Hemeroteca :: 01/08/2009
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Última actualización 23/07/2009@09:53:43 GMT+1
Con la llegada del verano, e incluso con los primeros calores propios de la primavera, estos molestos e indeseados visitantes comienzan a proliferar y se convierten en un verdadero fastidio para las cabalgaduras y, cómo no, para los jinetes que las montan

Texto: Laura ÁGUEDA
Fotos: Luis ALONSO
El primer riesgo cierto es aquel que deviene de la irritación que provoca en el caballo la presencia de los insectos: su comportamiento se puede ver modificado y el caballo puede reaccionar de un modo poco dócil e, incluso, provocar algún accidente. Pero más allá de lo incómodo y desagradable de tener que andar a manotazos para librarnos de los indeseables pero omnipresentes tábanos, moscas, mosquitos… y tomando las precauciones necesarias para evitar una caída, existe otro riesgo, el que las picaduras de estos y otros bichitos devengan en verdaderos problemas de salud, convirtiendo una mera herida en una infección peligrosa; autolesionándose el caballo al tratar de calmar la desazón provocada por la picadura; disminuyendo el apetito y agravando así cualquier otro problema de salud; transmitiendo virus… Sin duda, como en muchas otras ocasiones, la prevención sea quizá la mejor de las defensas: productos específicos que repelan los insectos, y unas normas y rutinas higiénicas básicas que se han de extremar y hacer más intensivas en estos meses de riesgo son las mejores medidas de protección frente al ataque de los insectos. En caso necesario y si la picadura ha derivado en herida o enfermedad, se suministrará un medicamento específico en función de la dolencia.

LOS DÍPTEROS
Quizá los insectos más molestos y sin duda los más frecuentes y por ende los más nocivos sean los dípteros, aquellos insectos que se caracterizan por poseer solo dos alas y no cuatro como el resto de los insectos -las alas posteriores se han transformado en dos especies de balancines que les permiten volar de modo muy rápido y eficaz-, y entre ellos se encuentran los archiconocidos y omnipresentes moscas, mosquitos y tábanos.

De los tres dípteros mencionados es el tábano el de mayor tamaño, entre 10 y 25 mm. Y sin duda su picadura es la más dolorosa, tanto que cuenta la leyenda popular que la picadura sincronizada de varios tábanos podría llegar a enloquecer a un caballo -quizá no sea para tanto; pero cuando la sabiduría popular así lo refiere, algo de cierto habrá tras tal afirmación-. Solo la hembra es hematófaga, es decir que se alimenta de sangre, y en virtud de ello presenta un aparato bucal más fuerte que el macho, que se alimenta del néctar de las flores, y lo suficientemente fuerte como para atravesar sin problemas la piel de los caballos. Sus hábitos son diurnos y frecuentan las zonas húmedas, en especial zonas de penumbra próximas a manantiales y corrientes de agua. Pero además de lo doloroso y molesto de la picadura del tábano, conviene saber que a través de la picadura se puede inocular entre otros el virus de la anemia infecciosa equina, enfermedad que provoca una disminución progresiva del número de glóbulos rojos y que puede ser especialmente peligrosa en los potros.

Al parecer, los tábanos en su búsqueda de alimento se orientan por siluetas y colores, prefiriendo las personas vestidas con ropa oscura y los animales de capa igualmente oscura. Por ello y aunque resulte obvio, evitar las zonas mencionadas como las preferidas por los tábanos y vestir ropas claras podrían ser dos medidas preventivas que quizá alivien en parte el fastidio de las molestias provocadas por estos bichitos en nuestros caballos y en nosotros mismos.

Las moscas y los mosquitos con su zumbido y su vuelo insistente en torno al caballo pueden alterarlo y ponerlo realmente nervioso. El único mecanismo de defensa del animal, además del que nosotros le podamos proporcionar, es su propio cuerpo que en ocasiones se convierte en un auténtico baile de San Vito: hacen temblar sus músculos para hacer vibrar su piel; tratan de morder allí donde se posan los insectos y su cabeza alcanza; su cola se convierte en un eficaz aliado para espantar a los molestos e insistentes visitantes, a lo que también colaboran sus patas y sus manos. Moscas y mosquitos sienten debilidad por las orejas, los ojos, el hocico así como por las zonas sudadas y por cualquier herida abierta presente en el cuerpo del caballo. Por esta razón, debemos extremar el cuidado de las heridas especialmente en los meses de calor: limpieza exhaustiva y tratamiento con algún antiséptico y polvos cicatrizantes. La limpieza, que debe hacerse desde el centro y hacia a periferia, ha de ser lo más completa posible, siendo preferible provocar un poco de sangrado antes que dejar restos de suciedad que puedan provocar infecciones y retardarán en cualquier caso la cicatrización.

Moscas, mosquitos y tábanos, dado su comportamiento hematófogo, se convierten en peligrosos vectores biológicos, es decir, en organismos que transmiten un agente infeccioso o infectante.
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