Hemeroteca :: 01/09/2009
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Opinión/Editorial
Última actualización 26/08/2009@13:04:14 GMT+1
Con la llegada del calor lo hace también un amplio abanico de molestias para el caballo, por ello conviene extremar los cuidados que habitualmente le dedicamos. Entre todos, quizá la presencia del gran batallón de insectos que sale de su letargo en esta época. Moscas, mosquitos, tábanos, garrapatas... Existe un amplio catálogo de productos más o menos eficaces que ayudan a mitigar las desagradables picaduras en la delicada piel de los equinos, que unidas al calor y al alto riesgo de deshidratación pueden llegar a ocasionar un serio estado de estrés en el animal.

En este número de Trofeo Caballo que el lector tiene en sus manos, dedicamos un amplio reportaje a los perjuicios ocasionados
por estos visitantes voladores. Nuestros colaboradores Luis Alonso y
Laura Águeda han desarrollado de manera brillante un tema que preocupa a ganaderos y jinetes, especialmente en esta época del año. El primer riesgo cierto es aquel que deviene de la irritación que provoca en el caballo la presencia de estos molestos e indeseados visitantes: su comportamiento se puede ver modificado, y el caballo puede reaccionar de un modo poco dócil e incluso provocar algún accidente. Una vez más, la prevención se convierte en la mejor herramienta de prevención y para ello contamos con productos específicos que repelen los insectos, así como unas normas y rutinas higiénicas básicas que se han de extremar y hacer más intensivas en estos meses de calor. Así pues, en nuestra mano está hacer frente al ataque de los insectos; en caso necesario y si la picadura ha derivado en herida o enfermedad se suministrará un medicamento específico en función de la dolencia.

De este modo, conviene seguir unas pautas de comportamiento a fin de reducir los desagradables efectos de los picotazos de insectos, normas que pueden ser las que enumeramos en el reportaje siguiente. Evitar montar en las horas de más calor; reforzar las medidas de higiene del caballo y la limpieza de las instalaciones; usar, aconsejados siempre por un veterinario, los productos profilácticos más adecuados en virtud del animal y sus condiciones de vida...

Tampoco conviene olvidar las pautas que se han ido heredando de generación en generación. Además de los productos veterinarios, que hay que decir que cada vez son más y mejores, lo mejor es escuchar los consejos populares que ayudan a ahuyentar a los insectos por su olor fuerte y penetrante; aunque, eso sí, quizá resulte algo desagradable también para el jinete.
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