Veterinaria
Veterinaria alternativa
Última actualización 28/05/2009@11:21:04 GMT+1
A pesar de que ya se cumplen seis años de que el manejo natural del caballo llegó a España, se sigue teniendo una idea incompleta o sesgada de su esencia. Seguramente es mi culpa, lo reconozco, pues creo que debo esforzarme por mostrar el sistema con más ahínco. Y si eso ocurre en un país como España, donde paso más de cuatro meses al año, ya imagino lo que ocurre en tantos otros países que visito esporádicamente o en los que no he tenido la suerte de visitar.
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Generalmente se piensa que el MNC es una herramienta útil para iniciar caballos que nunca se han montado y lo es en verdad, pero en realidad es mucho más que eso. El MNC sobrepasa los límites de un simple método para adquirir la dimensión de un sistema. Es más que un procedimiento, más que una serie de pasos o de ejercicios que deben aplicarse mecánicamente para conseguir un fin determinado.
El MNC es la forma de lograr que el caballo haga por su voluntad lo que no está dispuesto a hacer. Para conseguirlo se requiere mucho más que una lista de pasos en forma de receta, se requiere convencerlo, y para ello empleamos el conductismo tomando en cuenta la etología particular del caballo y del humano.
Como sistema, el MNC nos da la oportunidad de relacionarnos adecuadamente con caballos de cualquier raza, edad, sexo, disciplina ecuestre y nivel de rendimiento. Pero su universalidad también permite interactuar con ellos con finalidades no deportivas o productivas sino como parte de las atenciones que podemos ofrecerles los humanos. Me estoy refiriendo a actividades como la medicina veterinaria y el herrado.
Esto es posible gracias al pleno dominio que nos permite el sistema sobre los tres grandes procesos que se requieren para lograr cualquier objetivo con los caballos en los que esté involucrada su voluntad y que son:
1.- Liderazgo
2.- Insensibilización
3.- Aprendizaje
Liderazgo
Cualquier aproximación a un caballo cerril (no domado) o que guarde experiencias negativas en su relación con el hombre, exige primero que se pongan en marcha los mecanismos de insensibilización. Tanto el natural del caballo como el procedimiento que nosotros empleamos con la finalidad de que no se dispare el mecanismo de supervivencia con el que la naturaleza lo dotó induciéndolo a huir. Si esto no se consigue es imposible acercarnos o palparlo en todo el cuerpo y mucho menos examinar sus partes externas, sus heridas, áreas con dolencias, signos vitales, orificios, órganos internos, etc.
El procedimiento tradicional para evitar la huida se caracteriza por emplear medidas coercitivas sujetándolo o encajonándolo, buscando su inmovilidad mediante la que se le incapacita para ejercer cualquier recurso de resistencia.
Está claro que este procedimiento pone en riesgo la integridad física del caballo y de los humanos que lo manipulan, pues normalmente hay reacciones violentas muy difíciles de controlar.
No debemos confundir este recurso restrictivo tradicional sostenido, que se usa para manipular al caballo, con el control de huida que el MNC emplea para establecer el liderazgo. El primero inmoviliza para proceder durante la inmovilidad, mientras que el segundo evita la huida devolviendo al instante la libertad para que el caballo tome nuevamente sus decisiones.
Mediante el procedimiento de insensibilización que empleamos en el MNC, primero conseguimos su tolerancia a nuestra presencia, luego a nuestro tacto y finalmente a la acción de los instrumentos que tenemos que emplear para cumplir con nuestra labor. Puede ser un procedimiento lento la primera vez pero muy efectivo y definitivo, pues perdura mientras el caballo no vuelva a sufrir una experiencia atemorizante nueva que relacione con el manejador/jinete. Una vez concluido permitirá siempre las acciones a las que se ha insensibilizado.
Insensibilización
La insensibilización tiene dos vertientes, la que actúa sobre el temor y la que lo hace sobre el dolor y esto significa que hay que insensibilizarlo a ambas cosas. Empleando el MNC todos los caballos son capaces de superar cualquier temor por grande que este sea. Lo prueban los cientos, tal vez miles de caballos que sin excepción lo han logrado. Como reflexión complementaria diré que no habría sido posible utilizar caballos para actividades tan intimidantes como la guerra o las labores policiacas sin haberlos insensibilizado apropiadamente.
Pero si eliminando el temor tenemos éxito completo siempre, con el dolor no, pues existen términos marcados por el umbral de tolerancia de los equinos que es muy bajo. De cualquier forma, es importante y necesario ampliarlo para postergar lo más posible su límite, pues del dolor se deriva el temor y de este, la huida.
Pero si no podemos esperar a que el caballo permita ser castrado o suturado sin emplear algún tipo de tranquilizante o anestésico, sí en cambio podemos lograr que cualquier caballo o yegua puede aceptar tranquilamente ser sondeado, herrado, examinado en todos sus orificios, inyectado, palpado o tusado sin inmutarse. Y cuando digo cualquier caballo, me refiero a todos, incluso a aquellos que han acumulado experiencias negativas.
Claro está, si necesitamos ir más allá de ese límite “razonable” hay que tranquilizar o anestesiar, pero nunca sujetar mediante ataduras, aciales, mangas o cajones. Tampoco cometamos el error de mandar destruir mangas y cajones, pues son útiles si no son empleados como cámaras de tortura sujetando al caballo a toda costa y sí en cambio para delimitar gentilmente el área en la que debe estar confinado temporalmente.
Comentaba líneas arriba que hay dos formas naturales de insensibilización: una perteneciente al caballo y otra relativa al manejador/jinete que emplea el MNC.
La forma natural de los equinos para insensibilizarse se basa en la curiosidad. Es el recurso mediante el cual la naturaleza contrarresta el temor para lograr que el caballo tenga tiempo de descansar, comer, procrear y jugar sin sentirse amenazado. Siempre que el caballo manifieste interés con inquietud en alguna cosa, es que requiere explorarla para convencerse de que no está ante alguna amenaza.
Generalmente, los vemos primero aproximando su nariz, analizando con los ojos y manteniendo sus orejas orientadas al objeto que lo asusta, para después tocarlo con los labios, la lengua o manoteando para descubrir su naturaleza.
Mucha gente tradicional aprovecha ese momento para arrearlo, ya sea para que cruce un arrollo, para que se aproxime a una máquina o para que suba al remolque. Ese es el mayor error que se puede cometer relacionado con la insensibilización y el miedo, pues este se incrementa. Ya Jenofonte decía hace más de 2300 años que azuzar a un caballo cuando está ante una fuente de temor solo lo incrementa, además que lo relaciona con ella y se lo atribuye.
No es necesario decir que justamente en eso consiste el procedimiento tradicional que se emplea para conseguir que los caballos crucen los arroyos, se acerquen a los objetos que los asustan o suban a los remolques, entre muchas cosas más. Por desgracia, estos modos suelen dar resultado y por ello se siguen usando considerándolos como apropiados, sin mirar que la mayoría de las veces si el caballo hace lo que el humano quiere, es porque el temor a este es mayor que el que le inspira la fuente original del miedo.
Procedimiento gradual
El procedimiento del MNC, llamado Gradual por Aproximación y Repliegue, consiste en someter al caballo al estímulo que lo atemoriza (un troncón en el campo, por ejemplo) pidiéndole que se acerque a él. Ejercemos una presión moderada que le hace saber que su líder (en otra ocasión abordaré este tema) le está pidiendo algo que posiblemente no esté dispuesto a aceptar y menos si se rebasa cierto límite que fija el propio caballo. Pero en lugar de incrementar la presión como lo indicaría el procedimiento tradicional, el manejador/jinete debe apartar al caballo del objeto justo antes que el caballo tome esa decisión por sí mismo.
Haciendo esto correctamente, el humano está ejerciendo un liderazgo adecuado, efectivo y verdadero desde el punto de vista del caballo, pues se siente comprendido y protegido en lugar de ser acosado y obligado a acercarse. Pero aún no se ha logrado el objetivo, así que hay que volver hacia la fuente de temor. Como consecuencia de la buena ejecución del primer intento obtenemos un incremento en la confianza en el humano y, por lo tanto, en su liderazgo, que le permite al caballo aproximarse un milímetro, un metro, o diez más. Pero vuelve a fijar un límite ante el cual la confianza y el liderazgo no son suficientes. Se requiere de una nueva acción protectora del líder que debe volver a retirarlo.
Efectuando este procedimiento durante las repeticiones que fueran necesarias, el caballo llegará a una corta distancia en la que comenzará a operar su insensibilización natural mediante la curiosidad. Entonces el papel del humano será dejar que la naturaleza opere para conseguir que el caballo termine por insensibilizarse a sí mismo cuando se convenza de que no corre ningún peligro.
La consecuencia de este procedimiento es la pérdida del temor, el fortalecimiento de la confianza en el líder comprensivo y protector, y el aprendizaje de haber superado el temor a ese objeto o acción en particular.
El procedimiento de Insensibilización Gradual por Aproximación y Repliegue se aplica en cualquier caso y siempre da resultado, solo que no se puede saber cuántas repeticiones serán necesarias ni el tiempo que tomará; eso depende del temor del caballo y de su personalidad.
El mismo procedimiento se sigue para lograr manipular un área herida, adolorida o con temor de ser tocada como los pies o la boca, por ejemplo. Y consiste en deslizar la mano sin perder contacto con la piel del caballo partiendo de un área que ya puede ser palpada, generalmente el hombro o la cruz.
Sí, para la mente directa esto es un contrasentido o al menos una pérdida de tiempo, pues está pensando en el objetivo final que es la boca y no en el camino que hay que recorrer ni en el procedimiento apropiado para llegar a ella sin que el caballo se oponga.
Si debe manipular la boca va a la boca, no se le ocurre partir de un punto distante como es la cruz para poder llegar a ella. Sin embargo, para la mente lateral y global del caballo, una actitud directa es demasiado agresiva que lo hace sentirse acosado por un depredador y por lo tanto huye o se defiende si no puede hacerlo.
Esta parte, altamente cargada de etología a pesar de la simpleza de la explicación, es la clave que nos indica que la actitud natural humana choca de frente con la actitud natural equina. Una de las dos debe cambiar si queremos que el caballo acepte por su voluntad las decisiones del humano.