley, que debe su nombre a un caballo del monarca Carlos II, se corre la famosa St. James 2000 Guineas, carrera para potros y potras de tres años con una dotación de 350.000 libras y que tiene la particularidad de desarrollarse en línea recta, situándose los cajones en el centro de la pista para que ninguno de los caballos se beneficie de la colocación de los mismos, la carrera termina en una pendiente, lo que obliga a los animales a tener velocidad, fondo y fuerza.
Newmarket posee también el mayor centro de subastas del país y también el más antiguo. Fue fundado en 1766, como así lo acredita una piedra con la inscripción de la fecha, y por el famoso Tattersalls de Newmarket pasan cada año los más prometedores ejemplares del turf nacional e internacional.
Paraíso equino
La ciudad de Newmarket, en el condado de Suffolk, es un verdadero paraíso para los caballos. Tiene 2.500 hectáreas de bosque, 40 kilómetros de pista de césped, 17 millas para galopar, 30 kilómetros de tráfico libre para caballos y una piscina pública equina.
La ciudad está atravesada por Hight Street, verdadero centro vertebrador de la ciudad. En esta calle se encuentran los mejores restaurantes, las tiendas de moda y el famoso Jockey Club presidido por la estatua del caballo ‘Hyperión’. El club fue fundado en 1750 por un grupo de caballeros unidos por la pasión de las carreras de caballos. El Jockey Club asumió la responsabilidad de ser el órgano rector oficial para participar y regular las carreras. Esta responsabilidad pasó en años venideros a otros organismos dejando vía libre al Jockey Club para sus actividades empresariales.
El Jockey Club controla los hipódromos más importantes, entre ellos Antree, donde se celebra el Grand Nacional. Es propietario de 4.500 acres de tierra en Newmarket, controla la TV Turf, que posee los derechos de las imágenes de las carreras. Es uno de los dueños del Nacional Stud y además tiene un órgano llamado Racing Bienestar, que se dedica a ayudar a las 60.000 personas que trabajan en el purasangre, ayudándole en caso de lesiones, en la jubilación y en la educación de sus hijo. Cuenta con dos sedes, una en Londres y otra en Newmarket, esta última ocupa un bonito edificio de estilo clásico rural inglés con un amplio jardín que puede ser alquilado como hotel de lujo para bodas o congresos y reuniones, e incluso pernoctar en alguna de sus habitaciones.
A muy pocos metro se encuentra el museo del Jockey, donde uno puede repasar la historia de las carreras de caballos desde su comienzo hasta nuestros días.
En Newmarket y sus alrededores están establecidas las yeguadas más importantes, entre ellas la Godolphin, de la familia Al Maktoum.
Chevinton Stud
Nuestra visita se detuvo en la Chevinton Stud, propiedad del empresario español Felipe Hinojosa. La finca es la típica finca de la zona con unos prados de césped y pradera con un clima muy benévolo en verano, pues hay que tener en cuenta que el purasangre es un caballo que no soporta el calor.
Felipe nos va enseñando la finca. Esta está dividida en prados de distinto tamaño que se utilizan según las necesidades. En uno de ellos observamos las yeguas que aún no han parido o no se han quedado preñadas. En el purasangre, las yeguas se tienen que preñar de forma natural, y para ello hay en la finca una sala para los saltos, perfectamente recubierta sus paredes de material blando, el suelo cubierto como si de la cama de un box se tratara, para que los animales no sufran daño alguno en las articulaciones y unas ventanas vigilan desde fuera a los animales.
Para que las yeguas den a luz a los potros, las instalaciones cuentan con unas amplias parideras con focos infrarrojos para mantener el calor y vigiladas por un circuito interno de televisión. En otra parte de la finca se encuentra la cuadra de los sementales presidida por una pequeña torre. El suelo de los pasillos estaban provistos de un suelo de goma para que no sufran las articulaciones de tan valiosos animales. En otra parte de la finca existía una gran pista que rodeaba a los prados, donde se entrenaban los caballos.
Una bonita edificación de una sola planta son las oficinas de la yeguada. En Chevington Stud, aparte de los caballos de sus propietarios, hay caballos de otras yeguadas que permanecen allí para ser cubiertos por los sementales de la casa.
Volviendo a Newmarket, en Higt Street, se encuentra el Rutlands Arms, antigua residencia del rey Carlos II, hoy convertido en hotel. En el otro lado de la calle se encuentran los típicos pub inglés con imágenes y decoración de carreras de caballos, una gran pantalla con imágenes de carreras de medio mundo, en uno de sus lados se encuentra la típica casa de apuestas.
Terminada Hight Street, se encuentra la Torre del Reloj, que cuando marca las seis de la mañana los caballos empiezan a salir de las cuadras de los preparadores que se distribuyen por toda la ciudad y comienzan a dirigirse a The Hill (La Colina), inmensa pista de galope cuesta arriba donde más de 600 purasangres entrenan cada mañana. Los caballos se distinguen de una cuadra a otra por las mantas y la chaqueta de los jockeys. Los preparadores y propietarios contemplan con su prismáticos la evolución de sus pupilos.
Cuando el reloj marca las once de la mañana, La Colina se llena de perros y se convierten en un gran parque donde los habitantes pueden disfrutar de la naturaleza. Mañana, a las seis de la mañana, la colina volverá a oír el ruido de los cascos de los purasangre, verdadera alma de la ciudad.